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Posibles sucesores tras la muerte del Papa Francisco

22 de abril de 2025

Tras el fallecimiento del papa Francisco, se abre el proceso de elección de un nuevo Papa conocido como cónclave, reuniendo a los cardenales de todo el mundo para discernir y votar por el próximo líder de la Iglesia.

En este contexto, ya se mencionan algunos nombres de cardenales que podrían figurar entre los principales candidatos.

Los candidatos

La atención se centra ahora en los cardenales que podrían asumir el liderazgo de la Iglesia en un momento crucial de su historia. La elección del próximo pontífice definiría si la Iglesia continúa con las reformas impulsadas por Francisco o si adopta un rumbo más conservador. Entre los posibles sucesores destacan cardenales de distintas regiones del mundo, con perfiles diversos que representan visiones diferentes sobre el futuro del catolicismo.

Matteo Zuppi (Italia, 69 años)

El cardenal Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, es otra de las figuras que podrían continuar con la línea reformista de Francisco. Vinculado con la Comunidad de Sant’Egidio, un grupo católico comprometido con el diálogo interreligioso y la mediación en conflictos internacionales, Zuppi ha destacado por su enfoque en la paz y la ayuda a los más vulnerables. Su estilo pastoral recuerda al de Francisco: cercano, sencillo y enfocado en los problemas sociales. Además, su procedencia italiana podría ser un factor clave, ya que la Iglesia no ha tenido un Papa italiano desde la elección de Juan Pablo I en 1978.

Pietro Parolin (Italia, 70 años)

El cardenal Pietro Parolin, actual secretario de Estado del Vaticano, es una de las figuras más influyentes dentro de la Santa Sede y un candidato fuerte si los cardenales buscan un líder con experiencia en la diplomacia vaticana. Con una trayectoria de décadas en el servicio diplomático de la Iglesia, ha jugado un papel clave en las relaciones con China, la crisis en Venezuela y la aproximación con Cuba. Su perfil es más moderado y pragmático, lo que podría convertirlo en un candidato de consenso. Sin embargo, su papel en la Curia podría ser un obstáculo, ya que algunos cardenales podrían preferir a alguien más vinculado con el trabajo pastoral en lugar de la burocracia vaticana.

Luis Antonio Tagle (Filipinas, 67 años)

Considerado uno de los favoritos si la Iglesia opta por fortalecer su presencia en Asia, el cardenal Luis Antonio Tagle es una figura cercana al legado de Francisco. Ex arzobispo de Manila y actual prefecto del Dicasterio para la Evangelización, Tagle es conocido por su carisma, humildad y cercanía con los fieles. Su estilo pastoral y su capacidad de comunicación lo han convertido en un líder influyente, además de ser un firme defensor de la justicia social y de una Iglesia inclusiva. Su elección marcaría una continuidad con el espíritu reformista de Francisco, además de ser un gesto significativo hacia el continente asiático, donde la Iglesia Católica sigue en expansión.

Peter Turkson (Ghana, 76 años)

El cardenal Peter Turkson, ex prefecto del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, ha sido durante años uno de los principales representantes del catolicismo africano y un firme defensor de la justicia social y el desarrollo sostenible. Su liderazgo en temas de ecología, pobreza y derechos humanos lo posiciona como una opción interesante para quienes desean un pontificado enfocado en la doctrina social de la Iglesia. Además, su elección marcaría un hito al convertirlo en el primer Papa africano en más de 1.500 años. Sin embargo, su edad y la posible inclinación del cónclave hacia candidatos más jóvenes podrían jugar en su contra.

Raymond Leo Burke (Estados Unidos, 76 años)

Considerado uno de los principales opositores a las reformas de Francisco, el cardenal Raymond Leo Burke es una figura clave dentro del ala más conservadora de la Iglesia. Ex prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, ha sido crítico con las posturas aperturistas de Papa Francisco en temas como la comunión para divorciados vueltos a casar y la sinodalidad. Su elección representaría un giro radical hacia una Iglesia más tradicionalista y doctrinalmente rígida, lo que podría generar divisiones internas. Sin embargo, su influencia dentro del Colegio Cardenalicio es limitada y su perfil polarizante podría dificultar su elección.

