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Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia Completa

24 de marzo de 2025

La Casa Rosada invitó al politólogo y escritor Agustín Laje, para que comparta su historia de vida y narre su experiencia aprendiendo sobre la década de 1970.

El adoctrinamiento que recibió en la escuela y la censura que experimentó en su aprendizaje lo llevaron a buscar más allá de lo que le enseñaron, y contra muchos obstáculos, hoy puede contar la historia completa.

“Nací en 1989, soy parte de una generación que vivió toda su vida en democracia. Los violentos años 70 no llegaron a mí como un ejercicio de memoria histórica que se convirtió en política estatal justo cuando entré en el colegio secundario.

En la práctica esta política funcionó como un proceso de destrucción de la verdad histórica con fines partidarios, ideológicos y económicos. Lejos de conocer lo que verdaderamente ocurrió en la década del 70, los alumnos del siglo XXI fuimos adoctrinados en un relato historietístico, maniqueo y reduccionista.

Si la “Teoría de los Dos Demonios” ya era en sí misma reduccionista dado que le salvaba el pellejo a la casta política, responsable primero de impulsar el terrorismo y después de promover la represión ilegal, la primera década del siglo XXI conoció la “Teoría del Demonio Único”.

La Teoría del Demonio Único dice más o menos así: el horror de la década del 70 empieza un 24 de marzo de 1976, día en que las fuerzas armadas encabezan un golpe de Estado, poniendo en marcha un plan de aniquilamiento de jóvenes idealistas que luchaban por un mundo mejor, dejando como saldo 30 mil desaparecidos. Esta era toda la historia que nos contaban en el colegio, pero a mi algo no me cerraba, me parecía que al relato le faltaban partes, me parecía que la historia que me estaban vendiendo estaba sesgada e incompleta. Por eso a mis 15 años decidí empezar a investigar por mi propia cuenta. Accedí a numerosa bibliografía, recorrí hemerotecas y me entrevisté con protagonistas de la época y así pude conocer mejor nuestro pasado.

El politólogo y escritor Agustín Laje.

Mientras hacía esto era notorio en el colegio que a la mayoría de mis profesores no les agradaba que un simple alumno pusiera en crisis la Teoría del Demonio Único que ellos tanto se esforzaban por instalar. Recuerdo la incomodidad en sus rostros cuando les hacía preguntas que no podían o no querían responder, en una ocasión rompieron carteles de las víctimas del terrorismo que yo había llevado para que el resto de los alumnos no conocieran nada sobre estas víctimas. En otra ocasión llegaron a sugerirme que si no aguantaba el adoctrinamiento me cambiara de colegio. Todo esto aumentaba en mí la pasión por la verdad histórica. Desde entonces entendí que la historia no es solo aquello que nos cuentan, sino, sobre todo, lo que nos atrevemos a descubrir.

En realidad, el horror de los años 70 fue parte del contexto de la guerra fría en el que los Estados Unidos y la Unión Soviética, las dos superpotencias de la época se enfrentaron de forma indirecta a través de sus respectivas áreas de influencia. Nuestra América Latina en particular fue el escenario de conflictos armados internos entre organizaciones terroristas y guerrilleras que respondían a los ideales del socialismo, por un lado, y, por otro lado, las fuerzas armadas de los respectivos países que protagonizaron golpes de estado en toda la región.

Ya desde la década de 1960, las organizaciones terroristas de izquierda afloraron en toda la región, auspiciadas en la mayoría de los casos por la Cuba del tirano Fidel Castro. Así, en Chile operó el MIR; en Uruguay, los Tupamaros; en Bolivia, el ELN; en Paraguay, el Movimiento 14 de Mayo; en Colombia, las FARC, el ELN y el M19; en Brasil, la Acción Libertadora Nacional; en Venezuela, las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional; en Guatemala, las Fuerzas Armadas Rebeldes y el Ejército Guerrillero de los Pobres; en El Salvador, las Fuerzas Populares de Liberación y el Frente Farabundo Martí; en Nicaragua, el Frente Sandinista; en Costa Rica, el Movimiento Revolucionario del Pueblo; en Perú, poco más tarde, Sendero Luminoso, y así sucesivamente.

En lo que respecta a la Argentina, las organizaciones terroristas de mayor envergadura fueron los montoneros y el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). Ambas fueron creadas varios años antes de 1976 y llevaron adelante los más horrendos crímenes y actos de terrorismo.

