Sociedad
El 46% de los argentinos considera importante tener hijos, frente al 77% de hace diez años
8 de julio de 2026
Surge de un estudio longitudinal sobre familia en Argentina realizado por el Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, que desde el año 2000 releva la evolución de las actitudes y valores familiares en el país. La edición 2025, basada en una muestra nacional de 1.028 adultos, se conoce en un contexto en el que los nacimientos cayeron un 47% en la última década y Argentina registra una de las tasas de fecundidad más bajas de América Latina.

En ese escenario, la investigación muestra un profundo cambio cultural: entre quienes no desean tener hijos, el 57,3% afirma que no forman parte de su proyecto de vida; apenas el 34% de los jóvenes de 18 a 34 años considera que la maternidad y la paternidad son muy importantes para una vida plena y solo el 46% de los argentinos considera muy importante tener hijos, frente al 77% de hace diez años. Además, uno de cada cuatro menciona el contexto ambiental, social o político como un motivo para no ser padre o madre.
Buenos Aires, 8 de julio de 2026 – En el marco del Día Mundial de la Población, que se conmemora el próximo sábado 11 de julio, el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral presentó los resultados de su estudio longitudinal sobre familia en Argentina, que revela un profundo cambio en la manera en que los argentinos conciben la maternidad y la paternidad.

Los resultados se conocen en un contexto de profundas transformaciones demográficas. De acuerdo con datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, entre 2014 y 2024 los nacimientos en Argentina cayeron un 47%, al pasar de 777.012 a 413.135 en 10 años, la disminución más pronunciada de toda la serie histórica disponible. Con una tasa de fecundidad de apenas 1,2 hijos por mujer, el país ya se ubica entre los 4 países de América Latina con niveles de fecundidad ultrabaja (≤ 1,3 hijos por mujer). Al mismo tiempo, la población envejece como consecuencia de una mayor esperanza de vida y de la sostenida reducción de la natalidad, configurando un nuevo escenario demográfico para el país.
La manera en que los argentinos conciben la maternidad y la paternidad está experimentando una transformación profunda. Después de 25 años de seguimiento, el estudio sobre familia en Argentina identifica un cambio sostenido en el lugar que ocupa la decisión de tener hijos dentro de los proyectos de vida.
Según las investigadoras del Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad (ODHV) de la Universidad Austral, estos cambios en las actitudes y valores ayudan a comprender un fenómeno que excede la coyuntura económica. Si bien la caída de la natalidad responde a múltiples factores, los resultados muestran que las transformaciones culturales en torno a la familia, la autonomía personal y los proyectos de vida constituyen una dimensión clave para interpretar la evolución demográfica del país.

