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CARTA DEL LECTOR

¿Los humedales artificiales son instrumentos útiles?

5 de junio de 2025

He llamado la atención sobre el hecho de que los niveles de fósforo en el río Areco superan ampliamente los límites permitidos por la legislación argentina, lo que representa un riesgo para la salud humana y el medio ambiente.

También he destacado la falta de medidas de control y vigilancia por parte del gobierno en la zona, como es el Municipio de Carmen de Areco.Los fósforos provienen de diversas fuentes, las más comunes son los detergentes.

Otros aportes de fósforo a las redes de agua superficial y subterránea provienen del escurrimiento procedente de los establecimientos de engorde de ganado de corral, de la erosión de los suelos, de los sistemas cloacales y aguas servidas y del excesivo uso de fertilizantes en chacras, campos y estancias.

Una manera de luchar contra el flagelo de la contaminación acuática es el uso biotecnológico como los humedales artificiales. Los humedales son zonas de transición entre el medio ambiente terrestre y acuático, que sirven como enlace dinámico entre ambos. Son de escasa profundidad y con una importante cantidad de vegetación, formada por plantas acuáticas y semi acuáticas, hace que los niveles de contaminación eliminados por los vegetales, sean muy importantes.

¿Los Municipios pueden pedirle a la Autoridad del Agua (ADA) de la Provincia de Buenos Aires generar proyectos como humedales artificiales para evitar la contaminación de ríos?

Sí, los municipios pueden solicitar la creación de humedales artificiales para evitar la contaminación de un río, y esta solicitud puede ser más que viable. Los humedales artificiales son sistemas de ingeniería que aprovechan la naturaleza para limpiar el agua, especialmente para tratar aguas residuales, reduciendo así la contaminación de ríos y arroyos. La creación de humedales artificiales requiere la autorización de este organismo y se debe asegurar la factibilidad hidráulica de la obra.

Por ejemplo: En el contexto de la Provincia de Buenos Aires, si bien NO existe una ley de humedales urbanos o artificiales. Hay legislación que protege los humedales en general y que puede aplicarse a los humedales ubicados dentro de zonas urbanas que permiten a los municipios solicitar la declaración de un humedal urbano, de oficio o a petición. Esta declaración puede incluir la creación de humedales artificiales como parte de un plan de gestión de aguas. Es lo que vengo solicitando desde hace años, antes que realizarlo que se haga un estudio de impacto ambiental para ver si es factible.

El estudio es crucial para evaluar los posibles efectos del proyecto, tanto positivos como negativos, en el entorno y garantizar la sostenibilidad del proyecto. es fundamental para garantizar que la construcción de un humedal artificial sea un proyecto responsable y sostenible, que no solo ayude a limpiar el río, sino que también minimice los impactos negativos en el entorno natural.

Y… ¿Por qué NO lo hago yo? Porque NO trabajo para el Municipio ni soy integrante de la Dirección de Ambiente. Para eso tienen gente que supuestamente se interesan por la problemática ambiental y debo creer que se encuentran capacitados. Dicha Dirección fue creada en el 2020. Además, si hay que respetar a la Instituciones…

¿Por qué debería hacerlo YO? Es importante que la actual gestión municipal o el que la continúe, debe darle más atención a su responsabilidad de proteger el medio, revisando sus actuaciones, programas, capacitando y formando de los agentes municipales, así como responsabilizando con más énfasis a los sectores productivos de acatar las normas, leyes y garantizando que la operatividad de sus empresas este precedida por procesos que no contaminen porque el combate contra los problemas ambientales es una pelea emblemática contra la burocracia, la corrupción, la falta de gestión… Y es sobre toda la cosa, una lucha emblemática a favor de la vida.

Por Cristián Frers, Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social

CARTA DEL LECTOR

‘La decadencia en la conservación actual’

En una carta enviada a la dirección, bajo el título ‘LA DECADENCIA EN LA CONSERVACIÓN ACTUAL’, Juan Antonio Lorenzani, presidente Fundación Fauna Argentina, señala:

Cuando la cámara es más importante que el bienestar animal!!

El Diagnóstico de la Improvisación:

El pasado sábado, nuestro equipo dedicó horas de observación silenciosa a un juvenil de lobo de dos pelos (18 meses de edad )con una tanza al cuello en el asentamiento de la escollera Sur.. Rescatar a un ejemplar con tal umbral de alerta requiere estrategia, invisibilidad y un respeto absoluto por el entorno, valores que hoy parecen estar en extinción.

 24 horas después, ese trabajo de paciencia fue pisoteado por un oportunista e irresponsable. Este advenedizo ( el de la foto) irrumpió en el sector como un "saltimbanqui" para cortar otro suncho,moviéndose sin el menor cuidado ni protocolo , perjudicando el trabajo del día anterior.Es la imagen viva de la decadencia: alguien que ignora que la presencia humana desmedida es el factor que más estresa y espanta a la fauna.

