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¡Campeonas del mundo!

29 de agosto de 2026

Las Leonas se consagraron campeonas del mundo al ganarle una emocionante final a Países Bajos contra casi todos los pronósticos.

La definición se dio por penales: Argentina se impuso por 3 a 1, tras un duro 1 a 1 en el tiempo regular.

La Selección Argentina se clasificó líder tanto en la primera como en la segunda fase, vencieron a Australia en semifinales y ahora van por el título ante las neerlandesas, candidatas y máximas ganadoras del torneo.

La Selección Argentina tuvo una Copa del Mundo casi perfecta y llega invicta a la final: en la primera ronda formó parte del Grupo B donde le ganaron 3-2 a Alemania y 2-0 a Escocia e igualaron 1-1 frente a Estados Unidos, resultados que les permitieron clasificar a la segunda fase en lo más alto.

Allí enfrentaron a España y Bélgica además de arrastrar el resultado ante las alemanas, y con victoria 3-0 ante las españoles y empate frente a las belgas se metieron en semis como líderes del Grupo F. En el primer partido mano a mano, Las Leonas tuvieron un encuentro muy parejo contra Australia, pero en el último cuarto un gol de Julieta Jankunas les dio el triunfo y la clasificación a la final.

Por su parte, Países Bajos arrolló a todos sus rivales y se metió en el partido por el título habiendo ganado todos los encuentros: por el Grupo A venció 2-0 a Chile, 4-2 a Australia y 9-0 a Japón; mientras que en el Grupo E, por la segunda ronda, derrotaron 2-0 a India y 4-1 a China.

A su vez, en semifinales le ganaron 1-0 a Bélgica y ahora van por el décimo título.

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El desafío que deberá afrontar Ponzio en River

Leonardo Ponzio asumió de manera interina y tendrá por delante el desafío de encaminar a un River golpeado., tras la salida de Eduardo Coudet,

Más allá de los compromisos y de la clasificación a las copas internacionales, el principal desafío será recuperar la identidad de un equipo que viene de atravesar dos ciclos sin encontrar una respuesta futbolística y anímica.

River necesita algo más que resultados. Necesita volver a sentirse equipo. Ese será el principal desafío que tendrá por delante Ponzio, al menos durante su interinato, y también quien sea elegido para conducir al Millonario de manera definitiva. Porque más allá de los partidos que aparecen en el horizonte y de la necesidad de sumar, en Núñez hay una cuestión mucho más profunda por resolver.

Es una necesidad que el club ya tenía cuando se produjo la salida de Marcelo Gallardo después de su segundo ciclo y que Eduardo Coudet no consiguió solucionar. En aquel momento, el diagnóstico apuntaba a que River no necesitaba solamente un cambio de esquema o de nombres. Necesitaba un cambio de mentalidad.

Más allá de la frialdad de los números, lo que se observaba dentro de la cancha era todavía más preocupante: jugadores perdidos, desconectados y con poco compromiso en momentos determinantes. Eran señales de un fin de ciclo que se había consumido desde adentro hacia afuera. La energía ya no era la misma y tampoco la capacidad de reacción. Y cuando eso sucede, el problema deja de ser exclusivamente táctico.


Con el Chacho hubo una primera diferencia: River consiguió resultados. El equipo empezó a sumar, encontró en las victorias una manera de sostener el ciclo y llegó a la final del Apertura con Belgrano, en lo que fue el primer golpe negativo.

Pero detrás de esos resultados había una cuestión que nunca terminó de resolverse: River no encontraba una forma de juego clara. El equipo podía ganar, pero no terminaba de construir una identidad que le permitiera sostener esos triunfos desde el funcionamiento. Esa falta de respuestas fue acumulando tensión hasta convertirse en una bomba de tiempo.

La derrota ante el Pirata en la final fue el punto de quiebre. Para el nuevo semestre el club decidió apartar a 15 jugadores y se produjo la imagen del famoso "container de Cantilo", una situación que expuso el profundo proceso de reestructuración que atravesaba el plantel. A eso se sumó la salida de Juan Fernando Quintero, quien terminó rescindiendo su contrato.

