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Faltante de verduras y frutas
9 de junio de 2022
Desde la Asociación Frutihortícola de Productores y Afines de General Pueyrredon advirtieron que se cortó la cadena de distribución nacional, debido a la falta de gasoil en todo el país.
En lo que hace a economía regional, más precisamente al sector frutihortícola, la preocupación de los productores se centra en la imposibilidad de recibir ni poder enviar mercadería a las provincias de noroeste. Además se especula que «por lo poco producto que quede circulando “tendrá una suba de precios por la oferta y la demanda”.
Sobre el sombrío panorama, el presidente de la Asociación Frutihortícola de Productores y Afines de General Pueyrredón, Ricardo Velimirovich en declaraciones al portal elmarplatense.com sentenció que “tenemos dos problemas uno es el de preparación del suelo que claramente aún no es tan grave porque recién empezamos, pero la situación de combustible lo empeoró mucho. Respecto a lo comercial, aquellos camiones que venían del norte para traer mercadería a Mar del Plata y que además llevan nuestra mercadería hacia allí no pueden venir. En un principio era tolerable porque acá teníamos combustible, pero hoy no tenemos y hace que esos camiones queden en el mercado central de Buenos Aires”.
Por otra parte, el productor adelantó que la poca mercadería que circula en el mercado “tendrá una suba de precios por la oferta y la demanda. Nuestra mercadería es perecedera y va a durar poco tiempo en los mercados. La semana pasado nos garantizaron que en Mar del Plata no íbamos a tener ningún problema de falta de combustible y por esto creemos que si esto se dilata en el tiempo puede traer aparejado problemas para nuestra temporada”, concluyó.
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Papa: caída del 12% de la superficie de siembra
Según el relevamiento satelital realizado anualmente por el INTA, la campaña de produccción de papa 2025/2026 muestra una caída del 12 % en la superficie implantada, pasando de 38.177 hectáreas del año anterior a 33.722 hectáreas en la actualidad. Este recorte es visto con optimismo por la Federación Nacional de Productores de Papa, ya que se busca evitar el desastre de precios del ciclo previo.
La última convocatoria, durante la Fiesta Nacional de la Papa vecelebrada en la ciudad de Nicanor Otamendi, volvió a convertirse en punto de encuentro nacional de los productores para analizar el presente y proyectar el futuro del sector. La reunión estuvo encabezada por el presidente de la Federación Nacional de Productores de Papa (FENAPP), Alfredo Pereyra, junto a José Linares, Miguel Campetella y Mario Raiteri ( Coninagro), vicepresidentes de la entidad, y el director Juan Manuel Ferreiro.
“Tenemos el informe satelital de la siembra del sudeste bonaerense y nos da 5.000 hectáreas menos. Eso es muy bueno. Uno pensaría: ‘¿Cómo? ¿Sembraron menos y están contentos?’. Bueno, hacía falta que sembráramos menos y que tengamos menos papa, porque venimos de un año realmente desastroso de precios, con un exceso de papa que no se consumió y se tuvo que tirar”, explicó Pereira al especializado en periodismo agropecuario Guillermo Rueda.
El comportamiento regional no ha sido uniforme, destacándose importantes caídas en los principales partidos productores:
—General Pueyrredón: lideró la baja con un —19 %.
—General Alvarado: reducción del 17 %.
—Balcarce: caída del 16 %.
—Tandil y Benito Juárez: bajaron un 14 % y 13 %, respectivamente.
—Necochea: fue la gran excepción, con un crecimiento del 32 %.

A la menor superficie se le suma un escenario climático adverso. Las papas tempranas sufrieron excesos de agua por grandes lluvias, lo que mermó la producción, mientras que las papas intermedias y de época tuvieron dificultades en la siembra por el mismo motivo.
Por su parte, las papas tardías, sembradas fuera de término, han tenido ciclos muy cortos, lo que anticipa rendimientos menores. Esta combinación de menor área y menores rindes refuerza la expectativa de alcanzar buenos precios durante el año debido a la menor oferta total.