En la sentencia del Juicio a las Juntas Militares de 1985 se computó que las organizaciones terroristas cometieron:

– un total de 5215 atentados explosivos
– 1052 atentados incendiarios.
– 1748 secuestros.
– 1501 asesinatos.
– 45 copamientos de unidades militares y policiales.
– 2402 robos de armamentos.

Entre otros miles de atentados de naturaleza guerrillera y terrorista.

En este contexto, en la misma sentencia se calculó que las organizaciones terroristas, en su momento de máximo apogeo, sumaban alrededor de 25 mil integrantes de los cuales 15 mil eran combatientes. Más aún, dicho fallo judicial sostuvo que las organizaciones terroristas cito: “multiplicaron su accionar y produjeron en el lapso posterior de la instauración del gobierno constitucional de 1973 la mayor parte de los hechos delictivos registrados estadísticamente para todo el periodo analizado”, es decir, las organizaciones terroristas llevaron adelante la mayor parte de sus atentados contra gobiernos democráticamente elegidos, lo que pretendían era perpetrar su propio golpe de Estado para instalar en la Argentina un sistema de corte socialista a la fuerza, asimilable a la Cuba Castrista.

Este ataque fue direccionado desde el extranjero. El apoyo cubano a los terroristas no fue sólo ideológico, sino también logístico, económico y militar. Tanto Montoneros como el ERP enviaron cuadros a La Habana para recibir entrenamiento en tácticas de combate, sabotaje y guerra de guerrillas. Entre otros muchos, destaca el testimonio de Jorge Masetti, ex guerrillero del ERP, que en un libro autobiográfico, contó en su experiencia personal en los entrenamientos cubanos:

“Debía pasar 3 meses en una unidad militar especial. Me entregaron botas y uniforme verde oliva y ropa interior del mismo color. Me advirtieron que no podría salir en los tres meses que duraría el curso y que mis movimientos debían limitarse a 50 metros a la redonda del área que se me sería asignada. En mi vida había visto tantos fierros juntos. Pistolas, revólveres, fusiles, granadas y hasta bazucas y lanzacohetes, más un montón de cajas de municiones. Comenzamos con las clases teóricas, uso táctico, funcionamiento, alcance efectivo, arme y desarme de campaña, balística y otras cuestiones relacionadas con tema. Para las clases prácticas iba al polígono y disparaba con todo tipo de armamento de infantería. También practicábamos el tiro en movimiento, de defensa y de atentado, a píe y desde un auto, inclusive el tiro con fusil desde una avioneta”. Nada de esto se nos ha contado a quienes no vivimos los años 70, fuimos empujados a ignorar esta parte crucial de nuestra historia simplemente porque no convenía a los mercaderes y lo que tampoco convenía era contarnos que, según las mismas organizaciones terroristas, lo que atravesaba la argentina en la década del 70 era un verdadero estado de guerra revolucionaria. De esto no cabía la menor duda en el momento en que la historia tenía lugar. Por ejemplo, desde su revista El Combatiente, el líder del ERP, Mario Roberto Santucho, el 16 de octubre de 1974, en pleno gobierno constitucional, decía lo siguiente:

“En los comienzos de la generalización de la guerra civil redoblaremos nuestros esfuerzos de organización y militancia revolucionaria”.

A su vez, en esa misma revista el 24 de noviembre del mismo año, se publicaba un artículo titulado “¿Por qué estamos en un proceso de guerra?, donde se afirmaba:

“Nuestro partido decidió crear el ejército revolucionario, es decir, asumir uno de los aspectos de lucha de clases, el de más alto nivel, la lucha armada, la guerra popular revolucionaria como poder. La lucha será larga, sin cuartel en la que no se puede dar la mínima concesión al enemigo. En la que el problema militar, el aniquilamiento del enemigo por parte de las fuerzas populares adquiere una importancia fundamental”.

Como estos existe un centenar de ejemplos similares.

Por su parte, Montoneros hacía lo propio a través de sus órganos de prensa. En septiembre de 1975 bajo un gobierno democráticamente elegido, la revista Evita Montonera afirmaba “esta guerra, como toda guerra se rige por un principio básico y elemental, proteger las propias fuerzas y aniquilar las del enemigo”.

El mismísimo Juan Domingo Perón en una carta a Montoneros fechada en febrero de 1971 caracteriza como guerra revolucionaria lo que está ocurriendo en la República Argentina:

“Totalmente de acuerdo en cuanto afirman sobre la guerra revolucionaria, es el concepto cabal de tal actividad beligerante, han de comprender los que realizan la guerra revolucionaria que en esa guerra todo es lícito si la finalidad es conveniente”.