Después, la sucesión de episodios continuó. River quedó eliminado de la Copa Argentina tras una pobre actuación ante Aldosivi en Salta. Llegaron las derrotas en el comienzo del Clausura, apareció el triunfo ante Argentinos para conseguir algo de oxígeno y luego llegó la serie ante Independiente Santa Fe, que terminó siendo determinante.

No alcanzaron los millones ni los refuerzos de Selección. River incorporó jugadores de jerarquía como Nicolás Otamendi, Ángel Correa y Thiago Almada, pero tampoco consiguió transformar ese potencial individual en un funcionamiento colectivo.

Por eso, el principal pecado de Coudet en River no fue una derrota, una eliminación ni una decisión táctica puntual. Fue no haber logrado convertir un plantel repleto de recursos en un equipo reconocible.


Ahora, con Ponzio al frente, sea por un período corto o por un tiempo mayor, algo que determinarán el tiempo y los resultados, el club de la banda vuelve a encontrarse frente al mismo problema de fondo.

Los jugadores están. El talento también. Lo que falta recuperar es otra cosa: la confianza, la fortaleza mental y la capacidad de reaccionar frente a la adversidad.

Hay un dato que expone con crudeza ese problema: River lleva 28 partidos sin conseguir dar vuelta un resultado después de recibir un gol. La última vez que logró hacerlo quedó cada vez más lejos y el dato ya dejó de ser una simple estadística para transformarse en un síntoma.

El equipo parece no encontrar respuestas cuando el partido se le pone cuesta arriba. Y eso también explica por qué el Monumental dejó de ser aquella fortaleza que históricamente representó para el club. En los últimos tiempos, el Millonario perdió en su propia casa ante rivales que anteriormente hubieran significado otra exigencia.

Por eso, lo primero que deberá hacer el nuevo entrenador no será cambiar el dibujo táctico. Será cambiar el ánimo.

Habrá que recuperar la confianza de futbolistas que vienen atravesando meses de golpes, reconstruir vínculos dentro del vestuario y conseguir que cada jugador vuelva a asumir su responsabilidad dentro del campo. La premisa deberá ser sencilla, pero fundamental: cada partido tiene que ser una oportunidad para empezar de cero.

Volver a ser River
El desafío más importante, en definitiva, será recuperar algo todavía más profundo: la identidad. River construyó históricamente una manera de entender el fútbol. Fue una escuela que marcó una línea alrededor del buen juego, el protagonismo, una idea clara y la convicción de ir a buscar los partidos. Esa característica no depende de un entrenador determinado ni de un nombre propio.

No se trata solamente de ganar, sino también de cómo ganar. El próximo conductor tendrá que entender que los últimos dos ciclos dejaron aprendizajes suficientes. La salida de Gallardo mostró que el desgaste puede llevarse puesta la energía de un equipo. El paso de Coudet dejó en evidencia que los resultados, por sí solos, tampoco alcanzan cuando no existe un funcionamiento reconocible.

Ahora Ponzio tendrá la misión de comenzar a reconstruir desde adentro. Y si finalmente otro entrenador toma el mando, heredará exactamente esa misma responsabilidad: transformar un plantel con recursos en un equipo que vuelva a reconocerse dentro de la cancha.

Las copas internacionales, los resultados y los objetivos deportivos serán importantes. Pero antes de todo eso hay una tarea pendiente. River necesita volver a creer en sí mismo, recuperar el protagonismo y encontrar una identidad. Porque en Núñez se pueden discutir nombres, sistemas y estrategias, pero hay algo que no debería estar en discusión: la forma de jugar y de representar a River. ESPN

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Boca volvió a la Bombonera con un triunfo agónico ante Lanús

Boca Juniors se impuso 1-0 a Lanús con un gol en el tiempo adicionado del segundo tiempo y celebró su vuelta a la Bombonera con una alegría porque ocupa el octavo lugar de la Zona A al cabo de siete presentaciones en el Torneo Clausura. También escaló al tercer lugar de la Tabla Anual, en zona de clasificación a la Copa Libertadores 2027, con 40 puntos, a dos de los líderes, Independiente Rivadavia y Argentinos Juniors (42).

