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¿Cuál es la percepción de los jóvenes sobre el campo?
25 de abril de 2024
| Con el foco puesto en los jóvenes, esta nueva investigación cualitativa indaga en la percepción que tienen los universitarios de carreras no ligadas específicamente al agro, sobre este sector como espacio para su desarrollo profesional. ¿Qué aspiraciones los motivan? ¿Qué esperan del ambiente laboral? ¿Cómo imaginan su futura inserción en el trabajo? ¿Qué áreas de la producción les generan mayor atractividad? ¿Cómo imaginan que es el trabajo en la agroindustria? ¿Qué tipo de perfiles creen que necesita el agro?, etc. fueron algunas de las preguntas que guiaron esta tercera investigación por parte de la Universidad Austral. Al dar a conocer los resultados de la encuesta de percepción de los jóvenes sobre el campo, la casa de altos estudios señala: La tendencia mundial muestra que cada vez más en el sistema agropecuario los cambios en las tecnologías y la tendencia a la automatización están marcando una transformación en el mercado laboral, donde se necesitan menos trabajos manuales y más personal calificado. A su vez, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), para el año 2050 habrá que alimentar a más de 9.000 millones de personas. Eso desafía a los productores y a la agroindustria a producir más, siendo cada vez más eficiente con los recursos.Para conocer qué lugar ocupa el sistema agroindustrial dentro de las preferencias laborales y de desarrollo de los futuros jóvenes profesionales, durante el mes de septiembre de 2023 se desarrollaron seis focus groups con estudiantes de los últimos dos años de carreras no afines al agro, de ciudades universitarias del país como Santa Rosa, La Plata, Córdoba, Neuquén, Tandil y Rosario, entre otras. En esta oportunidad la investigación contó con el apoyo de BAYER, de la Cámara de la industria aceitera argentina (CIARA), la Fundación de la Bolsa de Cereales de Córdoba, la Fundación para la promoción y el desarrollo de la cadena láctea argentina (FUNPEL), VALLEY, AAPRESID, CREA y la Fundación Barbechando. |
| Algunos emergentes Como en las anteriores investigaciones, la hipótesis inicial del trabajo es que una buena parte de los jóvenes tiene poca información sobre el agro, a la vez que cercanía y sensibilidad con temas vinculados de hecho con el sector, aunque ellos no los asocien. Este hecho, conlleva la necesidad por parte del sector, de elaborar nuevas y mejores maneras de vinculación y comunicación. El agro es percibido por los jóvenes como sector estratégico para el país y motor de la economía. Producción de alimentos, cuidado animal y ambiental, atracción por la innovación y la digitalización son algunas de las agendas que suscitan el interés de los jóvenes y que se vinculan con el agro brindando una oportunidad de cercanía y atractividad como espacio de desarrollo profesional. Sin embargo, a la luz de los resultados, los jóvenes de carreras no afines al sector, tienen pocas referencias del agro, y a priori, no lo ubican en su mapa de posibilidades e intereses. “En relación a lo que se espera de un empleo, se destacan la flexibilidad, el buen ambiente laboral, un propósito y motivación convocante y el cuidado del ambiente y la sustentabilidad como elementos deseados, más allá de una buena retribución económica”, destaca el informe. El agro aparece, a su vez, como un espacio que “posee escasa presencia mental como potencial empleador sobre todo en el ámbito del AMBA. Las empresas y marcas del agro no emergen de manera espontánea en el imaginario”. Este desconocimiento y desinformación trae aparejados algunos prejuicios en cuanto a las condiciones de trabajo y “la cristalización de imaginarios negativos asociados al agro como actividad extractiva y de desgaste, escasa conciencia sobre el cuidado del ambiente, poca innovación y baja incorporación de tecnología (acentuado en AMBA)” sin embargo, se detectan oportunidades debido al vacío de conocimiento en relación a las necesidades de talentos profesionales diversos, la escala y relevancia de muchas empresas que lo componen y la dimensión bioeconómica o agrobioindustrial, que representa para los jóvenes, el costado más