La realidad del rescate:

Desde que diseñamos la herramienta corta-suncho, la tarea se volvió una rutina técnica. No tiene misterio: un chimpancé entrenado podría cortar un suncho. Lo que no tiene cualquiera es la ética para no arruinar el trabajo ajeno por un minuto de lucimiento personal.

 Cortar es simple; tener el criterio para saber cuándo NO intervenir es lo que define a un verdadero protector.

Cómplices de la farsa:

Hacemos responsable al Consorcio Portuario. Su silencio y su aval a estos "shows" mediáticos los hace cómplices de la degradación de la actividad. Preferir a improvisados por sobre especialistas con 44 años de experiencia es una señal inequívoca de la falta de rumbo institucional.

Conclusión:

Si su vocación es la de ser payaso o domador, le recomiendo que vaya a trabajar a un circo. La lobería es un santuario de resistencia, no el escenario para su decadente promoción personal.

Por Juan Antonio Lorenzani, Presidente Fundación Fauna Argentina

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CARTA DEL LECTOR

‘Las Malvinas, fueron, son y serán argentinas’

En un nuevo aniversario del inicio de la denominada "Guerra de las Malvinas", el ex concejal Mario Rodríguez expresó -mediante una carta- su opinión de manera contundente. "Se cumplen 44 años del conflicto bélico de 1982, en el que 649 compatriotas dejaron su vida, 323 durante el hundimiento del Crucero General Belgrano y 326 en el archipiélago.

Como consecuencia del destrato al que fueron sometidos, y debido a la insensibilidad social del Estado ante el pozo depresivo en el que muchos veteranos cayeron luego de la guerra, la cantidad de soldados que fallecieron post conflicto a causa de suicidios, es de tal magnitud que puede compararse la guerra y la posguerra.

Por respeto a los que no han vuelto y a los que se quitaron la vida; a los que sufrieron enfermedades, traumas y trastornos post bélicos; a los ex combatientes y a los movilizados; en estas fechas tan dolorosas todos debemos actuar con máxima madurez y sensibilidad. Por ello, desde mi modesto lugar de ciudadano comprometido, hago un llamado a los distintos sectores a evitar declaraciones provocadoras, como las efectuadas por algunos en la sesión del HCD con motivo del recuerdo del 50 aniversario del golpe cívico - militar y el homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado.

Malvinas no es para los argentinos un mero diferendo territorial, como el que, por ejemplo, tuvimos con Chile, que se trataba de interpretar un tratado de límites.

El 16 de diciembre de 1965, por impulso del entonces presidente de la Nación Dr. Arturo Illia, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó, por abrumadora mayoría y sin ningún voto negativo, la Resolución 2065, en la cual reconoció formal y expresamente la existencia de la disputa de soberanía entre la República Argentina y el Reino Unido sobre la cuestión de las Islas Malvinas, e instó a las partes a encontrar una solución pacífica a través de negociaciones bilaterales.

La mayoría de los sucesivos gobiernos argentinos protestaron, reclamaron la devolución, la negociación y el arbitraje, y se chocaron siempre con el rechazo prepotente del más fuerte.

La cuestión Malvinas está pendiente, como lo reconocen las Naciones Unidas y la mayoría aplastante de la comunidad internacional. Esto explica que la causa de Malvinas forme parte de nuestra identidad nacional. Por ello seguirá presente como una de las prioridades en nuestra política exterior mientras el conflicto no se resuelva. Todos los gobiernos lo deben entender así.

Se ha afirmado con razón que la dictadura utilizó un método inapropiado invocando una causa justa. El fin no justifica los medios. La Argentina democrática así lo reconoció desde 1983. El 2 de abril es el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra, no el Día de las Malvinas. Hubo jóvenes que dieron sus vidas y otros que volvieron al continente marcados para siempre. Que haya un día para el recuerdo y el homenaje es algo que va más allá del conflicto con el Reino Unido.

Delegar su solución a las generaciones futuras equivale a abandonar la causa. Lo que cabe es discutir en el marco de una Política de Estado cuáles son los métodos apropiados para imponer al Reino Unido la solución pacífica de la controversia, como lo exige el Derecho Internacional".

HONOR Y GLORIA ETERNA A LOS HÉROES. LAS MALVINAS FUERON, SON Y SERÁN ARGENTINAS.

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CARTA DEL LECTOR

2 DE ABRIL: la llama viva de la Patria que no se apaga

Solicito la publicación de este análisis, confiando en el compromiso de su medio con la memoria de Malvinas, el debate público y la defensa del interés nacional y el desarrollo de nuestra querida Provincia de Buenos Ayres. Agradezco el espacio brindado, porque mantener viva esta causa es también mantener viva la conciencia de nuestra comunidad.

