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Productores más optimistas
28 de abril de 2025
| En marzo mejoraron todos los índices de confianza de los productores. El Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral dio a conocer el nuevo índice de confianza del campo “Ag Barometer Austral”. La medición subió un 17% respecto a enero, con repuntes del 23% en condiciones presentes y del 26% en condiciones de inversión a corto plazo. Aunque el 59% cree que no es buen momento para invertir, un 41% considera que sí lo es, frente al 33% de enero. El clima se mantiene como la principal preocupación para los próximos 12 meses (59%), seguido por los bajos precios (34%) y las elecciones de octubre (24%). La mayoría considera importante renovar su maquinaria, aunque no con urgencia, y un 40% está interesado en sumarse a programas de certificación ambiental. |
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| El índice Ag Barometer Austral, elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, mostró una recuperación significativa en la confianza de los productores agropecuarios en marzo de 2025, al registrar un aumento del 17% respecto a la medición de enero. El índice general pasó de 117 a 137 puntos, marcando un rebote importante tras la caída registrada entre noviembre de 2024 y enero de 2025. “Este repunte marca una diferencia clara con lo ocurrido en 2019, cuando una caída similar en la confianza se extendió durante 11 meses. Ahora, en cambio, vemos una recuperación inmediata y sostenida en todos los indicadores”, explicó Carlos Steiger, director del Ag Barometer Austral. Los dos subíndices también evidenciaron mejoras: las Condiciones Presentes subieron un 23%, mientras que las Expectativas Futuras lo hicieron en un 15%. En particular, las expectativas de inversión mostraron un incremento del 26% (de 65 a 82 puntos), lo que refleja un mayor optimismo entre los productores respecto a la posibilidad de adquirir activos fijos en el corto plazo. Según el informe, esta recuperación se evidenció en Expoagro 2025, donde se registraron numerosas operaciones comerciales, impulsadas por políticas agresivas de financiamiento por parte de empresas de maquinaria y bancos, especialmente con créditos en dólares. Además, las mejores condiciones climáticas permitieron una mejora en los rendimientos, aun cuando la cosecha gruesa no alcanzará los niveles de la campaña 2023/24. También se proyecta una campaña de trigo 2025/26 favorable, con buenas condiciones hídricas y estimaciones de récord en la producción. No obstante, Steiger advirtió que “queda como asignatura pendiente la baja o eliminación de las retenciones y una cierta incertidumbre acerca de la competitividad del tipo de cambio”. Otra preocupación es el ingreso de capitales financieros atraídos por el “carry trade”, lo que podría deprimir el tipo de cambio y encarecer las tasas de interés, generando un posible freno en la actividad económica. “Está por verse el impacto de ese tipo de cambios sobre la balanza comercial, ya que puede desalentar exportaciones y alentar importaciones”, agregó. Inversión y modernización La mejora del ánimo inversor también fue señalada en el informe. Aunque el 59% de los productores aún considera que no es un buen momento para invertir en activos fijos, el índice de expectativas mejoró un 26% respecto a la medición anterior. En este sentido, se espera un mayor interés en la inversión en vientres vacunos, impulsada por una recuperación del precio del novillo en términos reales. |
| Expectativas de inversión en activos fijos |
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| “Hay una mejora en el ánimo inversor, especialmente en ganadería. Muchos productores evalúan invertir en vientres vacunos ante un 2025 que se perfila favorable para toda la cadena”, detalló Steiger. Respecto a la inversión en maquinaria, Steiger remarcó que “la principal preocupación y, por lo tanto, la prioridad actual en el sector agrícola es la rentabilidad”, lo que lleva a postergar decisiones tecnológicas. “Los productores perciben que el costo financiero de su adquisición supera el retorno esperado de la actividad productiva, lo que genera una relación costo-beneficio desfavorable. Esta dinámica crea un círculo vicioso: aunque la tecnificación es fundamental para aumentar la productividad, el riesgo de disminuir aún más la rentabilidad es alto. En este momento, el sector no dispone de margen para tomar este tipo de riesgos. Por lo tanto, la incorporación de nueva maquinaria, en un contexto de dificultades de financiamiento y márgenes brutos limitados, podría afectar negativamente la rentabilidad a corto plazo”, añadió. Además, identificó una “falta de contacto con las tecnologías avanzadas” que genera una subestimación del potencial de mejora en productividad y eficiencia. Pese a todo, un 80% de los productores estaría dispuesto a modernizar su maquinaria si mejoraran las condiciones de rentabilidad . Principales preocupaciones: el clima a la cabeza El clima volvió a posicionarse como la principal preocupación de los productores para los próximos 12 meses, una tendencia que se repite respecto a septiembre de 2023 ya años anteriores. “Sin duda la falta de lluvias luego de la siembra de la cosecha gruesa agravada en el mes de enero 2025 reavivó esta preocupación trayendo recuerdos de la gravísima sequía de la campaña 2022/23”, señaló Steiger. |