Ya en 1974 a través de otra carta, esta vez dirigida a los militares del Regimiento de Azul que había sido atacado por los terroristas, Perón calificó a estos últimos como “psicópatas” a los que hay que exterminar uno a uno para el bien de la República. Por cadena nacional, Perón habló a todos los argentinos y dijo que había que “aniquilar” cuanto antes este terrorismo criminal.

El lenguaje bélico es patente. Mientras los hechos se desarrollaban, los protagonistas hablaban y actuaban sabiéndose parte de una guerra revolucionaria. Por eso, tras el retorno de la democracia, incluso en la sentencia del juicio a las juntas militares de 1985 se reconocía lo siguiente:

“En consideración a los múltiples antecedentes acopiados en este proceso, y a las características que asumió el fenómeno terrorista en la República Argentina, cabe concluir que dentro de los criterios clasificatorios que se vienen de expresar, éste se correspondió con el concepto de guerra revolucionaria”.

Sin embargo, los promotores de la Teoría del Demonio Único han negado la existencia de una guerra en la Argentina de los 70. Para ello, han acusado a quienes describen como un conflicto bélico lo ocurrido en aquel periodo, de intentar justificar los horrores cometidos por las fuerzas armadas. No obstante, la realidad es exactamente la opuesta. Quienes han negado la guerra revolucionaria, lo han hecho con el propósito de borrar de la historia los horrores cometidos por las organizaciones terroristas y para eliminar de la memoria colectiva a sus víctimas.

La historia debe contarse completa o se convierte en un instrumento de manipulación política. No hay tal cosa como una verdad a medias. La omisión de lo necesario es tan grave como la afirmación del error. Si borraron de la historia las atrocidades de las organizaciones terroristas, también se encargaron de ocultar el hecho de que los métodos ilegales de represión estatal comenzaron durante el gobierno democrático anterior al 24 de marzo de 1976. En efecto, durante la presidencia de Juan Domingo Perón se creó y empezó a actuar la Triple A. Una organización paramilitar vinculada al gobierno que secuestró y asesinó a cerca de 500 personas. Además, en febrero y en octubre de 1975, el gobierno de María Estela Martínez de Perón ordenó por medio de dos decretos del Poder Ejecutivo las operaciones militares y de seguridad que sean necesarias a los efectos de “…aniquilar el accionar de los elementos subversivos”. Primero en Tucumán, provincia dominada por el ERP, y luego en todo el país.

Por entonces, ya era frecuente que los órganos de prensa de los terroristas denunciaran métodos de represión ilegal como la técnica de la desaparición forzada de sus integrantes. Por ejemplo, en su número de marzo de 1975, la revista Evita Montonera daba cuenta de un número indeterminado de secuestrados y desaparecidos. Asimismo, las organizaciones guerrilleras le endilgaban al gobierno la responsabilidad por los asesinatos de la Triple A.

Hay que recordar que la CONADEP, la Comisión Nacional creada tras el retorno de la democracia para investigar la represión ilegal del Estado, contabilizó en su libro “Nunca Más” varios cientos de desaparecidos en los meses previos al 24 de marzo de 1976. Esto llevó a sus autores a concluir que la técnica de la desaparición forzada de personas se diseñó y se implementó con anterioridad a esa fecha y que tras el golpe de Estado su implementación se intensificó. Según el anexo más actualizado del “Nunca Más” hubo 1169 desaparecidos entre 1969 y el 24 de marzo de 1976.

¿Por qué borraron de la memoria esos desaparecidos? ¿Tenían acaso menos valor por haber desaparecido antes del 24 de marzo de 1976? Más aún, ¿de quién son responsabilidad esos desaparecidos? ¿A quiénes quisieron proteger aquellos que nos dijeron que el drama de los 70 había empezado un 24 de marzo de 1976 y que no debíamos mirar hacia atrás de esa fecha?

Tras el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la horrorosa represión ilegal continuó y se intensificó. Las ejecuciones, las torturas, las desapariciones, fueron parte de la metodología empleada.

Por intereses políticos, ideológicos y económicos, los partidarios de la Teoría del Demonio Único decidieron no ajustarse a los números que surgían de las investigaciones realizadas desde la vuelta de la democracia, sino que se empecinaron con instalar la consigna de los 30 mil desaparecidos. ¿Pero cuál fue el origen de esta consigna? Luis Labraña, el ex guerrillero que confesó públicamente haber inventado la cifra, dijo que lo hicieron porque necesitaban inflar la cantidad de desaparecidos a los fines de conseguir mayores apoyos en Europa.

