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La economía podría dar un salto productivo si se eliminan las retenciones

16 de marzo de 2026

Un estudio del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School sostiene que, con alivio fiscal e inversión en infraestructura y tecnología, el sector podría alcanzar 251 millones de toneladas y convertirse en el principal vector estructural de crecimiento de la economía argentina

En un contexto en el que la economía argentina necesita consolidar generación genuina de divisas y crecimiento sostenido, un nuevo informe elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School plantea que el sector agroindustrial podría expandirse un 90% en la próxima década si se eliminan los derechos de exportación y se corrigen los principales cuellos de botella estructurales.

Según el estudio, realizado en conjunto con la Bolsa de Comercio de Rosario bajo el modelo Agmemod, la producción podría alcanzar 251 millones de toneladas en diez años, impulsando una expansión significativa del PBI y de las exportaciones.

Actualmente, el complejo agroindustrial aporta el 23% del Producto Bruto Interno y genera el 60% de las exportaciones totales del país. Solo los complejos oleaginosos y cerealeros explican el 45% de las divisas que ingresan a la economía argentina.

“Argentina cuenta con una base productiva agroindustrial extraordinaria, pero su potencial está condicionado por factores macroeconómicos que limitan la inversión y el crecimiento”, señala Guillermo D’Andrea, profesor del IAE Business School.

Para la campaña 2025/26 se estima que habrá 27,7 millones de toneladas en cosecha fina, con ingresos superiores a 4.500 millones de dólares, y 154 millones de toneladas en cosecha gruesa, con un ingreso estimado de entre 32.000 y 37.000 millones de dólares.

En las últimas tres décadas, la producción se triplicó mientras el área sembrada sólo se duplicó, impulsada por biotecnología, agricultura de precisión, digitalización y mejoras logísticas.

El costo macroeconómico de la presión fiscal

El informe advierte que la presión sobre la renta agrícola alcanza el 55,5% y llegó al 63,6% en junio de 2025 al ponderar cultivos clave como soja, maíz, trigo y girasol.

En contraste, los productores de la Unión Europea reciben apoyos equivalentes al 16%, en China al 13% y en Estados Unidos al 7%. En Brasil, el respaldo promedio al sector ronda el 0,5% del PBI.

Entre 1997 y 2023, Argentina extrajo del sector recursos equivalentes al -1,6% del PBI anual.

“La presión fiscal actual reduce fuertemente los incentivos a invertir y adoptar tecnología en el agro. Corregir ese esquema impositivo es clave para liberar el potencial productivo del sector”, explica Daniel Mamone, investigador del IAE Business School.

“Eliminando las retenciones y mejorando infraestructura y adopción tecnológica, el agro podría convertirse en el principal motor estructural del crecimiento argentino”, sostiene Bernardo Piazzardi, investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.

Al respecto de la infraestructura e inversión, ahí se presenta otro cuello de botella. El 90% del transporte de granos se realiza por camión y solo el 10% por tren. De los 640.000 km de red vial, el 62% corresponde a caminos municipales, mayormente sin pavimentar. Apenas el 6% son rutas nacionales y solo 3.200 km son autopistas o autovías.

El sector aportó 28.686 millones de dólares en tributos en 2023. Mantener en condiciones adecuadas la red vial demandaría entre 3.200 y 6.500 millones de dólares anuales, equivalente a apenas el 17% de su aporte tributario.

“Si se corrigen los déficits de infraestructura y se incentiva la inversión tecnológica, el agro puede convertirse en un vector central de crecimiento para toda la economía”, afirma Ernesto Ruete Güemes, investigador del IAE Business School.

En paralelo, el parque de maquinaria presenta atraso tecnológico: el 73% de los tractores y el 46% de las cosechadoras superan los 15 años de antigüedad. Mientras la productividad total de factores cayó 6% en Argentina en los últimos 20 años, en Brasil creció 45%.

A pesar de todas las trabas, la última encuesta AgBarometer Austral, conocida como el índice de confianza del campo que elabora el Centro de Agronegocios y Alimentos, indica que el 80% de los productores estaría dispuesto a modernizar su maquinaria si mejoran las condiciones de rentabilidad y financiamiento.

Según el estudio, la modernización tecnológica no es consecuencia del crecimiento, sino condición previa para impulsarlo.