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| Otras variables relevantes incluyen los bajos precios internacionales, el aumento de costos de insumos y la evolución del dólar. Las elecciones nacionales de octubre también ocupan un lugar destacado entre las preocupaciones (23%). “Aunque el productor en general está alineado con las políticas macroeconómicas del actual gobierno, hay incertidumbre sobre los posibles escenarios post-electorales y el rumbo que pueda tomar la política agropecuaria”, indicó Steiger. Además, un 15% expresó su preocupación por la continuidad de los derechos de exportación, considerados como un factor negativo sin perspectivas claras de modificación en el corto plazo. Por otra parte, acontecimientos como el nombramiento de los jueces de la Corte Suprema de Justicia, el affaire Libra y la extrema cercanía del presidente Milei con el presidente Trump no causan preocupación en los productores agropecuarios. Sostenibilidad: creciente interés con desafíos pendientes Otro dato relevante es que el 40% de los productores no participa aún en programas de certificación ambiental, pero muestra interés en hacerlo a futuro. Un 16% ya lo hace y un 35% no manifiesta interés alguno. “Los desafíos de sostenibilidad son cada vez más centrales para acceder a mercados internacionales. Es clave que el sector acelere su adaptación a esta agenda”, subrayó el investigador. |
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| “Para las cadenas de valor agroalimentarias de Argentina, donde el productor es un actor central, este nuevo contexto representa un enorme desafío. Comprender cómo están respondiendo las empresas del sector y cuáles son los principales retos para adaptarse a la agenda global resulta clave para el futuro desarrollo del sector, en tanto los nuevos requisitos de sustentabilidad ya están generando transformaciones significativas en los mercados globales”, concluyó Carlos Steiger. |
Informe: Prensa Universidad Austral
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Diplomatura en Políticas Públicas Agropecuarias
La Diplomatura en Políticas Públicas Agropecuarias, impulsada por Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la Fundación CRA y la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Católica Argentina (UCA), incorpora para su edición 2026 una nueva modalidad de cursado asincrónica, pensada para ampliar el acceso a la formación y brindar mayor flexibilidad a los participantes.
Esta nueva modalidad permitirá que los estudiantes puedan organizar su cursada a su propio ritmo, accediendo a las clases y contenidos en el momento que les resulte más conveniente y desde cualquier lugar. De esta manera, se busca facilitar la participación de productores, profesionales, dirigentes y personas interesadas en el desarrollo del sector agropecuario que, por cuestiones laborales o geográficas, no podían asistir a instancias de cursado en horarios fijos.
La diplomatura mantiene el mismo nivel de calidad académica y el enfoque en el análisis, diseño e implementación de políticas públicas vinculadas al agro, uno de los sectores estratégicos para el desarrollo económico y social del país.
El programa es una iniciativa conjunta de Confederaciones Rurales Argentinas, Fundación CRA y la Universidad Católica Argentina, instituciones que trabajan en la formación de dirigentes y profesionales comprometidos con el futuro del sector agropecuario y el desarrollo federal de la Argentina.

La edición 2026 de la Diplomatura en Políticas Públicas Agropecuarias iniciará en abril.
Las personas interesadas pueden obtener más información e inscribirse a través del siguiente enlace: https://bit.ly/3OttJU7 o escribir un mail a [email protected]
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La economía podría dar un salto productivo si se eliminan las retenciones
Un estudio del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School sostiene que, con alivio fiscal e inversión en infraestructura y tecnología, el sector podría alcanzar 251 millones de toneladas y convertirse en el principal vector estructural de crecimiento de la economía argentina
En un contexto en el que la economía argentina necesita consolidar generación genuina de divisas y crecimiento sostenido, un nuevo informe elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School plantea que el sector agroindustrial podría expandirse un 90% en la próxima década si se eliminan los derechos de exportación y se corrigen los principales cuellos de botella estructurales.
Según el estudio, realizado en conjunto con la Bolsa de Comercio de Rosario bajo el modelo Agmemod, la producción podría alcanzar 251 millones de toneladas en diez años, impulsando una expansión significativa del PBI y de las exportaciones.
Actualmente, el complejo agroindustrial aporta el 23% del Producto Bruto Interno y genera el 60% de las exportaciones totales del país. Solo los complejos oleaginosos y cerealeros explican el 45% de las divisas que ingresan a la economía argentina.
“Argentina cuenta con una base productiva agroindustrial extraordinaria, pero su potencial está condicionado por factores macroeconómicos que limitan la inversión y el crecimiento”, señala Guillermo D’Andrea, profesor del IAE Business School.