El dato más significativo es la fuerte disminución en la importancia atribuida a la maternidad y la paternidad como componentes de una vida plena. Mientras que en 2015 el 77% de los argentinos consideraba muy importante tener y criar hijos, en 2025 esa proporción descendió al 46%, el nivel más bajo registrado desde que comenzó la serie en el año 2000.
La disminución de la natalidad, además, se observa en todas las jurisdicciones del país, aunque con distinta intensidad, lo que confirma que se trata de una tendencia nacional y no de un fenómeno localizado.
El cambio es particularmente marcado entre los jóvenes. Solo el 34% de las personas de entre 18 y 34 años considera que tener hijos es muy importante para una vida plena, lo que refleja una redefinición de las prioridades y expectativas de las nuevas generaciones.
La investigación también exploró, por primera vez, las razones de quienes no tienen hijos y no desean tenerlos. El dato más relevante es que la principal explicación ya no aparece asociada a restricciones externas, sino a una definición personal del proyecto de vida: el 57,3% respondió que tener hijos simplemente no forma parte de sus planes.
Esa razón se ubica por encima de otros motivos también significativos, como no tener una pareja estable (38,2%), preferir viajar o vivir otras experiencias (32,6%) o priorizar el desarrollo profesional o los estudios (30,3%). Además, el 22,5% mencionó el contexto mundial actual -ambiental, social, político o económico- como un factor que influye en la decisión de no ser padre o madre.
En conjunto, estos datos muestran que la decisión de no tener hijos no puede explicarse solo por dificultades económicas o por la falta de condiciones materiales. La encuesta sugiere un cambio más profundo: para una parte de la población, la maternidad y la paternidad dejan de ser una forma de realización personal y pasan a ser una opción más que debe competir con otros proyectos personales, profesionales y vitales.
Asimismo, comienzan a cobrar relevancia nuevas preocupaciones vinculadas al contexto global. Uno de cada cuatro encuestados que no desea tener hijos menciona la incertidumbre ambiental, política o social como uno de los motivos que influyen en esa decisión.
Las investigadoras del ODHV señalan que estos resultados no implican una pérdida de valor de la familia como institución. De hecho, el estudio muestra que la vida familiar continúa siendo la principal fuente de satisfacción personal para los argentinos. Lo que parece estar cambiando es el lugar que ocupa la parentalidad dentro de los proyectos de vida: deja de ser una expectativa compartida por la mayoría para convertirse, cada vez más, en una decisión individual.
En un país que atraviesa una transición demográfica caracterizada por la caída sostenida de la natalidad y el envejecimiento de la población, estos cambios en las actitudes hacia la maternidad y la paternidad aportan nuevos elementos para comprender esa transformación.
Deportes
River participa en la ‘Copa Liga Argentina’ de Taekwondo
El club Atlético River Plate de Mar del Plata participará el torneo “Copa Liga Argentina” de Taekwondo, que se realizará el próximo domingo 12 de julio en el Polideportivo Arquitecto Roberto Pando, del Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Este campeonato, que reunirá unos 700 atletas, estará fiscalizado por la Confederación Argentina de Taekwondo ITF y contará con el apoyo de la Confederación Argentina de Deportes.
Este gran evento tendrá un espectáculo central, que será la competencia por equipos donde participan los seleccionados de cuatro clubes, que fueron elegidos con anterioridad y especialmente por ser representativos del Taekwondo Nacional. Ellos son el Club Defensores de Banfield, Lincon, San Lorenzo de Almagro y River de Mar del Plata.
Este cuadrangular se realizará en horas del mediodía y se espera un estadio colmado, por el entusiasmo que genera este tipo de competencia.
El equipo de River de Mar del Plata cuenta con seis integrantes destacados, ellos son Eduardo Cabañes, Santiago Campaner, Alejandro Olguín, Matías Maimone, Sergio Alderete y Carlos Correa de la ciudad de Necochea. Correa será el capitán del equipo, elegido por el Gran Maestro Alejandro Yapuncic, quien será el jefe de la delegación del Club River de Mar del Plata, que en pocos días esta institución deportiva el 18 de julio cumple 100 años de vida institucional
La delegación de atletas de la costa que acompañará al equipo de River está integrada por competidores de Nacochea, Miramar, Mar de Cobo y Mar del Plata.
Sociedad
Toda la información del día 6/7/2026
Sociedad
‘FRANCO’: Mauricio Macri revisita la figura del padre que moldeó su vida y su destino político
El expresidente abandona el análisis político para reconstruir a Franco Macri, el empresario que fue su mayor maestro y su principal antagonista.
Después de “Primer tiempo” y “Para qué”, Mauricio Macri vuelve a escribir. Pero esta vez abandona el terreno de la política para adentrarse en una historia mucho más personal. En “Franco. Vida de mi padre. La historia de mi mayor maestro y mi gran antagonista”, el expresidente construye el retrato de quien considera la figura más determinante de su vida: Franco Macri, el inmigrante italiano que levantó uno de los grupos empresarios más importantes de la Argentina y cuya personalidad dejó una marca indeleble en su familia.

Franco Macri saluda a su hijo Mauricio el día que asumió como presidente de la Nación.
Desde las primeras páginas, Macri deja en claro cuál es el propósito del libro. Explica que la idea nació mientras escribía “Primer tiempo”: “Ejercité la memoria, y mientras lo hacía, mi padre aparecía una y otra vez”. Ese ejercicio terminó convirtiéndose en una necesidad: contar quién había sido realmente Franco Macri y recuperar una historia que, según el autor, quedó muchas veces reducida a simplificaciones políticas.
La primera definición ya anticipa el tono de toda la obra. Mauricio escribe “Fue mi héroe”, aunque inmediatamente agrega que también fue el hombre que más lo desafió. Esa dualidad atraviesa las 224 páginas del libro. Franco aparece como un empresario brillante, intuitivo, capaz de construir un imperio desde la nada, pero también como una personalidad dominante, obsesiva y muchas veces devastadora para quienes lo rodeaban.
Más que una biografía tradicional, el libro funciona como una exploración del vínculo entre padre e hijo. Mauricio reconoce que aprendió de Franco la disciplina, la cultura del esfuerzo, la ambición y la perseverancia, pero también admite que pasó gran parte de su vida intentando emanciparse de una figura que parecía imposible de superar.