interesante, innovador y sustentable. A la luz de estos resultados, algunas de las sugerencias que se destacan en el informe, tienen que ver con reforzar la consideración del sistema agro como sector estratégico, con ventajas competitivas y con proyección de futuro, complementar la información con foco en las empresas vinculadas y la necesidad de talento profesional diverso y presentar la visión de futuro con anclaje en los desarrollos de la bioeconomía y la agrobioindustria. “Adicionalmente, se detecta una oportunidad de mayor relacionamiento institucional con las universidades” para aportar información general y sobre las oportunidades de empleo con el fin de generar atractivo y motivación. |
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Costos, mercados y el desafío de producir en un escenario cambiante
En el marco de la participación de CONINAGRO en la Fiesta Nacional de la Papa que se está llevando a cabo este fin de semana en Comandante Nicanor Otamendi; el presidente de la entidad Lucas Magnano junto al secretario Mario Raiteri, el Consejero José Linares y el titular de la Federación Nacional de Productores de Papa, Alfredo Pereyra, realizaron una conferencia de prensa, abriendo la agenda que hará CONINAGRO en el vecino distrtito General Alvarado.
Magnano llegó a la región para acompañar a Alfredo Pereyra, titular de la Federación Nacional de Productores de Papa, y a los productores locales. Su presencia no es solo institucional: también tiene un fuerte componente territorial, en contacto directo con quienes enfrentan a diario las complejidades del campo.
“Es un honor estar presente, no solo en lo personal sino en lo institucional, y también es un deber acompañar a la Federación de Papa que integra Coninagro”, expresó Magnano. Agradeció el recibimiento de los referentes locales y destacó la importancia de “estar cerca del productor, conocer sus dificultades y tratar de ver en qué se puede ayudar”.

El dirigente definió el momento actual como particularmente desafiante. A los factores estructurales se sumó en las últimas semanas un elemento externo que encendió alertas: el conflicto en Medio Oriente.
“El aumento del petróleo impacta directamente en los costos, y no solo en el combustible sino también en los fertilizantes. Estamos en plena planificación de la campaña fina y esto genera incertidumbre porque puede modificar la estructura de costos y las decisiones productivas”, advirtió.
Según detalló, los fertilizantes nitrogenados registraron subas de entre 150 y 200 dólares, lo que agrega presión a un esquema productivo ya exigido.
A nivel local, Magnano también puso el foco en la infraestructura. Señaló que el estado de las rutas sigue siendo un problema para el sector, aunque reconoció avances en los procesos de concesión y la intención oficial de impulsar el desarrollo ferroviario.
“Necesitamos rutas en condiciones para bajar los costos logísticos. Si a eso se le suma un sistema ferroviario eficiente, sería una complementación clave en un momento en el que se espera una cosecha importante y mucho volumen para transportar”, explicó.
El análisis productivo también incluyó el tradicional “semáforo” de economías regionales que utiliza Coninagro. Allí, si bien algunas actividades se mantienen en verde, como los cereales o la ganadería, otras atraviesan situaciones más complejas.
“Que una actividad esté en verde no significa que esté todo bien, y que esté en rojo no quiere decir que esté todo mal. Se analizan múltiples variables, desde el mercado hasta la producción”, aclaró. En ese esquema, la papa no escapa a las dificultades, influenciada tanto por factores climáticos como por cambios en el escenario internacional.
Uno de los puntos que más preocupa es el reacomodamiento global del mercado. China, históricamente importadora, hoy se posiciona como productor y exportador, generando un impacto directo en los precios y en la dinámica comercial.
“A nivel mundial hay mucha producción y eso afecta el negocio. En Argentina también tuvimos una campaña muy buena el año pasado, lo que generó una sobreoferta y caída de precios”, explicó.
Frente a este escenario, el Presidente fue claro: la eficiencia es hoy la clave, independientemente del tamaño del productor.