Para la campaña 2025/26 se estima que habrá 27,7 millones de toneladas en cosecha fina, con ingresos superiores a 4.500 millones de dólares, y 154 millones de toneladas en cosecha gruesa, con un ingreso estimado de entre 32.000 y 37.000 millones de dólares.
En las últimas tres décadas, la producción se triplicó mientras el área sembrada sólo se duplicó, impulsada por biotecnología, agricultura de precisión, digitalización y mejoras logísticas.
El costo macroeconómico de la presión fiscal
El informe advierte que la presión sobre la renta agrícola alcanza el 55,5% y llegó al 63,6% en junio de 2025 al ponderar cultivos clave como soja, maíz, trigo y girasol.
En contraste, los productores de la Unión Europea reciben apoyos equivalentes al 16%, en China al 13% y en Estados Unidos al 7%. En Brasil, el respaldo promedio al sector ronda el 0,5% del PBI.
Entre 1997 y 2023, Argentina extrajo del sector recursos equivalentes al -1,6% del PBI anual.
“La presión fiscal actual reduce fuertemente los incentivos a invertir y adoptar tecnología en el agro. Corregir ese esquema impositivo es clave para liberar el potencial productivo del sector”, explica Daniel Mamone, investigador del IAE Business School.
“Eliminando las retenciones y mejorando infraestructura y adopción tecnológica, el agro podría convertirse en el principal motor estructural del crecimiento argentino”, sostiene Bernardo Piazzardi, investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Al respecto de la infraestructura e inversión, ahí se presenta otro cuello de botella. El 90% del transporte de granos se realiza por camión y solo el 10% por tren. De los 640.000 km de red vial, el 62% corresponde a caminos municipales, mayormente sin pavimentar. Apenas el 6% son rutas nacionales y solo 3.200 km son autopistas o autovías.
El sector aportó 28.686 millones de dólares en tributos en 2023. Mantener en condiciones adecuadas la red vial demandaría entre 3.200 y 6.500 millones de dólares anuales, equivalente a apenas el 17% de su aporte tributario.
“Si se corrigen los déficits de infraestructura y se incentiva la inversión tecnológica, el agro puede convertirse en un vector central de crecimiento para toda la economía”, afirma Ernesto Ruete Güemes, investigador del IAE Business School.
En paralelo, el parque de maquinaria presenta atraso tecnológico: el 73% de los tractores y el 46% de las cosechadoras superan los 15 años de antigüedad. Mientras la productividad total de factores cayó 6% en Argentina en los últimos 20 años, en Brasil creció 45%.
A pesar de todas las trabas, la última encuesta AgBarometer Austral, conocida como el índice de confianza del campo que elabora el Centro de Agronegocios y Alimentos, indica que el 80% de los productores estaría dispuesto a modernizar su maquinaria si mejoran las condiciones de rentabilidad y financiamiento.
Según el estudio, la modernización tecnológica no es consecuencia del crecimiento, sino condición previa para impulsarlo.
El potencial impacto en la economía argentina
Bajo un escenario de eliminación de retenciones, mejora de infraestructura, adopción tecnológica y expansión de 6,5 millones de hectáreas adicionales, el sector podría crecer 90% en diez años.
En ese contexto, la producción podría alcanzar 251 millones de toneladas, lo que aumentaría significativamente su participación en el PBI, aceleraría la generación de divisas para la economía argentina y permitiría financiar la reconstrucción integral de la red vial en apenas tres años.
La clave no es sólo sectorial sino macroeconómica. “Reemplazar la lógica extractiva por una estrategia de inversión y productividad permitiría transformar al agro en el eje estructural del crecimiento argentino”, concluye Piazzardi.
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El Semáforo de Coninagro de las Economías Regionales en la Expoagro
En el marco de Expoagro 2026 se presentó una nueva edición del Semáforo de las Economías Regionales, un informe que monitorea la situación productiva, económica y comercial de 19 actividades agropecuarias del país.
El reporte fue dado a conocer ante la prensa por el presidente de Coninagro, Lucas Magnano, acompañado por el secretario Mario Raiteri y el economista David Miazzo.
También participaron autoridades provinciales vinculadas al sector agroindustrial, entre ellas Sergio Busso, ministro de Bioagroindustria de Córdoba; Guillermo Bernaudo, ministro de Desarrollo Económico de Entre Ríos; Javier Rodríguez, ministro de Desarrollo Agrario de la Provincia de Buenos Aires; y Ignacio Mántaras, secretario de Agricultura y Ganadería de Santa Fe.
Durante el inicio de la conferencia, Magnano presentó además un video institucional que repasa la historia de la entidad y marca el inicio del camino hacia el 70° aniversario de Coninagro, que se celebrará en septiembre de este año. En el acto también se entregó una placa de reconocimiento por los 20 años de la exposición al CEO de Exponenciar, Martín Schvartzman.