El potencial impacto en la economía argentina

Bajo un escenario de eliminación de retenciones, mejora de infraestructura, adopción tecnológica y expansión de 6,5 millones de hectáreas adicionales, el sector podría crecer 90% en diez años.

En ese contexto, la producción podría alcanzar 251 millones de toneladas, lo que aumentaría significativamente su participación en el PBI, aceleraría la generación de divisas para la economía argentina y permitiría financiar la reconstrucción integral de la red vial en apenas tres años.

La clave no es sólo sectorial sino macroeconómica. “Reemplazar la lógica extractiva por una estrategia de inversión y productividad permitiría transformar al agro en el eje estructural del crecimiento argentino”, concluye Piazzardi.

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Sellan acuerdo para fortalecer un bloque cooperativo urbano y agrario

La Confederación Argentina de Trabajadores Cooperativos Asociados (CONARCOOP) y la Federación Rural para la Producción y el Arraigo avanzaron con la firma de un convenio de colaboración nacional e internacional, con el objetivo de fortalecer el movimiento cooperativo a nivel urbano y rural.

La rúbrica se realizó el pasado jueves 3 de septiembre en la sede de la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA) en La Plata, provincia de Buenos Aires. 

La Federación Rural para la Producción y el Arraigo es uno de los nucleamientos de cooperativas agropecuarias más importantes del país y reúne a más de 30.000 productores de distintos puntos de la Argentina.

El acuerdo representa un nuevo paso en la construcción de vínculos entre organizaciones cooperativas vinculadas al trabajo y aquellas relacionadas con la producción agropecuaria, con una perspectiva de articulación a nivel nacional e internacional.

“Este acuerdo tiene una enorme importancia porque nos permite seguir construyendo un bloque cooperativo con una fuerte impronta federal. Tenemos que ser capaces de unir experiencias, capacidades y territorios para que el cooperativismo tenga una voz cada vez más fuerte y representativa”, señaló el presidente de CONARCOOP, Ramiro Martínez. 

En ese sentido,  el dirigente destacó que la articulación entre ambos espacios permite ampliar las posibilidades de articulación y afianzar una agenda común. 

“Cuando el cooperativismo del trabajo se une, a nivel urbano y rural, se abre una posibilidad concreta de pensar el desarrollo desde las propias organizaciones, desde cada territorio y con una mirada que contemple la realidad productiva de todo el país”, afirmó.

El dirigente también remarcó la importancia de avanzar hacia una mayor integración del movimiento cooperativo. “La construcción de un bloque cooperativo federal no es solamente una cuestión institucional: es una herramienta para generar vínculos, compartir experiencias y defender un modelo de producción y de trabajo basado en la organización y el arraigo”, sostuvo.

La jornada también incluyó la presentación, y posterior debate, del libro “Experiencias de reforma agraria en el mundo”, coordinado por João Pedro Stédile, que sirvió como punto de partida para compartir experiencias y reflexionar sobre distintos modelos de organización productiva.

El encuentro permitió así combinar la firma del convenio con un espacio de intercambio y debate sobre las experiencias del cooperativismo, en línea con la búsqueda de fortalecer vínculos y construir nuevas instancias de articulación.

Desde CONARCOOP señalaron que este tipo de acuerdos forman parte de un proceso orientado a profundizar la integración entre organizaciones cooperativas de distintas ramas y regiones, con el objetivo de consolidar un movimiento con una mayor capacidad de integración y una perspectiva federal.

“Tenemos que seguir encontrándonos, porque la Argentina necesita un cooperativismo integrado, que pueda mirar al país en toda su extensión y que tenga la capacidad de construir respuestas desde cada territorio. Este convenio es un paso importante en ese camino”, concluyó Martínez.

Acerca de CONARCOOP

La Confederación Argentina de Trabajadores Cooperativos Asociados (Conarcoop) está integrada por 20 federaciones de cooperativas nacionales: Federación de Cooperativas Integradas de Jujuy (FECOVIJUY), Federación de Cooperativas Unidas (FCU), Federación de Trabajadores Cooperativos - CABA (FETRACOOP), Federación de Cooperativas de Productores de Alimentos de Misiones (FECOPAM), Federación de Organizaciones Productoras de Alimentos (FOPAL), Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA), Federación Red Grafica Cooperativa, Federación de Cooperativas de Santiago del Estero (FEDCOOP),Cooperativas de Trabajo Federadas Sur de Córdoba (CTF), Federación de Cooperativas de Corrientes (FEDECOOP), Federación de Cooperativas para la Inclusión Social (INCLUSIÓN), de Rosario, Federación Riojana de Cooperativas Autogestionadas (FERCOA), Federación de Cooperativas Red Mayo, de Santa Fe, Federación de Cooperativas de Trabajo de Entre Ríos (FECOOTRER), FECUTA,  Federación de Cooperativas Padre Mugica, Federación de Cooperativas Feconorte,Federación  TUCMA, de Tucumán, Federación Unión Nacional de Cooperativas Argentinas de Trabajo (FUNCAT), y Federación por la Producción en la Economía Popular (FE.COOP.EP). Más info en www.conarcoop.coop