Pero el negocio del setentismo propiamente dicho se inauguró tras el retorno de la democracia. Solo en concepto de indemnizaciones, muchas de ellas de dudosa legitimidad, le hicieron al Estado Argentino desembolsar 2111 millones de dólares hasta el 30 de noviembre de 2015. A esto hay que sumarle los negociados de los autodenominados “Organismos de los Derechos Humanos” con el Estado, que, en realidad, funcionaron como estructuras de poder político de los gobiernos de turno. Desde universidades de mentira hasta constructoras fraudulentas de casas que nunca se hicieron, la corrupción afloró por doquier. Estos organismos no solo fueron financiados con recursos del Estado, sino que también sirvieron como usinas de adoctrinamiento y como trampolines políticos para sus dirigentes. Mientras tanto, las victimas del terrorismo nunca recibieron reparaciones ni reconocimiento alguno. El resultado fue un modelo de impunidad selectiva en el que algunos cobraban millones y los otros ni siquiera tenían derecho a la memoria.

Regresando a la cifra de los 30 mil desaparecidos, lo cierto es que jamás surgió de ninguna investigación. En su informe publicado en 1985 la CONADEP contabilizó 8961 desaparecidos para todo el periodo estudiado. A su vez, el último relevamiento de la Secretaría de Derechos Humanos realizado en el año 2015 en el marco del Registro Único de Víctimas del terrorismo de Estado arribó a un total de 6348 desaparecidos y 952 ejecutados a la luz pública. Sumados, dan 7300 casos entre desaparecidos y ejecutados.

Siempre me pareció inadmisible que existiendo investigaciones oficiales llevadas adelante y actualizadas bajo gobiernos democráticos, se nos hubiera impuesto una suerte de obligación moral de mentir. Vaya locura. Una obligación moral de aferrarnos a la mentira cuando en realidad lo que la historia exige es la verdad. Otra vez nos dijeron que si no repetíamos ni convalidábamos el número 30.000, eso era porque pretendíamos negar los horrores de la represión ilegal. ¿Pero a quién se le ocurrió que a 8961 o 7300 no eran suficientes para dimensionar la magnitud de la violencia y del desastre? ¿A quién se le ocurrió que no eran suficientes para decir nunca más? ¿A quién se le ocurrió que esos números por sí solos no causaban escozor?

La historia debe ser completa y rigurosa. No está bien borrar de un plumazo a las organizaciones terroristas con el fin de instalar la Teoría del Demonio Único. No está bien ocultar la situación de guerra revolucionaria que vivía la argentina de los años 70. No está bien disimular el hecho de que la represión ilegal y la técnica de desaparición de personas comenzaron antes del 24 de marzo de 1976. No está bien negar a las víctimas cuando son de un lado e inflarlas cuando son del otro. No está bien inventar cifras con propósitos efectistas. Las generaciones que no vivimos los años 70 queremos conocer la historia de manera completa, integral, respetuosa, sin revanchismos, sin anteojeras ideológicas y sin conveniencias políticas y económicas que la ensucien y la distorsionen. Además, queremos hacerlo en libertad. No aceptamos ninguna clase de censura. No le reconocemos validez a ningún dogma escondido tras la tiranía de la corrección política. Queremos ser libres de conocer nuestra historia. Es la única forma que existe de aprender del pasado y no repetirlo nunca más. Una sociedad que se aferra a la mentira no puede construir un futuro en libertad.

Este 24 de marzo rompamos con el relato impuesto y reivindiquemos nuestro derecho a conocer la verdad completa».

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Paro docente: Gobierno ratificó el 75% de la prestación del servicio educativo


El Ministerio de Capital Humano, comandado por la ministra Sandra Pettovello desde el Consejo Federal de Educación, ratificó “el 75% de la prestación habitual del servicio educativo” en vísperas del paro docente que comenzará este lunes 3 en todo el país.

La resolución se llevó a cabo a través de la Secretaría de Educación que conduce Carlos Torrendel, con el fin de dar cumplimiento a la Ley 27.802 “que consagra la educación como servicio esencial”.

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“Se ratificó el compromiso con la cobertura mínima del 75% de la prestación habitual del servicio educativo, conforme lo dispone la normativa vigente y la potestad del Poder Ejecutivo Nacional de supervisar su cumplimiento por tratarse de una medida de fuerza nacional. La medida busca resguardar el derecho a aprender de los estudiantes y ofrecer previsibilidad a las familias argentinas ante la jornada de paro”, manifestaron desde el Ministerio.