Más actividades en rojo

El relevamiento correspondiente a enero de 2026 mostró un panorama más complejo que el del mes anterior. El semáforo registró 4 actividades en verde, 7 en amarillo y 8 en rojo, con un deterioro en el indicador general.
El cambio más relevante fue el paso a rojo de la lechería y el maní, que hasta el informe previo se ubicaban en amarillo.
El semáforo analiza tres componentes clave para cada economía regional:
- Negocio: evolución de precios y costos.
- Productivo: área, stock o volumen de producción.
- Mercado: exportaciones, importaciones y consumo interno.
Entre las actividades que permanecen en rojo se encuentran yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, hortalizas y algodón, a las que ahora se suman maní y leche. En la mayoría de estos casos, el principal problema está en el componente de negocio: los precios recibidos por los productores crecieron por debajo de la inflación o se mantuvieron estancados, mientras los costos continuaron aumentando.
En contraste, las actividades ubicadas en verde fueron bovinos, ovinos, granos y miel, sectores que lograron combinar buenos precios, desempeño favorable en los mercados y variables productivas estables.
Por su parte, las actividades en amarillo —con señales mixtas— fueron forestal, tabaco, cítricos dulces, mandioca, peras y manzanas, aves y porcinos. En estos casos, los precios no lograron acompañar la inflación y la demanda mostró poco dinamismo.
Lechería y maní, los sectores que más empeoraron
El deterioro de la lechería se explica principalmente por el componente de negocio. El precio que recibe el productor por litro de leche se mantiene prácticamente sin cambios desde hace diez meses, alrededor de $470, lo que representa un aumento interanual de apenas 8%, muy por debajo de la inflación cercana al 32%.
A esto se suma un mercado más complejo, con importaciones que crecieron 50%, frente a exportaciones que aumentaron 20%.
En el caso del maní, el retroceso responde a la combinación de precios estancados y perspectivas productivas negativas. La tonelada pagada al productor se mantiene cerca de USD 594 desde hace ocho meses, mientras que para la campaña 2025/26 se proyecta una caída del 25% en el área sembrada y una reducción del 13% en la producción.
Una mirada histórica
El semáforo se publica mensualmente desde hace más de ocho años, lo que permite analizar la evolución de cada actividad en el largo plazo.
En ese período, 8 de las 19 economías regionales estuvieron en rojo durante más de la mitad del tiempo. Entre las situaciones más comprometidas se destacan:
- Vitivinicultura y cítricos dulces, con más del 70% de los meses en rojo.
- Actividad citrícola, con el 67%.
- Lechería, con el 65%.
En contraste, sectores como las carnes bovina, porcina y aviar, junto con el complejo granario y el maní, mostraron trayectorias más estables, con indicadores en verde en más del 45% de los meses analizados.
Exportaciones en crecimiento
En materia de comercio exterior, las 19 economías regionales relevadas registraron en enero exportaciones por USD 5.032 millones, un 44% por encima del promedio histórico de la última década para el mismo mes.
Sin embargo, la estructura exportadora sigue altamente concentrada:
- El 80% de los ingresos provino de los complejos granarios.
- El 9% correspondió al sector bovino.
- El 11% restante fue generado por el resto de las economías regionales.
Entre las actividades con mayor crecimiento exportador se destacaron peras y manzanas, con un aumento del 95% respecto a su promedio histórico, y arroz, con un incremento del 92%.
En cambio, el sector avícola registró la caída más fuerte: sus exportaciones sumaron USD 8 millones, lo que representa un descenso del 73% frente al promedio histórico para el período.
La participación del productor en el precio final
El informe también analiza qué proporción del precio final que paga el consumidor queda en manos del productor.

En los productos pecuarios se observaron mejoras. Por ejemplo:
- En carne ovina, la participación del productor llegó al 26%, ocho puntos por encima del promedio histórico.
- En pollo, alcanzó el 49%, cinco puntos más que el promedio.
En cambio, varias economías regionales mostraron pérdidas significativas. Las caídas más marcadas se registraron en yerba mate y hortalizas, donde la participación del productor retrocedió 13 y 11 puntos porcentuales, respectivamente.
Estas diferencias responden en gran medida a la estructura de cada cadena productiva: en productos con mayor nivel de industrialización —como vino, yerba mate o trigo— la participación del productor suele ser menor, mientras que en productos con menor procesamiento —como papa u hortalizas— la proporción tiende a ser mayor.

Lucas Magnano, hizo entrega de una placa en reconocimiento a los 20 años de ExpoAgro y el trabajo por el Campo Argentino al CEO de Exponenciar Martin Shwartzman y autoridades de la muestra







