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FELIZ ANVERSARIO
9 de febrero de 2024
La evolución, a lo largo del último siglo, del turismo en Mar del Plata se revela a través de un tesoro invaluable en más de 60.000 fotografías y filmaciones meticulosamente recopiladas por el divulgador marplatense Pablo Junco durante un arduo período de 15 años, una aventura que inició como un impulso para reconstruir su historia familiar y que se convirtió en un proyecto monumental que refleja el cambio en la conciencia colectiva de la comunidad.
Esta colección de imágenes, accesible en https://fotosviejasdemardelplata.blogspot.com/, regala algunas gemas de la principal ciudad balnearia de la provincia de Buenos Aires, Mar del Plata, que mañana cumplirá 150 años de su fundación.
«Puedo remontar, por lo menos, datos de seis generaciones de mi familia», asegura a Télam Junco (57 años), quien en 2009 empezó a escribir sobre la historia de La Armonía, una de las tres estancias originarias de la ciudad y de la que su abuela era gobernanta.
En un momento, ante la imposibilidad de ampliar las narraciones, comenzó a indagar en investigaciones de historiadores como César Gascón, Roberto Barili o Félix de Ayesa, y a buscar gente por su apellido en Facebook, red en la que creó en 2011 un grupo que en la actualidad reúne más de 40.000 cuentas y donde la gente publica fotografías por motu propio.
«Me contacté con cada persona y le pedí (que compartiera) la historia detrás de la imagen. Ahora es un ida y vuelta», relata el dueño de un trabajo que ofrece una ventana única al pasado y una reflexión sobre el devenir del turismo en esta emblemática ciudad costera.
Dentro de una inabarcable nómina de fotografías, una en un color sepia desgastado, que denota el paso del tiempo, muestra la playa Bristol atravesada por un pequeño puente que facilita el paso de visitantes por zonas inundadas, y algunas casillas de madera que comparten espacio con vacas.
La imagen data de 1900, una de esas casillas es rodante y en una de sus paredes se alcanza a leer «Última moda. Negro pescador». Las ruedas están sobre la orilla de la playa, pero el oleaje la roza, y alrededor de la casilla hay varios hombres, tres de ellos vestidos con traje oscuro y sombrero de ala ancha, otros dos de color blanco, y detrás se observan mujeres, una con un vestido largo y acampanado, otra con una nena.
Probablemente, cuando se tomó esa imagen, alguien estaba cambiándose dentro de la pequeña habitación construida en madera y con techo a dos aguas.
«Las aristócratas llegaban a la playa vestidas con prendas que las ocultaban desde el cuello hasta el tobillo y utilizaban maya enteriza para zambullirse en el mar. Una vez afuera, eran cubiertas con capas negras por los bañeros, quienes las acompañaban hasta las casillas. Ahí se cambiaban y volvían a cubrirse», describe Junco, quien ve en las fotografías la clave para complementar las voces de familias pioneras y académicas y reconstruir el humor social de diferentes épocas.
«Ellas disfrutaban de la playa por la tarde, luego de que sus empleadas lo hicieran por la mañana. Además, por los registros, es fácil identificar que las mujeres y los hombres no se bañaban juntos en el mar, a menos que se tratara de una familia», cuenta, sobre la imagen que Carlos Alberto Adá envió para el blog Fotos de Familia del diario La Capital y que se puede observar en su página web.
Algunos años antes, en 1886, esta ciudad balnearia, una villa de pescadores casi desconocida, le daba la bienvenida al primer tren; dos años después, se construía el imponente y ya extinto Hotel Bristol, dos acontecimientos que atrajeron a turistas de alto nivel económico que vacacionaban en la costa europea; este apogeo condujo a la construcción de las primeras ramblas de madera, y el producto de la pesca artesanal empezó a venderse en los alojamientos.
Las imágenes también exponen otros placeres del turismo aristocrático: ellas, con capelinas grandes, camisas, polleras largas, todo liso, y calzado cerrado, y ellos, generalmente, con saco oscuro, pantalón claro y sombrero, jugando al golf en el club de playa Grande, una construcción de estilo anglonormando con vista al mar; tomando el té en el Bristol; de visita en estancias de terratenientes y disfrutando de veladas campestres al aire libre.
Pero también se advierte una transformación en la morfología urbana de la ciudad y cómo la clase aristocrática, que llegaba en trenes a la ciudad de Mar del Plata y colmaba las ramblas, comienza a alejarse paulatinamente de esa área de la costa argentina, en paralelo con la democratización de la ciudad como destino turístico y el fortalecimiento de las clases trabajadoras y del turismo social.