El frente internacional
A pesar del optimismo por los precios locales, el sector enfrenta una presión constante por el alza de costos. Se advierte la preocupación.
“Nos está complicando mucho. No sabemos cuándo va a terminar esto, porque mientras continúe la guerra en Medio Oriente van a seguir los aumentos de combustible, de agroquímicos y de fletes”, señaló.
“Hoy estamos vendiendo con precios que están ahí, al borde, y no tenemos valores de fertilizantes. Uno quiere comprar y no hay. Los combustibles ya aumentaron un 10 %. Realmente estamos complicados”, aseguró Pereira.
En el plano internacional, la situación es preocupante para la industria de la papa prefrita:
—Caída de exportaciones: las ventas a Brasil, el principal comprador, cayeron un 50 %.
—Competencia global: Europa está inundando los mercados con precios bajos debido al ingreso de producción de China, India, Marruecos y Sudáfrica, lo que resta competitividad al producto argentino.
El sector apuesta a un cambio profundo en su lógica productiva. “El papero está al tope mundial en tecnología. La usamos cada vez más y ayuda muchísimo”, dijo.
“Pero tenemos que ayudarla no sembrando más, sino sembrando mejor: gastar menos y recuperar más”, amplió Pereira.
La intención es producir basándose en la papa ya contratada o con venta asegurada, similar a cualquier otra industria manufacturera.
Para lograr este orden, el sector se apoya en dos pilares:
—Tecnología de vanguardia: la Argentina se mantiene al tope mundial en el uso de tecnología aplicada al cultivo.
—Información estratégica: se está firmando un convenio con el INTA para extender el relevamiento satelital a todo el país, permitiendo conocer con precisión la superficie y ajustarla al consumo real.

El año 2026 se perfila como bisagra. El mensaje que atraviesa a toda la cadena productiva del sudeste bonaerense es el de la eficiencia: producir menos cantidad para producir con mejor calidad y rentabilidad.
Como sea, el diagnóstico es claro: la actividad no puede sostenerse sin cambios de estrategia. “Necesitamos compromiso, participación activa y una voz fuerte desde todas las regiones para que el Estado atienda nuestra situación”, dijo Pereyra.
El titular de la entidad añadió que la papa es un alimento esencial en la mesa de los argentinos. “Nuestro objetivo es garantizar el abastecimiento sin que la actividad quede sumergida en pérdidas que, hoy, ponen en jaque a muchos productores”, sostuvo.
En el resto del país
La Argentina posee condiciones agroclimáticas que posibilitan el desarrollo del cultivo de papa en varias regiones y en distintas épocas del año.
Las principales regiones productoras de papa, según la superficie cultivada en 2019/20, son: Buenos Aires, 55 %; Córdoba-San Luis, 28,8 %; Tucumán, 7,7 %; Mendoza, 5,3 %; Jujuy-Salta, 1,7 % y Santa Fe, 1,2 %. El resto de la superficie la generan San Juan, Chubut y Río Negro.
Las principales zonas productoras de papa tienen diferentes épocas de plantación y comercialización. La plantación temprana se realiza en los meses de junio/julio para ser comercializada en octubre/noviembre (temporada invierno-primaveral).
Las principales provincias productoras son Tucumán (papa primicia de mayo-junio), Salta, Jujuy, Corrientes y Misiones. Estas zonas presentan alto riesgo de heladas, por lo que suele cosecharse anticipadamente llegando a estar aún inmaduros los tubérculos.
Las altas temperatura a cosecha impiden conservarlos a campo, por lo que se tiene que vender inmediatamente. En los meses de junio/julio se realiza la plantación semi-temprana, que se comercializa en los meses de octubre a diciembre. Generalmente se cultiva en los mismos lotes que la papa tardía. Las provincias productoras son el norte de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Tucumán.
La plantación semi-tardía ocurre en los meses de octubre/noviembre, y abastece el mercado por un período prolongado de meses (enero-octubre). Las regiones/provincias productoras son sudeste de Buenos Aires, Mendoza, Río Negro y Chubut.