2 DE ABRIL: la llama viva de la Patria que no se apaga

Hay fechas que no pasan. Hay fechas que quedan latiendo en el corazón de un pueblo.

El 2 de abril de 1982 no es un recuerdo: es una herida abierta y, al mismo tiempo, una bandera en alto. Es el día en que la Argentina volvió a mirar al Sur y dijo, con la dignidad de los pueblos que no olvidan: las Malvinas son nuestras.

Ese día, jóvenes argentinos -obreros, estudiantes, hijos del pueblo- cruzaron el mar helado con más coraje que abrigo, con más amor a la Patria que recursos materiales. No fueron a una guerra por ambición: fueron a cumplir con una causa histórica, con una deuda de la Nación consigo misma.

Y allí, en ese suelo inhóspito, escribieron una de las páginas más profundas del honor argentino.

Hoy se intenta muchas veces reducir Malvinas a una derrota. Pero eso es no entender nada. Porque nuestros soldados no se rindieron: resistieron. Combatieron. Soportaron el hambre, el frío, el fuego enemigo y, muchas veces, el abandono. Lo que hubo fue un cese de fuego tras 74 días de combate, pero jamás una rendición del espíritu nacional.

El 2 de abril recuerda precisamente eso: el valor de quienes lucharon, de quienes quedaron en las islas y de quienes volvieron con cicatrices invisibles que aún hoy sangran.

El Estado argentino reconoce en esta fecha el sacrificio de los veteranos y caídos como un acto de entrega incomparable en defensa de la soberanía nacional. Pero el reconocimiento no alcanza si no va acompañado de memoria viva.

La Patria no estuvo sola. Malvinas no fue sólo Argentina. Fue América Hispana unida. Desde los rincones más humildes llegaron gestos que la historia oficial muchas veces silenció. La gesta de Malvinas generó un momento de solidaridad continental, como el caso de Perú, el aliado más comprometido en términos militares, que envió aviones y pilotos; y con Venezuela, Bolivia, Ecuador, México, Brasil, Cuba y otros países ofreciendo apoyo diplomático. Sin embargo, la unidad no fue total: Chile se alineó con Reino Unido, y otros países, como Colombia, se mantuvieron en una neutralidad que favoreció indirectamente a los británicos.

Más allá de sus gobiernos, los pueblos de América Hispana sabían que latía una verdad profunda: Malvinas no es una causa aislada. Es una causa continental.

Porque lo que se disputaba en el Atlántico Sur no era solo un territorio: era la dignidad de los pueblos frente a los restos del colonialismo.

Años después, la sangre de nuestros soldados fue reemplazada por la tinta de los despachos diplomáticos. Los llamados Acuerdos de Madrid de 1989 y 1990, firmados durante el gobierno de Carlos Menem, marcaron un cambio profundo: se aceptaron condiciones que limitaron la capacidad argentina en el Atlántico Sur y consolidaron, de hecho, la posición británica.

Lo más grave: esos acuerdos no nacieron de un mandato popular ni fueron aprobados por el Congreso Nacional, sino de una lógica de subordinación que luego fue sostenida por distintos gobiernos, como el kirchnerismo y el macrismo.

Allí comenzó otra etapa: la de la “desmalvinización”, el intento de apagar la llama que el pueblo había encendido. Pero esa llama no se apagó.

Las Malvinas siguen siendo hoy una causa nacional y un mandato constitucional irrenunciable: la Argentina sostiene su soberanía sobre las islas y su recuperación como objetivo permanente.

Pero hay algo aún más profundo que lo jurídico. Malvinas es una causa espiritual. Es el punto donde la historia, la sangre y la esperanza se encuentran. Es la posibilidad de volver a pensarnos como comunidad organizada, como Nación y como parte de una Patria Grande que todavía espera su hora.

Porque cuando un pueblo recuerda a sus héroes, no mira al pasado: se prepara para el futuro. Volveremos.

No desde la guerra. No desde el odio. No desde la revancha. Volveremos desde la conciencia nacional, desde la unidad de los pueblos hispanoamericanos, desde la decisión política de ser libres y soberanos.

Volveremos cuando entendamos que Malvinas no es sólo un territorio: es una causa que nos obliga a estar a la altura de nuestra propia historia.

Este 2 de abril no es un día de derrota. Es un día de memoria, de dignidad y de compromiso. Porque hay algo que ningún imperio puede ocupar ni quebrar: el corazón de un pueblo que no se rinde y que sabe que volverá.

Luis Gotte

Mar del Plata

[email protected]

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