“La situación es compleja para todos. No pasa tanto por la escala sino por hacer bien las cosas, ser prolijo y eficiente. Los tiempos cambiaron y eso obliga a adaptarse”, sostuvo.
En esa línea, también remarcó que los productores deben modificar estrategias, utilizar más capital propio y ajustar cada variable del negocio, desde la producción hasta la logística.

Otro de los reclamos estructurales del sector sigue siendo la carga impositiva. Si bien reconoció avances en la baja de retenciones, planteó que el camino aún no está completo.
“Es importante que se continúe con la reducción de impuestos para aliviar al sector. También se necesita un mayor alivio fiscal a nivel provincial”, indicó.
Más allá de las dificultades, el dirigente dejó un mensaje de fondo con una mirada estratégica sobre el país.
“Argentina tiene una enorme ventaja: está lejos de los conflictos globales y tiene recursos naturales excepcionales. Si trabajamos con un rumbo claro, podemos abastecer al mundo con productos de calidad”, afirmó.
Y concluyó con una definición que sintetiza el espíritu del sector: “El compromiso del campo está para generar inversión, trabajo y desarrollo. Argentina tiene que volver a ser el país que todos soñamos”.
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Diplomatura en Políticas Públicas Agropecuarias
La Diplomatura en Políticas Públicas Agropecuarias, impulsada por Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), la Fundación CRA y la Escuela de Política y Gobierno de la Universidad Católica Argentina (UCA), incorpora para su edición 2026 una nueva modalidad de cursado asincrónica, pensada para ampliar el acceso a la formación y brindar mayor flexibilidad a los participantes.
Esta nueva modalidad permitirá que los estudiantes puedan organizar su cursada a su propio ritmo, accediendo a las clases y contenidos en el momento que les resulte más conveniente y desde cualquier lugar. De esta manera, se busca facilitar la participación de productores, profesionales, dirigentes y personas interesadas en el desarrollo del sector agropecuario que, por cuestiones laborales o geográficas, no podían asistir a instancias de cursado en horarios fijos.
La diplomatura mantiene el mismo nivel de calidad académica y el enfoque en el análisis, diseño e implementación de políticas públicas vinculadas al agro, uno de los sectores estratégicos para el desarrollo económico y social del país.
El programa es una iniciativa conjunta de Confederaciones Rurales Argentinas, Fundación CRA y la Universidad Católica Argentina, instituciones que trabajan en la formación de dirigentes y profesionales comprometidos con el futuro del sector agropecuario y el desarrollo federal de la Argentina.

La edición 2026 de la Diplomatura en Políticas Públicas Agropecuarias iniciará en abril.
Las personas interesadas pueden obtener más información e inscribirse a través del siguiente enlace: https://bit.ly/3OttJU7 o escribir un mail a [email protected]
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La economía podría dar un salto productivo si se eliminan las retenciones
Un estudio del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School sostiene que, con alivio fiscal e inversión en infraestructura y tecnología, el sector podría alcanzar 251 millones de toneladas y convertirse en el principal vector estructural de crecimiento de la economía argentina
En un contexto en el que la economía argentina necesita consolidar generación genuina de divisas y crecimiento sostenido, un nuevo informe elaborado por el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral y el IAE Business School plantea que el sector agroindustrial podría expandirse un 90% en la próxima década si se eliminan los derechos de exportación y se corrigen los principales cuellos de botella estructurales.
Según el estudio, realizado en conjunto con la Bolsa de Comercio de Rosario bajo el modelo Agmemod, la producción podría alcanzar 251 millones de toneladas en diez años, impulsando una expansión significativa del PBI y de las exportaciones.
Actualmente, el complejo agroindustrial aporta el 23% del Producto Bruto Interno y genera el 60% de las exportaciones totales del país. Solo los complejos oleaginosos y cerealeros explican el 45% de las divisas que ingresan a la economía argentina.