La plantación tardía ocurre en febrero para abastecer el mercado de junio a noviembre. Su producción compite con la del SE de la provincia de Buenos Aires.
Junto con la papa semi-temprana abastecen el mercado casi todo el año y obtienen los mejores precios por la excelente presentación comercial. Las provincias productoras son Córdoba, Mendoza y Santa Fe.
Las variedades del país
El 90 % de la superficie para consumo en fresco que se cultiva en el país pertenece a la variedad Spunta de origen holandés, que se destaca por tener cualidades comerciales y rendimientos elevados pero escaso aporte nutricional.
Sin embargo, esta variedad no cumple con los requerimientos solicitados por la industria, tales como materia seca, mejor color de fritura y textura de puré. Existen —además— variedades provenientes de otros países, conocidas y cultivadas en el país desde hace mucho tiempo, que se destacan también por sus altos rendimientos y cualidades culinarias.
Entre las variedades que se utilizan para la industria se encuentra Innovator, de tubérculos alargados de piel reticulada y carne amarilla clara. Esta variedad abastece la industria de papas fritas en bastones. Sin embargo, lentamente está siendo aceptada por un sector de los consumidores que reconocen su calidad culinaria.
Otras variedades con finalidad industrial son Daisy (Francia), Asterix (Holanda), Daifla (Francia), Russet Burbank (Estados Unidos) y Sagitta (Países Bajos), que es una variedad doble propósito. La variedad más utilizada para la producción de papa frita en rodajas es Atlantic (Estados Unidos).
En el registro de nacional de cultivares y de la propiedad del Instituto Nacional de Semillas (Inase) figuran nuevas variedades desarrolladas (inscriptas año 2019), como la llevada a cabo por el INTA y la Universidad Nacional de Mar del Plata.
La papa (Solanum Tuberosum), conocida con el nombre común papa o patata, es una planta herbácea, tuberosa, perenne a través de sus tubérculos y caducifolia perdiendo sus hojas y tallos aéreos en la estación fría.
Es una planta originaria de la región del altiplano andino, donde se concentra la mayor diversidad genética de papas cultivadas, considerándose esta región como el centro de origen de domesticación de la especie.
En las regiones productoras de la Argentina se cultiva principalmente la especie Solanum tuberosum ssp. Tuberosum (L). Existen aproximadamente más de 150 especies tuberíferas dentro del género Solanum. Tiene un alto valor nutricional.
La producción mundial de papa alcanza, aproximadamente, los 376 millones de toneladas siendo China, India y Ucrania los principales productores (FAO 2021).
La Argentina produce aproximadamente 2,9 millones de toneladas, destinándose aproximadamente 75-80 mil hectáreas. Los rendimientos promedio obtenidos a nivel país se ubican entre las 30 y 35 toneladas por hectárea, con productores que llegan, incluso, a duplicar esos valores en función de las condiciones agroclimáticas y las tecnologías utilizadas.
La papa es, por lejos, la hortaliza más consumida en el país y según diversos estudios, su consumo presenta una tendencia positiva en los últimos años.
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Maíz: cosecha récord con promedios de hasta 100 qq/ha
La campaña de maíz 2025/26 consolida un escenario productivo favorable en gran parte del país, con rindes que superan ampliamente los promedios históricos. Según el último relevamiento de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la cosecha ya cubre el 21,6% de las 7,8 millones de hectáreas sembradas, con un rinde promedio nacional de 85,5 quintales por hectárea.
El dato sobresaliente es la elevada productividad registrada en regiones clave. En el Núcleo Norte, los rindes alcanzan los 99,3 qq/ha, mientras que en el Norte de La Pampa-Oeste de Buenos Aires se ubican en 94,3 qq/ha, reflejando el buen desempeño del cultivo en zonas estratégicas.
No obstante, el avance de las cosechadoras se vio limitado en los últimos días por lluvias que dificultaron el ingreso a los lotes, generando demoras en el ritmo de recolección.