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Productores duplican en optimismo a los EEUU sobre el futuro del agro

Un estudio comparativo de la Universidad Austral y Purdue University revela una marcada brecha en las expectativas del sector: el 53% de los productores argentinos prevé buenos tiempos para la producción agrícola en los próximos cinco años, frente al 28% de los estadounidenses. Aunque en ambos países preocupan los altos costos y los precios de los commodities, en Argentina las expectativas sobre la actividad ganadera y el valor de la tierra también son más favorables.
 - Los productores agropecuarios de Argentina y Estados Unidos enfrentan desafíos similares: altos costos de los insumos, presión sobre los precios de los commodities y preocupación por la situación financiera. Sin embargo, sus expectativas para los próximos años muestran diferencias marcadas.Los resultados forman parte del estudio “How Farmer Sentiment Compares in the United States and Argentina”, elaborado por investigadores de Purdue University y la Universidad Austral a partir de la primera comparación directa entre el Purdue University/CME Group Ag Economy Barometer y el Austral Ag Barometer.
Para el análisis se utilizaron preguntas comunes realizadas durante mayo y junio de 2026 a aproximadamente 400 productores de cada país.La principal diferencia aparece en las perspectivas para la producción agrícola durante los próximos cinco años.
En Estados Unidos, el 57% de los productores espera malos tiempos y solo el 28% anticipa buenos tiempos. En Argentina, el panorama se invierte: el 53% espera buenos tiempos y apenas el 4% prevé un escenario negativo.En Estados Unidos, estas expectativas se dan en un contexto de márgenes estrechos, bajos precios de los commodities y elevados costos de producción.
En Argentina, el optimismo no implica necesariamente una alta rentabilidad actual, sino que podría reflejar la percepción de un entorno más favorable para invertir. La reducción de los derechos de exportación, una mayor apertura de los mercados y un mejor acceso al crédito en dólares fortalecieron las expectativas sobre los retornos futuros, aun en un escenario de precios de los commodities relativamente débiles.