Marc Ouellet (Canadá, 80 años)

El cardenal Marc Ouellet, ex prefecto del Dicasterio para los Obispos, ha sido un actor clave en la selección de obispos durante el pontificado de Francisco. Su perfil teológico y su cercanía con Benedicto XVI lo han convertido en una referencia para el sector más conservador de la Iglesia. Aunque su experiencia y conocimiento de la estructura eclesial juegan a su favor, su edad podría ser un obstáculo importante, ya que el Colegio Cardenalicio podría preferir a un candidato más joven y con mayor capacidad para afrontar un pontificado prolongado.

Robert Sarah (Guinea, 79 años)

El cardenal Robert Sarah, ex prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, es otro de los candidatos más cercanos al ala conservadora. Defensor de una liturgia más tradicional y crítico con algunas de las reformas de Francisco, Sarah es visto como un posible líder para quienes buscan un retorno a una Iglesia más centrada en la doctrina y la disciplina eclesial. Sin embargo, al igual que Ouellet y Turkson, su edad puede ser un factor en su contra, y su postura inflexible en algunos temas podría dificultar el consenso necesario para su elección.

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Golpe al gas en Medio Oriente

Los recientes ataques a infraestructura energética en Qatar e Irán encendieron alarmas en los mercados internacionales y abrieron un nuevo escenario de riesgo para el suministro global de gas natural licuado (GNL), un insumo clave para la generación eléctrica, la industria y la transición energética.

El impacto fue inmediato: el precio del Brent superó los US$ 119 intradiarios, el gas europeo alcanzó máximos de varios años y el mercado estadounidense también registró subas. Sin embargo, más allá de la reacción de precios, especialistas advierten que el problema podría ser más profundo.

“La reacción de los mercados no puede interpretarse como un simple sobresalto geopolítico. Lo que estamos viendo es que se empieza a descontar una posible restricción física de oferta, especialmente en gas”, explicó Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral.

Uno de los puntos más críticos fue el ataque a Ras Laffan Industrial City, en Qatar, el principal nodo exportador de GNL del mundo, donde se concentran instalaciones clave como la planta Pearl GTL.

“Se cruzó una línea particularmente peligrosa: ya no se trata de ataques a activos periféricos, sino al corazón del sistema energético regional”, sostuvo Carnicer.

Según el especialista, el gas presenta una vulnerabilidad mayor que el petróleo ante este tipo de eventos. “El petróleo tiene un mercado más flexible, con mayor capacidad de redireccionar cargamentos. El gas, en cambio, depende de una cadena de infraestructura mucho más rígida. Cuando se afecta una gran planta exportadora, el riesgo pasa rápidamente de precios a abastecimiento”, detalló.

En ese sentido, advirtió sobre un posible escenario de escasez si las interrupciones se prolongan. “Cuando el cuello de botella es material, la sustitución es más lenta, más cara y más incompleta”, afirmó.

Carnicer comparó la situación con la crisis energética que atravesó Europa tras la guerra entre Rusia y Ucrania, aunque marcó una diferencia clave. “En aquel caso el gas existía, pero se rompió la relación política y comercial. Aquí el problema es potencialmente más grave, porque está en juego la capacidad física de producir y exportar”, explicó.

Las consecuencias podrían ir más allá del encarecimiento de la energía. “Estamos ante un riesgo de desabastecimiento relativo, presión sobre la generación eléctrica y una competencia creciente entre países por asegurarse cargamentos en el mercado spot”, señaló.

En este contexto, el especialista remarcó la necesidad de repensar la seguridad energética global. “No alcanza solo con avanzar en energías renovables. También es clave diversificar geográficamente el origen del gas”, indicó.