En paralelo, el maíz tardío muestra una evolución favorable. Actualmente, el 95% de los lotes se encuentra en condición Normal a Excelente, impulsado por las precipitaciones recientes y condiciones climáticas más benignas.
Este repunte se hace especialmente visible en el sudeste de Buenos Aires, donde la proporción de cultivos en buen estado creció de manera significativa en el último mes, pasando del 50% al 95%. Este salto refuerza las expectativas de buenos resultados para los planteos tardíos, que aún transitan etapas clave de definición de rendimiento.
Con este panorama, la campaña de maíz se encamina a consolidar rindes elevados, aunque el clima seguirá siendo un factor determinante para sostener las proyecciones en las próximas semanas.
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Carne: señales de un nuevo equilibrio entre consumo interno y exportación
El mercado de la carne bovina atraviesa un punto de inflexión. En el inicio de 2026, los precios alcanzaron máximos históricos en términos reales, tanto en el mostrador como en la hacienda, en un contexto marcado por restricciones de oferta y señales de recomposición del ciclo ganadero. Al mismo tiempo, el escenario internacional presenta precios firmes y una demanda externa que continúa traccionando.
En este marco, surgen algunos interrogantes clave: ¿qué explica el fuerte aumento de precios?, ¿qué rol juegan los factores externos?, ¿está cambiando el equilibrio entre consumo interno y exportaciones?, ¿ha quedado cara la carne en Argentina en perspectiva internacional? y ¿qué puede esperarse hacia adelante? Esta columna busca aportar elementos para responder estas preguntas.
Acerca de la escalada de los precios y sus determinantes
En febrero, el precio de la carne vacuna al consumidor promedió $15.895 por kilo, alcanzando el valor mensual más alto de las últimas dos décadas. En términos reales, se ubicó un 22% por encima del valor que tenía en el mismo mes del 2025 y un 32% más que su valor promedio 2006–2025 ($12.050, a precios constantes).
El encarecimiento en el mostrador resulta consistente con la dinámica del principal costo de producción del sector: el precio de la hacienda en pie. En el mercado de Cañuelas el novillito, categoría que abastece mayoritariamente al consumo interno, promedió $4.745 por kilo vivo, también el registro mensual más elevado de las últimas dos décadas, ubicándose 27% por encima de febrero 2025 y un 43% más que su valor promedio 2006–2025 ($3.318 por kilo, a precios constantes).

La fuerte revalorización de la hacienda y, en consecuencia, de la carne está asociada a un fenómeno de escasez, que se manifiesta tanto a nivel externo como en el mercado local.
En el plano internacional, se observa un encarecimiento de la carne, asociado a una menor producción, particularmente en algunos países exportadores relevantes, en un contexto en el que la demanda, si bien sufrirá el impacto de precios más elevados, se mantendría en niveles relativamente altos. Este fenómeno es especialmente visible en países desarrollados, donde la capacidad de absorción del encarecimiento es mayor.
A este escenario externo favorable para un país exportador se suma, en el ámbito local, un incipiente ciclo de retención de animales, tanto de hembras como de machos (kilos). Este comportamiento refleja una mejora en las expectativas del sector, vinculada a factores varios, entre ellos, un entorno de política económica más previsible y, en particular, a una política sectorial más neutral, con menor intervención directa sobre los mercados. Este cambio contrasta con etapas previas, con la excepción del período 2015–2019, caracterizadas por un sesgo anti-exportador y por la utilización de distintos instrumentos orientados a expandir artificialmente la oferta al mercado interno, con el objetivo de contener los precios en el corto plazo (ver ¿Alcanza con buenos precios para que la ganadería despegue?).
Para cerrar este apartado, cabe señalar que los precios de la hacienda se estabilizaron durante el mes de marzo. Este comportamiento sugiere que el mercado podría haber alcanzado un nivel de equilibrio transitorio, en el que nuevas subas resultan más difíciles de convalidar y no puede descartarse alguna corrección en el corto plazo. En este sentido, es probable que los valores máximos de la hacienda, al menos en la primera mitad del año, se hayan observado en los meses iniciales.