Del encuentro participaron los miembros de las carteras educativas de las jurisdicciones y de la Nación, quienes planificaron en conjunto “las acciones necesarias para garantizar la continuidad del dictado de clases en todo el país y para articular la inspección nacional” durante la jornada que anunció la Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA), el pasado miércoles.


El gremio aseguró que tomó esta nueva medida de fuerza luego de la “permanente negativa” que presenta el Gobierno para entablar una mesa de diálogo y encarar una nueva negociación salarial.

Esta protesta será, en principio, por 24 horas y coincidirá con la vuelta a clases que tenían previsto la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires, Chaco y Santiago del Estero, aunque impactará en todo el país y en los tres niveles: inicial, primaria y secundaria.

Según el comunicado de CTERA y otros sindicatos como la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), el paro persigue otros reclamos como el retorno "inmediato" del Fondo de Incentivo Docente (FONID) y mayor presupuesto para los establecimientos y programas escolares. (NA)

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Paro docente: Aplicarán sanciones si no se cumple el servicio mínimo

El Gobierno fiscalizará a través de las agencias territoriales el cumplimiento de la cobertura mínima exigida durante el paro docente convocado por CTERA para este lunes y elaborará un informe nacional sobre el nivel de actividad.

El Ministerio de Capital Humano, que encabeza Sandra Pettovello, advirtió que, si detecta incumplimientos en la obligación de garantizar el 75% de la prestación habitual del servicio educativo, “se activarán los protocolos para aplicar las sanciones que correspondan” contra las entidades sindicales.

La medida estará coordinada por la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, que depende de Capital Humano. “El lunes habrá que fiscalizar para comprobar si se respetó o no lo que manda el artículo 101 respecto de los servicios esenciales”, expresaron en Nación.

El esquema todavía está bajo definición operativa, pero la intención oficial es que las agencias territoriales recopilen información en las provincias, registren el funcionamiento de los establecimientos y eleven los resultados a la administración central. Esas dependencias responden directamente a la Secretaría de Trabajo y funcionan como enlace territorial con trabajadores, empleadores, sindicatos y autoridades locales.

Un comunicado de Capital Humano brindó detalles de sus mecanismos de control y señaló que “desarrollará una inspección oculear en escuelas de todo el país a fin de verificar que las entidades gremiales que convocan al paro nacional respeten el cumplimiento del 75% de la prestación habitual del servicio educativo”.

Aunque el comunicado menciona una inspección muestral en escuelas de todo el país, en el Ejecutivo no detallaron todavía cuántos establecimientos serán relevados ni si el operativo incluirá pedidos formales de información a las jurisdicciones o un sistema mixto que combine constataciones propias con datos enviados por los gobiernos provinciales.

La base de la intervención será la Ley 27.802 de Modernización Laboral. El artículo 101 modificó el régimen de conflictos colectivos y declaró servicio esencial al cuidado de menores y a la educación de los niveles inicial, primario, secundario y especial. Para esas actividades estableció que la cobertura durante una medida de fuerza no podrá ser inferior al 75% de la prestación normal.

El porcentaje no se refiere necesariamente a que deba asistir el 75% de los docentes ni a que tengan que abrir exactamente tres de cada cuatro escuelas. La norma habla de la “prestación normal del servicio”, por lo que el Gobierno deberá definir cómo traduce ese concepto en indicadores comprobables: establecimientos abiertos, cursos cubiertos, personal afectado, horas de clase o una combinación de esas variables.

La ley prevé además un procedimiento previo. El sindicato debe notificar la medida a la contraparte y a la autoridad laboral con cinco días de anticipación y, al día siguiente, las partes deben acordar ante Trabajo las modalidades del servicio mínimo, con identificación del personal, horarios, funciones y forma de ejecución.

Cuando no exista un acuerdo o la cobertura propuesta sea insuficiente, la Secretaría de Trabajo puede fijar los servicios mínimos en consulta con la Comisión de Garantías. La decisión debe ser notificada a las partes y puede establecer cuántos trabajadores deben prestar tareas, en qué horarios y bajo qué esquema operativo.

El régimen también obliga a informar a las familias y a los usuarios, al menos 48 horas antes de la protesta, cómo funcionará el servicio, cuánto durará la medida y de qué manera se garantizará la prestación mínima. Ese punto podría formar parte del relevamiento que realizará Capital Humano.