Es en ese escenario donde Argentina comienza a ganar relevancia. “Vaca Muerta adquiere un valor estratégico no solo por su escala y productividad, sino porque puede aportar oferta desde una geografía alejada de los principales focos de conflicto”, explicó Carnicer.

Además, destacó el potencial de los proyectos de exportación de GNL en desarrollo. “Si el mercado global internaliza que la infraestructura del Golfo puede ser un blanco recurrente, toda nueva plataforma exportadora fuera de esa región mejora su posicionamiento estratégico”, sostuvo.

De todos modos, llamó a evitar sobredimensionar el rol local. “Vaca Muerta no puede reemplazar en el corto plazo el volumen de Qatar, pero sí puede convertirse en una pieza relevante dentro de una arquitectura energética más equilibrada”, afirmó.

Finalmente, Carnicer advirtió que estos episodios exponen una debilidad estructural del sistema energético global. “Hoy hay demasiada oferta crítica concentrada en pocos nodos y regiones. La seguridad energética del siglo XXI va a requerir no solo más energías limpias, sino también más diversidad de proveedores confiables”, concluyó.

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Argentina supera el promedio de bienestar en 10 de 12 indicadores

Un estudio internacional basado en datos representativos de la población adulta argentina revela que el país supera el promedio global de bienestar en 10 de los 12 indicadores del Secure Flourishing Index (Índice de Florecimiento Seguro), una herramienta que mide el florecimiento humano de forma multidimensional.

Los resultados surgen del Global Flourishing Study (Estudio Global sobre el Florecimiento Humano), la mayor investigación longitudinal sobre bienestar realizada hasta el momento, que releva a más de 200.000 personas en 22 países. El análisis específico para Argentina, liderado por investigadores de la Universidad Austral en colaboración con equipos de Harvard University y Baylor University, fue publicado recientemente en la revista académica International Journal of Wellbeing.

El estudio muestra que los adultos argentinos presentan niveles superiores al promedio internacional en dimensiones vinculadas con el bienestar psicológico, las relaciones sociales y el carácter prosocial. En contraste, las dos dimensiones donde el país queda por debajo del promedio global corresponden a la estabilidad económica y material, reflejando mayores preocupaciones por ingresos y seguridad financiera.

Cómo se realizó el estudio y cómo se mide el florecimiento

El Global Flourishing Study (GFS, por sus siglas en inglés) es un proyecto internacional que releva a más de 200.000 personas en 22 países con el objetivo de comprender la distribución y los determinantes del bienestar humano en distintos contextos culturales.

La primera ola del estudio incluyó 6.724 participantes en Argentina y recogió datos entre 2022 y 2023 mediante encuestas diseñadas para ser representativas a nivel nacional. El estudio prevé un seguimiento longitudinal de los participantes hasta 2027.

Para evaluar el bienestar, el trabajo utiliza el Secure Flourishing Index, un indicador que integra múltiples dimensiones del florecimiento humano en cinco dimensiones. En la dimensión de bienestar psicológico se evaluaron felicidad, satisfacción con la vida, sentido, propósito y salud mental autopercibida; en bienestar social, la conexión social subjetiva y la satisfacción con las relaciones; en carácter y conductas prosociales, la promoción del bien y la gratificación diferida; en salud física y comportamientos de salud, la salud física autopercibida; y en resultados socioeconómicos, la preocupación financiera por los gastos cotidianos y la preocupación material por seguridad, alimentación o vivienda.

Este enfoque permite capturar no solo el bienestar presente, sino también su sostenibilidad en el tiempo.

La paradoja argentina del bienestar

Los resultados muestran un patrón particular: altos niveles de florecimiento en dimensiones personales y relacionales que coexisten con fragilidad socioeconómica.

“Nuestro estudio muestra que el nivel de florecimiento de los adultos, es decir, el grado en que las personas experimentan bienestar integral, se ubica por encima del promedio conjunto de todos los países participantes en el GFS en las dimensiones de bienestar psicológico, bienestar social y carácter y conducta prosocial”, explica Claudia Vanney, investigadora de la Universidad Austral y una de las autoras del estudio.