El contexto externo
El mercado internacional de la carne bovina atraviesa actualmente un escenario de precios firmes, en un contexto caracterizado por restricciones del lado de la oferta y una demanda que se mantiene sostenida. En este marco, los niveles que muestran los precios internacionales constituyen, al menos por este canal, un factor que favorece la orientación exportadora del sector (la decisión final de cuanto volumen destinar al mercado externo dependerá también de otros determinantes, tales como el tipo de cambio real, los derechos de exportación y el precio local de la hacienda).

Los precios FOB de exportación de tres de los principales proveedores globales de carne bovina (Estados Unidos, Brasil y Australia) muestran una tendencia alcista entre 2023 y 2025, con valores en los primeros meses de 2026 que se ubican por encima del promedio del año previo. Esta dinámica refleja un mercado tensionado, donde la disponibilidad global de carne comienza a ajustarse.
En materia de producción, las proyecciones del USDA anticipan un cambio relevante en 2026, con una caída en la oferta de los principales productores y exportadores, luego de varios años de expansión global. En particular, se destaca la contracción proyectada en Brasil (-5,3%), la más significativa entre los grandes actores del mercado, asociada al ciclo ganadero y a una fase de recomposición del rodeo tras años de elevada faena. Este ajuste se combina con caídas en otros países relevantes, como Estados Unidos, la Unión Europea, Australia y Argentina, lo que lleva a una reducción agregada de la producción en el conjunto de países que lideran el mercado. Dado el peso de estos actores en el comercio internacional, la menor disponibilidad de carne exportable constituye un factor central para explicar el nivel elevado de los precios internacionales.

Por el lado de la demanda, China continúa desempeñando un rol determinante en el mercado global. En los últimos años, este país se consolidó como el principal importador mundial de carne bovina, concentrando cerca de un tercio de las compras internacionales. Los datos del primer bimestre de 2026 muestran un fuerte crecimiento interanual de las importaciones, alcanzando niveles récord para ese período, lo que contribuye a reforzar la presión sobre el mercado internacional en un contexto de oferta restringida.

Sin embargo, lo sucedido en lo que va del año en China debe interpretarse con cautela, a la luz de un cambio reciente en la política comercial del país. Debe recordarse que, a partir de enero de 2026, el gobierno chino implementó un nuevo régimen de importaciones basado en cuotas (tariff-rate quotas), con el objetivo de proteger su producción doméstica. Bajo este esquema, se estableció un cupo total, con asignaciones por país, y se dispuso la aplicación de un arancel adicional elevado para las importaciones que excedan dichos límites. Este sistema introduce un fuerte incentivo a concentrar los envíos en los primeros meses del año, dado que las importaciones que ingresan antes de agotarse los cupos enfrentan una carga arancelaria significativamente menor. De este modo, el elevado nivel de compras observado en el primer bimestre podría responder, al menos en parte, a un adelantamiento de importaciones por parte de los operadores.
En este contexto, el USDA proyecta que las importaciones totales de China podrían ubicarse levemente por debajo de las del año anterior hacia el cierre de 2026 (-2%), con una dinámica intra-anual que apunta a ser muy distinta, con un fuerte sesgo hacia el primer semestre. Esta combinación de factores, demanda china aún elevada en el corto plazo y restricciones del lado de la oferta global, contribuye a sostener un escenario de precios firmes en el mercado internacional de carne bovina.
En síntesis, el mercado global se encuentra atravesado por una tensión entre una oferta que comienza a contraerse, producto del ciclo ganadero en los principales exportadores, y una demanda que, si bien probablemente se modere en la segunda mitad del año (por lo antes comentado respecto de China y el efecto de la propia suba de los precios internacionales), se mantiene elevada y firme en el corto plazo.