Comparaciones. Video realizado por Purdue  University, que compara por primera vez los resultados del Purdue  University/CME Group Ag Economy Barometer de Estados Unidos con el Austral  Ag Barometer de Argentina y analiza las diferencias en las expectativas de  los productores agropecuarios de ambos países.
Mayor coincidencia en la ganaderíaEn la producción ganadera prevalece el optimismo en ambos países: el 68% de los productores estadounidenses y el 80% de los argentinos espera buenos tiempos para los próximos cinco años, en un contexto de precios favorables del ganado y oferta limitada de hacienda.En Argentina, a este escenario se suma la expectativa de una recomposición del rodeo nacional. Según el estudio, las mejores condiciones para las exportaciones y la disponibilidad de financiamiento en dólares a costos relativamente bajos están alentando la inversión en vientres y reforzando las expectativas favorables de largo plazo para el sector ganadero.
“El mayor optimismo de los productores argentinos respecto del futuro se basa, en gran medida, en la expectativa de que continúen políticas orientadas a reducir las retenciones, con su impacto positivo sobre los márgenes agrícolas. En el caso de la ganadería, se suma la ausencia de restricciones a la exportación de carne vacuna, en un contexto muy promisorio para el sector y que se refleja en el fuerte optimismo de los productores ganaderos”, señala Carlos Steiger, director del Ag Barometer Austral y coautor del estudio.
Los argentinos también esperan una valorización de la tierraLas diferencias reaparecen en el mercado de tierras agrícolas. En Estados Unidos, el 57% considera que los precios se mantendrán aproximadamente en los niveles actuales durante el próximo año; el 35% espera una suba y el 8%, una caída. En Argentina, el 50% espera que aumenten, frente al 46% que prevé estabilidad y apenas el 4% que anticipa una baja.En Estados Unidos, los valores de la tierra ya son elevados, mientras que las tasas de interés y los costos de producción podrían limitar nuevas subas. E
n Argentina, la reducción de los derechos de exportación y las expectativas de mayores ingresos agrícolas respaldan una visión más favorable. A esto se suma que muchos productores perciben que la tierra agrícola argentina continúa subvaluada después de años de inestabilidad en las políticas. Si las condiciones institucionales continúan mejorando, el estudio plantea que una apreciación de la tierra podría interpretarse como una recuperación de valor más que como el comienzo de un ciclo especulativo.
También difieren los factores que los productores consideran determinantes para el valor de la tierra. En Estados Unidos aparecen primero las inversiones alternativas y las tasas de interés, mientras que en Argentina tienen mayor peso los ingresos de la actividad agropecuaria y la política agrícola
Los costos, una preocupación compartidaPese a estas diferencias, ambos países coinciden en buena parte del diagnóstico sobre los problemas actuales. Los altos costos de los insumos son el principal obstáculo para mejorar la situación financiera de las explotaciones. En Estados Unidos le siguen el riesgo climático y los bajos precios de los productos; en Argentina, los bajos precios y el riesgo climático.Una diferencia relevante es la incertidumbre sobre las políticas públicas, que aparece entre los principales factores que limitan la mejora financiera en Argentina, pero no entre las principales preocupaciones de los productores estadounidenses.
Los cambios en los derechos de exportación, las reglas cambiarias y las intervenciones en los mercados pueden afectar no solo la rentabilidad actual, sino también las decisiones de inversión de largo plazo. El estudio advierte que este riesgo institucional puede amplificar los riesgos de precios, financieros y climáticos.La comparación muestra que productores argentinos y estadounidenses comparten varios de los principales problemas de la actividad, pero ven de manera muy diferente los próximos años.
Los resultados sugieren que las expectativas dependen no solo de las condiciones de los mercados agropecuarios, sino también de los incentivos de política, las condiciones financieras y la estabilidad institucional de cada país.
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Habrá un sistema obligatorio para identificar caballos con microchip

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) estableció un nuevo régimen obligatorio de identificación electrónica, registro sanitario y movimiento de équidos en todo el país, con el objetivo de fortalecer la trazabilidad de los animales, prevenir enfermedades y mejorar la respuesta ante emergencias sanitarias.

La principal novedad es que a partir del 1° de marzo de 2027 todos los équidos deberán estar identificados de manera individual, única y permanente mediante un microchip. La obligación alcanzará a todas las personas propietarias, poseedoras o tenedoras de estos animales, independientemente de la cantidad y del título por el cual los tengan.

La colocación del dispositivo deberá realizarse, entre otros casos, cuando se efectúen diagnósticos obligatorios vinculados a movimientos, se dé de alta la Libreta Sanitaria Equina o el Pasaporte Equino, se realicen determinados tratamientos veterinarios o se gestionen movimientos internacionales.

El nuevo esquema contempla además la Libreta Sanitaria Equina Digital (LSED) como documento sanitario oficial para todo el país. Los Pasaportes Equinos reconocidos por el SENASA también deberán ser digitalizados e incorporados al sistema de información sanitaria.

Para los movimientos dentro del territorio nacional, la LSED o el Pasaporte Equino digitalizado podrán respaldar el traslado cuando se cumplan las condiciones previstas por la resolución y pueda verificarse la identidad del animal mediante el microchip. El SENASA podrá bloquear temporalmente los movimientos ante la detección de enfermedades contagiosas o de interés sanitario.

La transición desde la documentación en papel tendrá varios pasos. Desde el 31 de diciembre de 2026 no podrán imprimirse nuevas Libretas Sanitarias Equinas en formato papel, mientras que las ya emitidas conservarán su validez hasta el 31 de diciembre de 2027. Desde el 1° de enero de 2028, la LSED o el Pasaporte Equino digitalizado serán los documentos sanitarios válidos para respaldar los movimientos.

El Senasa justificó la actualización en la necesidad de contar con herramientas más eficientes de trazabilidad y prevención sanitaria. La resolución también toma como antecedente la epidemia de encefalomielitis equina que atravesó el país y el restablecimiento de la vacunación obligatoria contra esa enfermedad.

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