En el Gobierno aclaran que una sanción no sería automática por el nivel de adhesión al paro. Primero deberá constatarse el incumplimiento, determinarse qué obligación concreta no fue respetada, identificar a la entidad responsable y sustanciarse el procedimiento administrativo correspondiente, con posibilidad de defensa y revisión judicial.

El artículo 24.6 remite a los regímenes sancionatorios de las leyes 14.786, 23.551 y 25.212. Esas normas permiten, según el tipo de infracción, disponer intimaciones, apercibimientos y multas, además de promover acciones judiciales contra una asociación sindical que desobedezca resoluciones de la autoridad laboral.

La Ley de Asociaciones Sindicales faculta a Trabajo a exigir que un gremio deje sin efecto medidas que vulneren la legislación o incumplan disposiciones de la autoridad competente. Ante una desobediencia persistente, el Poder Ejecutivo no puede retirar por sí solo una personería, pero la autoridad laboral puede acudir a la Justicia para solicitar su suspensión, cancelación o la intervención de la organización.

Las agencias territoriales serán la herramienta para reunir el respaldo fáctico de una eventual actuación posterior. La estructura laboral nacional puede recibir denuncias, realizar inspecciones cuando existe competencia federal, instruir sumarios y coordinar acciones con las provincias, que conservan facultades autónomas de policía del trabajo dentro de sus jurisdicciones.

Ese reparto de competencias será uno de los puntos sensibles. Las escuelas y los docentes dependen mayoritariamente de las provincias y de la Ciudad de Buenos Aires, mientras que CTERA es una confederación nacional. Por eso, Nación puede intervenir sobre el conflicto colectivo y la conducta de la organización sindical, pero necesitará información de las jurisdicciones para reconstruir qué ocurrió concretamente en cada establecimiento.

El operativo del lunes será la primera prueba de alcance nacional del nuevo régimen en el sistema educativo. La Casa Rosada buscará demostrar que la declaración de esencialidad tiene aplicación efectiva, mientras CTERA reclama la convocatoria a la paritaria nacional, la restitución del Fondo Nacional de Incentivo Docente y mayores fondos educativos. El informe de las agencias territoriales será el documento que utilizará Capital Humano para decidir si cierra la actuación, intima a las partes o abre un procedimiento sancionatorio.

Foto: El presidente Javier Milei y la ministra Sandra Pettovello. (Foto: X @JMilei) . Ignacio Salerno (TN)

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Milei recibió las cartas credenciales del nuncio apostólico Michael Banach

El presidente Javier Milei recibió este 31 de julio las cartas credenciales del nuncio apostólico de la Santa Sede, monseñor Michael Wallace Banach, durante una ceremonia realizada en el Salón Blanco de la Casa Rosada, con lo que quedó formalmente iniciado su servicio diplomático como representante del papa León XIV en la Argentina.

El acto fue encabezado por el jefe de Estado, acompañado por el canciller Pablo Quirno. En la misma ceremonia, el Presidente recibió también las cartas credenciales de la embajadora de la República Federal de Alemania, Catalina Cullas, y del embajador de la República de Corea, Lee Chong Hwa.

Días atrás, monseñor Banach había entregado las copias de estilo de sus cartas credenciales al canciller Quirno, quien destacó entonces en sus redes sociales que la llegada del representante pontificio "abre una nueva etapa de trabajo fraterno entre la Iglesia y el Estado argentino, un camino de encuentro que nos compromete y nos desafía a fortalecer el trabajo conjunto con esperanza y desafíos compartidos".

La presencia del nuevo nuncio apostólico marca el comienzo de una misión que estará acompañada por la expectativa de una futura visita del papa León XIV a la Argentina.

Antes de la presentación oficial de sus credenciales al Presidente, monseñor Banach mantuvo encuentros con el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Marcelo Colombo; con el secretario general del Episcopado, monseñor Raúl Pizarro; y con el secretario de Culto y Civilización, Agustín Caulo.

La Conferencia Episcopal Argentina informó, además, que el próximo jueves 6 de agosto, a las 11, monseñor Banach presidirá una misa en la catedral metropolitana de Buenos Aires, durante la cual presentará oficialmente sus credenciales como representante del Santo Padre ante la Iglesia en la Argentina a monseñor Colombo.

Con ese motivo, la CEA invitó a los obispos que puedan participar a concelebrar la celebración eucarística, que marcará también el inicio formal del ministerio pastoral del nuevo nuncio ante la Iglesia argentina.

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