Lo que paga el consumidor local en perspectiva internacional
Luego de los últimos aumentos observados en el mercado local, surge un interrogante planteado en el arranque de esta columna: ¿ha quedado cara la carne en Argentina?
A los efectos de disponer de una respuesta indicativa (no perfecta), se realizó un relevamiento de precios finales de cortes seleccionados de carne bovina en distintos países del mundo. Para ello, se tomaron como referencia tres cortes representativos del cuarto trasero, cuadrada, bola de lomo y nalga en la nomenclatura argentina, reconociendo que estos cortes reciben denominaciones distintas según países, aunque son comparables en términos de ubicación anatómica y características.
En cuanto a la muestra de países, se priorizó la inclusión de economías productoras y exportadoras de carne bovina, con el objetivo de asegurar una comparación más homogénea en términos de estructura productiva y formación de precios. La principal excepción es Chile que, si bien es un importador neto de carne, se incorpora al análisis por tratarse de una economía abierta y geográficamente cercana, lo que permite enriquecer la comparación y aportar una referencia adicional relevante para la región.
Respecto de las fuentes de información, se trató de priorizar estadísticas oficiales (precios publicados por organismos públicos, generalmente asociados a relevamientos para monitorear el costo de vida), y en los casos en que no se logró dar con éstas, se procedió a relevar precios on line en supermercados.
Como era de esperar, los resultados muestran una clara segmentación entre países. En el extremo superior se ubican las economías desarrolladas, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, con precios medios de los cortes bovinos seleccionados que oscilan entre aproximadamente 18 y 22 USD/kg. En un nivel intermedio aparecen Chile y Argentina, con valores en torno a 13–14 USD/kg, mientras que el bloque de precios más bajos está conformado por Uruguay, Paraguay y Brasil, con registros entre 9 y 11 USD/kg. En este contexto, Argentina se posiciona en la mitad de la tabla, con un nivel de precios inferior al de los países desarrollados pero superior al de otros exportadores relevantes de la región.

A priori, los precios finales de la carne bovina deben diferir entre países, y ser más elevados en economías desarrolladas que en economías en desarrollo, tal como lo muestra el relevamiento. Una primera explicación radica en los diferenciales de costos internos, en particular en los servicios no transables. En los países de mayor ingreso, la mayor productividad en los sectores transables se traduce en salarios reales más altos y, por esa vía, en mayores costos de comercialización, logística, cadena de frío y alquileres, en línea con el efecto conocido como “Balassa-Samuelson”. Dado que estos componentes representan una proporción significativa del precio final al consumidor, tienden a empujar al alza los valores en dólares de la carne en dichos mercados. En un gráfico adjunto puede apreciarse la elevada correlación entre los precios de la carne bovina y el nivel de ingreso promedio por habitante de cada país (ajustado por diferencias de precios entre países).

Otros dos factores que pueden generar diferencias de precios finales son la carga impositiva y el grado de formalización de los canales comerciales. Los impuestos al consumo, como el IVA, Ingresos Brutos o los impuestos a las ventas minoristas o finales, pueden incrementar de manera directa el precio final, con variaciones entre países. También importante es la estructura del canal minorista: en mercados altamente formalizados, con mayores exigencias regulatorias, sanitarias y fiscales, los costos operativos son más elevados y se trasladan al consumidor. En contraste, en economías con mayor presencia de canales informales o menor carga efectiva, los precios pueden resultar más bajos en términos comparados.
Otro factor determinante es el precio de la hacienda, principal insumo en la formación del precio de la carne. En América del Sur, los sistemas productivos suelen presentar estructuralmente costos más bajos, asociados a disponibilidad de tierra, producción pastoril y menores costos laborales, lo que se refleja en precios del ganado inferiores a los observados en países como Estados Unidos o Canadá.
Asimismo, las políticas comerciales inciden sobre los precios internos. Países con mercados más protegidos o administrados, mediante cuotas y aranceles a la importación, tienden a sostener precios domésticos más elevados al limitar la competencia externa. Por el contrario, en economías más abiertas, los precios internos tienden a estar más alineados con los valores internacionales, aunque sujetos a la dinámica de la demanda externa.