«Dos hechos comenzaron a cambiar un poco la valencia de la ciudad, y el turismo aristocrático comenzó a replegarse en las playas uruguayas o europeas. Una de ellas fue la construcción de los hoteles sindicales durante el Gobierno de Juan Domingo Perón, a partir de 1945, y la otra fue la Ley de Propiedad Horizontal, en 1948», explica Junco.
«Los grandes chalets señoriales de la avenida Colón fueron demolidos para construir edificios en altura y cerca de las playas, una tendencia que marcó el pulso del momento, además del Hotel Provincial y del casino en la zona de Playa Grande, los hoteles de Chapadmalal y hospedajes gremiales y sindicales de seis o siete pisos. Esto impulsó el auge del turismo social», explica el creador del blog.
Las fotografías retratan un escenario diferente, repleto de infancias, personas de la tercera edad y trabajadores que veían por primera vez el mar; también es posible advertir un quiebre en el orden social establecido, porque, sin importar el género, todos comparten los mismos espacios y las feminidades comienzan a mostrar las pieles, con shorts y motivos estampados.
«Con la llegada del turismo social, la moda fue cambiando y relajándose cada vez un poco más, y la bikini, además de cambiar el paradigma de Mar del Plata, transforma la manera en que los turistas se vinculan con el mar», agrega Junco. (Agencia Telam)
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Inauguran muestras de artes visuales en el Auditorium
Se trata de “Fémina” de Sergio Ochoa, "Quimérico" con obras de Isis Blanco Dodero y "Almacén de Spadari" por la fotógrafa Sabrina Spadari. Entrada libre y gratuita.
Las exposiciones serán inauguradas en los diferentes espacios de artes visuales del Teatro Auditorium, Centro Provincial de las Artes, como parte de la programación del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. La cita tendrá lugar el sábado 9 de mayo a las 19 hs y podrán visitarse hasta el 7 de junio, con entrada libre y gratuita, de martes a domingos de 15 a 18hs.
Foyer Alto: “Fémina” de Sergio Ochoa
Se trata de una retrospectiva que abarca desde 1997 a 2026 y muestra lo femenino como territorio de exploración, sensibilidad y forma.
Sergio Ochoa (Buenos Aires, 1963) es un artista plástico figurativo contemporáneo cuya obra explora la figura humana —con especial énfasis en lo femenino— como territorio simbólico de tensión, vínculo y transformación.
A través de un cruce de lenguajes —lo figurativo, lo narrativo y lo conceptual— Ochoa construye escenas en espacios ambiguos donde la realidad se reconfigura desde la emoción, la memoria y lo inconsciente. Su dominio del color, la espacialidad y la materia da lugar a una pintura donde lo figurativo se expande hacia lo expresivo, generando composiciones de intensa carga visual y profundidad simbólica.
Su práctica se sostiene en una búsqueda rigurosa, donde cada obra responde a una necesidad interna más que a una lógica de exhibición. Más que representar, Sergio Ochoa pinta desde la experiencia. Su obra no busca explicar, sino dejar una huella.
Paseo de la Imagen I: "Quimérico" de Isis Blanco Dodero
Esta serie invita a un viaje introspectivo donde la figura humana y el reino animal no son entidades separadas, sino espejos. La colección explora dualidades fundamentales: la fuerza y la fragilidad, lo divino y lo terrenal, el dolor y la esperanza. A través de una mirada inspirada en la sabiduría ancestral, cada pieza funciona como un intermediario divino; que conecta al espectador con sus propias memorias y verdades internas.
Paseo de la imagen II: "Almacén Spadari" de Sabrina Spadari
En esta obra, la fotógrafa, oriunda de Mechongué, rinde homenaje a su historia familiar y la de su ciudad natal a través de la fotografía, explorando la conexión entre lo documental y lo emocional.
Este proyecto fotográfico encuentra sus raíces en el emblemático almacén de su familia. La muestra no solo captura la esencia de este lugar único, sino que también celebra la riqueza histórica y cultural de la comunidad.
Fotografiar estos espacios revive y proyecta el imaginario colectivo, vinculado a la memoria de quienes vivieron en esa época. También actúa como un medio para que las nuevas generaciones comprendan cómo funcionaba la vida cotidiana en el pasado, conectándolas con la historia local y recordando cómo estos comercios formaron parte de la construcción social de una comunidad.
Además, el proyecto invita a reflexionar sobre la importancia de preservar los edificios y los valores y tradiciones que estos representaron.