Uno de los pasajes más reveladores resume esa contradicción con una frase que el propio Macri repitió durante la presentación del libro: “Me amaba, pero a la vez me quería destruir”. En pocas palabras condensa una relación marcada por la admiración mutua, la competencia permanente y una exigencia que nunca parecía encontrar límites.
El secuestro sufrido por Mauricio en 1991 ocupa un lugar central en el relato. El autor sostiene que aquel episodio modificó definitivamente la relación entre ambos. Si hasta entonces Franco imaginaba a Mauricio como el heredero natural del grupo empresario, después del secuestro comenzó una etapa distinta, atravesada por diferencias cada vez más profundas acerca del futuro de las empresas y del propio proyecto de vida de su hijo. La política terminaría ampliando esa distancia.
El libro también recorre la extraordinaria expansión empresarial de Franco Macri durante las décadas de 1960, 1970 y 1980. Mauricio describe el crecimiento del holding familiar como el resultado de una capacidad excepcional para detectar oportunidades de negocios y asumir riesgos que otros no se animaban a correr. Sin embargo, evita convertir el relato en una hagiografía. Habla de los errores, de las apuestas fallidas, de los conflictos internos y del progresivo deterioro que sufrió el empresario durante sus últimos años.
En ese sentido, uno de los méritos del libro es que intenta mostrar a Franco como un personaje lleno de contradicciones. Mauricio lo define como “el empresario número uno de la Argentina”, pero al mismo tiempo sostiene que fue alguien que terminó “esforzándose por destruir lo que había logrado”, una reflexión que funciona casi como una tragedia clásica sobre el éxito y el poder.
La obra también tiene un claro componente reivindicatorio. Macri sostiene que la figura de su padre fue objeto de una construcción política que, según él, deformó su verdadera historia empresarial. En entrevistas concedidas con motivo de la publicación del libro explicó que quiso “contar la verdadera historia de mi padre, sin ocultar nada”, porque considera que durante años se instaló una imagen parcial de Franco Macri.
Con un tono introspectivo
Narrativamente, el texto sorprende por un tono más introspectivo que el de sus dos libros anteriores. Hay menos análisis político y más memoria personal. Menos discusión sobre gobiernos y más escenas familiares. Mauricio Macri reconstruye conversaciones, silencios y episodios cotidianos que ayudan a comprender no solo quién fue Franco, sino también cómo se fue formando el carácter del propio expresidente.
Para quienes siguen la trayectoria política de Mauricio Macri, Franco ofrece algunas claves para entender aspectos de su personalidad pública: la austeridad emocional, la obsesión por la gestión, la dificultad para expresar afectos y una permanente necesidad de demostrar capacidad frente a la figura paterna.
El resultado es un libro que puede leerse desde distintos planos. Es la biografía de uno de los empresarios más influyentes de la Argentina contemporánea; es el relato de una familia atravesada por el éxito, los conflictos y las disputas por el poder; y es, sobre todo, la confesión de un hijo que intenta comprender al hombre que más admiró y con quien nunca dejó de competir.
En definitiva, “Franco. Vida de mi padre” es menos un ajuste de cuentas que un intento de reconciliación con la memoria. Mauricio Macri no absuelve a su padre ni lo condena. Lo humaniza. Lo muestra brillante y autoritario, visionario y destructivo, generoso y despiadado. Esa complejidad, precisamente, es lo que convierte al libro en algo más que una biografía empresarial: es un ensayo íntimo sobre la influencia que un padre puede ejercer sobre el destino de un hijo, incluso cuando ese hijo llega a convertirse en presidente de la Nación.
fOTO: Franco Macri saluda a su hijo Mauricio el día que asumió como presidente de la Nación.