Otro elemento adicional a considerar es la heterogeneidad en la calidad de la carne bovina entre países, que puede influir de manera significativa en los precios finales. Factores como la genética del rodeo, los sistemas de alimentación (pastoril versus feedlot), la edad de faena, el grado de marmoleo y los estándares sanitarios inciden sobre atributos valorados por el consumidor, como terneza, sabor y consistencia. En este sentido, países como Argentina suelen posicionarse con una calidad percibida elevada en segmentos relevantes del mercado, lo que puede sostener precios relativamente más altos frente a otros exportadores de la región.
El escenario local
En el mercado interno las fuerzas del mercado se están combinando para un equilibrio de mayores precios y menores volúmenes.
El ajuste proviene fundamentalmente del lado de la oferta que, como ya se mencionó viene reduciendo el envío de animales a faena y por ende los volúmenes producidos. En el primer bimestre del año se produjeron 456,7 mil toneladas de carne (res equivalente), que provienen de 1,94 millones de cabezas faenadas y un peso medio promedio de 235 kilos; en relación con el mismo período del año pasado, se trata de un ajuste de volúmenes de 9,1%, que descansan en la caída de la faena, dado que el peso medio muestra una leve suba (+2,3% ia). Si en lo que resta del año se mantuviese un ajuste de volúmenes como los del primer bimestre, la producción retrocedería en 285 mil toneladas, una cifra muy significativa en términos del abastecimiento al mercado interno (2,3 millones de toneladas en 2025) y/o el flujo de exportaciones (830 mil toneladas). Si, por el contrario, el flujo de animales enviados a faena comienza a repuntar en los próximos meses, ya sea porque el ciclo de retención de hembras pierde fuerzas y/o los machos en ciclos de engorde más largo empiezan a llegar al mercado con más fluidez, la producción empezaría a acercarse a los niveles de 2025, reduciéndose la tasa de ajuste antes comentada.
Nótese que el porcentaje de hembras faenadas sigue siendo relativamente alto (47,7%), pero la cantidad de hembras enviadas a faena sí ha bajado significativamente; las 925 mil cabezas de este año se ubican un 9% abajo del flujo del 2025 (1,01 millones). Lo que sucede es que también se viene contrayendo fuerte el flujo de machos faenados, de las 1,16 millones de cabezas en el primer bimestre del 2025 a las 1,02 millones de este año (-12,7% ia.). En un contexto de disponibilidad de pasto en distintas regiones productoras y, fundamentalmente, de una buena relación de conversión económica de kilos de alimento a kilos de carne, los períodos de recría y engorde de los machos se han estirado en el ciclo actual, lo que deriva en un menor flujo de animales faenados.

Se puede proyectar el flujo de carne bovina que podría llegar al mercado interno según distintos escenarios de producción y exportaciones. Debe recordarse que en el primer bimestre la producción de carne bovina cayó 9% interanual y que las exportaciones crecieron un 5% respecto mismo período del 2025. A partir de estas referencias se consideran tres escenarios de producción para todo el año (-9% ia., -5% y -1%), y tres escenarios de exportaciones (+2% ia., +4% y +6%). En términos de lo sucedido en lo que va del 2026, los escenarios suponen que, en el peor de los casos, la producción seguiría cayendo al mismo ritmo, mientras que en el mejor de los casos habría una importante desaceleración de la caída para cerrar el año casi en paridad al 2025. En exportaciones los tres escenarios son expansivos, aunque el mejor caso no prevé un aumento muy superior al observado en el primer bimestre (+6% versus +5%).

De seguir todo como en el primer bimestre, el ajuste de volúmenes enviados al mercado interno sería muy fuerte, cercano al 13%, que en términos por habitante implicaría una disponibilidad media de unos 43,0 kilos, entre 6 y 7 kilos menos que en el 2025 (49,4 kilos). En un escenario moderado de caída de producción (-5% ia), el ajuste en el mercado interno se reduce, aunque implicaría resignar en promedio unos 4 kilos aproximadamente de consumo de carne bovina por habitante.