El Granate tuvo las jugadas más peligrosas del primer tiempo disputado en La Boca. El conjunto de Mauricio Pellegrino demoró 90 segundos en mostrar su poder de fuego con un cabezazo de Felipe Peña Biafore rechazado por el travesaño y, sobre el final de la etapa, el palo le negó el gol a Franco Watson. Mientras tanto, el Xeneize se fue al entretiempo sin llegadas bajo los palos de Nahuel Losada, y su acción más clara fue un testazo de Alan Velasco que salió cerca de un palo.

Luego de un inicio deslucido del segundo tiempo, la visita pudo adelantarse en el marcador, pero Peña Biafore realizó un tímido intento contenido sin problemas por el arquero Álvaro Montero. El ex volante de River Plate insistió más tarde con un testazo desviado en el área chica.

l conjunto de Rodolfo Arruabarrena padeció la ausencia de Tomás Aranda, que se lesionó en un entrenamiento y tuvo que ser operado. La buena noticia pasó por Leandro Paredes, quien sumó 30 minutos y su ingreso, junto con el de Sebastián Villa y Enner Valencia, mejoró al equipo.

Sin embargo, los hinchas tuvieron que esperar hasta el final para gritar el único gol: un gran pase de Santiago Ascacíbar dejó mano a mano a Tomás Belmonte, quien resolvió con una definición por encima de Losada para sellar el 1-0 en la última jugada del encuentro.

Ahora, Boca Juniors afrontará un partido clave para lo que resta del año porque el miércoles desde las 21:15 se cruzará con Vélez en Córdoba por el último duelo de los octavos de final de la Copa Argentina y el sábado viajará a Mendoza para enfrentar a Gimnasia desde las 16:30.

Por otro lado, Lanús perdió terreno en la lucha por el pasaje a las copas internacionales del próximo año y necesita volver a la victoria el próximo domingo contra Defensa y Justicia como local (17:00).

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Los Leones pierden 2 a 1 contra Alemania y jugarán por el tercer puesto

La Selección Argentina masculina de hockey perdió 2 a 1 ante Alemania en las semifinales del Mundial. Ahora, Los Leones deberán enfrentarse ante Países Bajos en el partido por el tercer y cuarto puesto.


El encuentro tuvo un primer tiempo parejo y trabado, con pocas situaciones de peligro y sin un claro dominador. Los dos equipos se estudiaron y tuvieron dificultades para encontrar espacios para generar ocasiones de gol, por lo que se fueron al descanso sin diferencias.

Alemania golpeó al comienzo del tercer cuarto. A los tres minutos, Justus Weigand apareció para poner el 1 a 0 y obligar a Los Leones a reaccionar. El conjunto argentino fue en busca del empate y finalmente encontró la igualdad en el último cuarto: tras un córner corto, Tomás Domene convirtió para establecer el 1 a 1.

Sin embargo, cuando parecía que el partido podía encaminarse hacia una definición cerrada, los europeos volvieron a golpear. Weigand apareció nuevamente para marcar su segundo tanto de la tarde, mientras Los Leones estaban con un jugador menos por una tarjeta amarilla, y le devolvió la ventaja a su equipo, que terminó quedándose con el triunfo y el pase a la final.

Los Leones deberán ahora dar vuelta la página y enfocarse en el último partido del torneo. El domingo enfrentarán a Países Bajos por el tercer puesto, en busca de cerrar su participación mundialista con una medalla.

El camino de Los Leones hasta la semifinal
Argentina terminó segundo en el Grupo A de la primera ronda. Allí derrotó 3 a 0 a Japón y goleó 7 a 1 a Nueva Zelanda, mientras que sufrió una derrota por 3 a 1 frente a Países Bajos.

En la segunda ronda, dentro del Grupo E, el seleccionado dirigido por la dupla técnica argentina consiguió dos victorias: superó 3 a 1 a Inglaterra y luego derrotó 5 a 3 a India. Esos resultados le permitieron avanzar a las semifinales nuevamente como escolta de los neerlandeses.

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