“Argentina cuenta con una base productiva agroindustrial extraordinaria, pero su potencial está condicionado por factores macroeconómicos que limitan la inversión y el crecimiento”, señala Guillermo D’Andrea, profesor del IAE Business School.
Para la campaña 2025/26 se estima que habrá 27,7 millones de toneladas en cosecha fina, con ingresos superiores a 4.500 millones de dólares, y 154 millones de toneladas en cosecha gruesa, con un ingreso estimado de entre 32.000 y 37.000 millones de dólares.
En las últimas tres décadas, la producción se triplicó mientras el área sembrada sólo se duplicó, impulsada por biotecnología, agricultura de precisión, digitalización y mejoras logísticas.
El costo macroeconómico de la presión fiscal
El informe advierte que la presión sobre la renta agrícola alcanza el 55,5% y llegó al 63,6% en junio de 2025 al ponderar cultivos clave como soja, maíz, trigo y girasol.
En contraste, los productores de la Unión Europea reciben apoyos equivalentes al 16%, en China al 13% y en Estados Unidos al 7%. En Brasil, el respaldo promedio al sector ronda el 0,5% del PBI.
Entre 1997 y 2023, Argentina extrajo del sector recursos equivalentes al -1,6% del PBI anual.
“La presión fiscal actual reduce fuertemente los incentivos a invertir y adoptar tecnología en el agro. Corregir ese esquema impositivo es clave para liberar el potencial productivo del sector”, explica Daniel Mamone, investigador del IAE Business School.
“Eliminando las retenciones y mejorando infraestructura y adopción tecnológica, el agro podría convertirse en el principal motor estructural del crecimiento argentino”, sostiene Bernardo Piazzardi, investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.
Al respecto de la infraestructura e inversión, ahí se presenta otro cuello de botella. El 90% del transporte de granos se realiza por camión y solo el 10% por tren. De los 640.000 km de red vial, el 62% corresponde a caminos municipales, mayormente sin pavimentar. Apenas el 6% son rutas nacionales y solo 3.200 km son autopistas o autovías.
El sector aportó 28.686 millones de dólares en tributos en 2023. Mantener en condiciones adecuadas la red vial demandaría entre 3.200 y 6.500 millones de dólares anuales, equivalente a apenas el 17% de su aporte tributario.
“Si se corrigen los déficits de infraestructura y se incentiva la inversión tecnológica, el agro puede convertirse en un vector central de crecimiento para toda la economía”, afirma Ernesto Ruete Güemes, investigador del IAE Business School.
En paralelo, el parque de maquinaria presenta atraso tecnológico: el 73% de los tractores y el 46% de las cosechadoras superan los 15 años de antigüedad. Mientras la productividad total de factores cayó 6% en Argentina en los últimos 20 años, en Brasil creció 45%.
A pesar de todas las trabas, la última encuesta AgBarometer Austral, conocida como el índice de confianza del campo que elabora el Centro de Agronegocios y Alimentos, indica que el 80% de los productores estaría dispuesto a modernizar su maquinaria si mejoran las condiciones de rentabilidad y financiamiento.
Según el estudio, la modernización tecnológica no es consecuencia del crecimiento, sino condición previa para impulsarlo.
El potencial impacto en la economía argentina
Bajo un escenario de eliminación de retenciones, mejora de infraestructura, adopción tecnológica y expansión de 6,5 millones de hectáreas adicionales, el sector podría crecer 90% en diez años.
En ese contexto, la producción podría alcanzar 251 millones de toneladas, lo que aumentaría significativamente su participación en el PBI, aceleraría la generación de divisas para la economía argentina y permitiría financiar la reconstrucción integral de la red vial en apenas tres años.
La clave no es sólo sectorial sino macroeconómica. “Reemplazar la lógica extractiva por una estrategia de inversión y productividad permitiría transformar al agro en el eje estructural del crecimiento argentino”, concluye Piazzardi.