Finalmente, si en el segundo semestre se observa una recuperación productiva, que cuasi compense el ajuste de la primera mitad del año, el consumo interno podría estar cerrando el año en 48 kilos promedio por habitante, solo 1 kilo por debajo del nivel 2025.

Reflexiones finales
Luego de un arranque de año marcado por fuertes subas, el mercado de la carne bovina comienza a mostrar señales de estabilización. La reciente pausa en el precio de la hacienda sugiere la aparición de ciertos límites, tanto por el lado del consumidor, con menor capacidad de convalidar nuevos aumentos, como por el lado del sector exportador, cuya ecuación económica se ve exigida ante valores récord de la materia prima en dólares.
En el plano local, la dinámica actual está fuertemente condicionada por factores de oferta. La retención de animales, en particular de hembras, constituye una señal de recomposición de los stocks ganaderos y de apuesta por la actividad. Este proceso es, en esencia, la única vía sostenible para incrementar la producción de carne en el mediano plazo. Sin embargo, implica una restricción transitoria de la oferta disponible, lo que introduce una tensión de corto plazo entre consumo interno y exportaciones.
En este sentido, el dilema entre mercado interno y mercado externo debe interpretarse como un fenómeno típicamente cíclico. En el corto plazo, una mayor orientación exportadora en un contexto de oferta restringida tiende a traducirse en menor disponibilidad local. No obstante, si el proceso de retención se consolida y deriva en una expansión del stock ganadero, este trade-off tiende a diluirse en el tiempo, permitiendo un crecimiento simultáneo de ambos destinos.
El contexto internacional, por su parte, continúa ofreciendo condiciones favorables, con precios elevados y relativamente firmes y una demanda externa que, si bien podría moderarse en la segunda mitad del año, se mantiene elevada en el corto plazo. Esto refuerza los incentivos a la producción y a la inversión en el sector.
Un elemento relevante del escenario actual es el rol de la política económica. A diferencia de episodios previos, el gobierno ha optado por no intervenir en el mercado de carnes ni restringir las exportaciones, aun en un contexto de suba de precios y de impacto negativo sobre las metas de inflación. Esta mayor previsibilidad y neutralidad regulatoria constituye una señal importante para el sector, que parece estar respondiendo con decisiones consistentes con un horizonte de más largo plazo, como lo evidencia la retención de vientres y la extensión de los ciclos productivos.
En términos de precios, si bien la carne vacuna se ubica actualmente en niveles elevados respecto de su propia historia, la comparación internacional muestra que Argentina continúa posicionándose por debajo de los valores observados en economías desarrolladas y en línea con su nivel de ingresos. Esto sugiere que, en un escenario de mayor integración comercial, los precios internos tenderán a reflejar crecientemente las condiciones del mercado global.
En perspectiva, el mercado de la carne bovina en Argentina podría estar transitando una transición hacia un nuevo equilibrio, caracterizado por una mayor inserción internacional, una oferta en proceso de recomposición y un consumo interno que tenderá a ajustarse, al menos en el corto plazo. En este contexto, es esperable una reducción del consumo per cápita de carne bovina, especialmente si se sostienen las condiciones actuales de retención y expansión de exportaciones.
Finalmente, este proceso también puede consolidar un cambio estructural en los patrones de consumo. La mayor competencia por la carne bovina, tanto a nivel local como internacional, junto con la evolución de los precios relativos, tenderá a impulsar una mayor diversificación hacia otras proteínas animales, particularmente carne porcina, que cuenta con una oferta abundante y costos de producción más bajos. Este desplazamiento, lejos de ser coyuntural, podría marcar una tendencia de mediano y largo plazo en la dieta de los consumidores.
Por Juan Manuel Garzón / Franco Artusso de Fundación Mediterránea, presidida por María Pía Astori.