“Paradójicamente, los niveles de bienestar vinculados a resultados socioeconómicos se encuentran muy por debajo del promedio general. Esto nos permite plantear la hipótesis de que nuestro contexto, en comparación con otros países, podría compensar en parte esta situación a través de otros factores positivos: la ausencia de climas extremos, desastres naturales de gran magnitud, conflictos sociales generalizados o guerras; las oportunidades que brinda el país mediante el acceso gratuito a la educación y al sistema público de salud; la posibilidad de vivir cerca de la naturaleza; y, de manera especialmente relevante, la religión”, agregó Vanney, quien además es directora del Instituto de Filosofía de la Universidad Austral.

Religiosidad y florecimiento

El estudio también identifica una asociación entre religiosidad y mayores niveles de florecimiento en la población argentina.

“Este último factor fue analizado en profundidad en el trabajo. Los resultados muestran que los adultos argentinos que se identifican como cristianos presentan niveles más altos de florecimiento en comparación con personas no religiosas que comparten características demográficas similares. Asimismo, una mayor frecuencia de asistencia a servicios religiosos se asocia con niveles más elevados de florecimiento”, señala Vanney.

Sobre la investigación

El estudio fue realizado por Claudia E. Vanney, Belén Mesurado, Arturo L. Fitz Herbert, Tim Lomas, R. Noah Padgett, Brendan Case, Richard G. Cowden, Ying Chen, Byron R. Johnson y Tyler J. VanderWeele, y publicado en la revista académica International Journal of Wellbeing.

Sus resultados aportan evidencia empírica para el monitoreo del bienestar a nivel poblacional y abren nuevas líneas de investigación sobre los factores que sostienen el florecimiento humano en contextos sociales complejos.

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Preocupa la salud del expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro

La salud del expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se complicó en las últimas horas luego de que los médicos detectaran un empeoramiento en su función renal mientras permanece internado en terapia intensiva. El exmandatario, de 70 años, fue diagnosticado con bronconeumonía y continúa bajo estricta supervisión médica. Según informaron desde el centro de salud, su cuadro es grave aunque se mantiene clínicamente estable.

Bolsonaro fue trasladado el viernes al Hospital DF Star desde la prisión donde cumple una condena de 27 años. El exmandatario fue sentenciado por encabezar un intento de golpe de Estado tras las elecciones presidenciales de 2022, en las que resultó vencedor Luiz Inácio Lula da Silva. Ante el deterioro de su salud, las autoridades decidieron derivarlo a un centro médico con mayor capacidad de atención.

El hospital informó que Bolsonaro ingresó con fiebre alta, vómitos, bajo nivel de oxígeno, sudoración y escalofríos. Los estudios médicos confirmaron un cuadro de bronconeumonía, posiblemente causado por aspiración. Además, los especialistas detectaron un aumento en los marcadores inflamatorios desde el inicio del tratamiento, lo que obligó a intensificar los cuidados médicos.

Según informó el diario Folha de S.Paulo, el expresidente se mantiene clínicamente estable, aunque su función renal mostró un deterioro. El tratamiento incluye antibióticos por vía intravenosa, hidratación, fisioterapia respiratoria y motora. También se aplican medidas preventivas para evitar trombosis venosa durante su internación.

Por el momento, los médicos no prevén darle el alta de la unidad de cuidados intensivos. El parte médico fue firmado por los doctores Claudio Birolini y Leandro Echenique, quienes indicaron que continuará bajo monitoreo permanente. Desde el hospital señalaron que la evolución del cuadro será evaluada día a día.


Bolsonaro ya había sido hospitalizado en varias oportunidades desde que fue apuñalado durante un acto de campaña previo a las elecciones presidenciales de 2018. En ese episodio sufrió graves heridas abdominales que derivaron en múltiples intervenciones quirúrgicas. Mientras tanto, en el escenario político brasileño crecen las especulaciones sobre una eventual candidatura presidencial de su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, para enfrentar nuevamente a Luiz Inácio Lula da Silva.

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