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Carne: señales de un nuevo equilibrio entre consumo interno y exportación

25 de marzo de 2026

El mercado de la carne bovina atraviesa un punto de inflexión. En el inicio de 2026, los precios alcanzaron máximos históricos en términos reales, tanto en el mostrador como en la hacienda, en un contexto marcado por restricciones de oferta y señales de recomposición del ciclo ganadero. Al mismo tiempo, el escenario internacional presenta precios firmes y una demanda externa que continúa traccionando.

En este marco, surgen algunos interrogantes clave: ¿qué explica el fuerte aumento de precios?, ¿qué rol juegan los factores externos?, ¿está cambiando el equilibrio entre consumo interno y exportaciones?, ¿ha quedado cara la carne en Argentina en perspectiva internacional? y ¿qué puede esperarse hacia adelante? Esta columna busca aportar elementos para responder estas preguntas.

Acerca de la escalada de los precios y sus determinantes

En febrero, el precio de la carne vacuna al consumidor promedió $15.895 por kilo, alcanzando el valor mensual más alto de las últimas dos décadas. En términos reales, se ubicó un 22% por encima del valor que tenía en el mismo mes del 2025 y un 32% más que su valor promedio 2006–2025 ($12.050, a precios constantes).

El encarecimiento en el mostrador resulta consistente con la dinámica del principal costo de producción del sector: el precio de la hacienda en pie. En el mercado de Cañuelas el novillito, categoría que abastece mayoritariamente al consumo interno, promedió $4.745 por kilo vivo, también el registro mensual más elevado de las últimas dos décadas, ubicándose 27% por encima de febrero 2025 y un 43% más que su valor promedio 2006–2025 ($3.318 por kilo, a precios constantes).

La fuerte revalorización de la hacienda y, en consecuencia, de la carne está asociada a un fenómeno de escasez, que se manifiesta tanto a nivel externo como en el mercado local.

En el plano internacional, se observa un encarecimiento de la carne, asociado a una menor producción, particularmente en algunos países exportadores relevantes, en un contexto en el que la demanda, si bien sufrirá el impacto de precios más elevados, se mantendría en niveles relativamente altos. Este fenómeno es especialmente visible en países desarrollados, donde la capacidad de absorción del encarecimiento es mayor.

A este escenario externo favorable para un país exportador se suma, en el ámbito local, un incipiente ciclo de retención de animales, tanto de hembras como de machos (kilos). Este comportamiento refleja una mejora en las expectativas del sector, vinculada a factores varios, entre ellos, un entorno de política económica más previsible y, en particular, a una política sectorial más neutral, con menor intervención directa sobre los mercados. Este cambio contrasta con etapas previas, con la excepción del período 2015–2019, caracterizadas por un sesgo anti-exportador y por la utilización de distintos instrumentos orientados a expandir artificialmente la oferta al mercado interno, con el objetivo de contener los precios en el corto plazo (ver ¿Alcanza con buenos precios para que la ganadería despegue?).

Para cerrar este apartado, cabe señalar que los precios de la hacienda se estabilizaron durante el mes de marzo. Este comportamiento sugiere que el mercado podría haber alcanzado un nivel de equilibrio transitorio, en el que nuevas subas resultan más difíciles de convalidar y no puede descartarse alguna corrección en el corto plazo. En este sentido, es probable que los valores máximos de la hacienda, al menos en la primera mitad del año, se hayan observado en los meses iniciales.

El contexto externo

El mercado internacional de la carne bovina atraviesa actualmente un escenario de precios firmes, en un contexto caracterizado por restricciones del lado de la oferta y una demanda que se mantiene sostenida. En este marco, los niveles que muestran los precios internacionales constituyen, al menos por este canal, un factor que favorece la orientación exportadora del sector (la decisión final de cuanto volumen destinar al mercado externo dependerá también de otros determinantes, tales como el tipo de cambio real, los derechos de exportación y el precio local de la hacienda).

Los precios FOB de exportación de tres de los principales proveedores globales de carne bovina (Estados Unidos, Brasil y Australia) muestran una tendencia alcista entre 2023 y 2025, con valores en los primeros meses de 2026 que se ubican por encima del promedio del año previo. Esta dinámica refleja un mercado tensionado, donde la disponibilidad global de carne comienza a ajustarse.

En materia de producción, las proyecciones del USDA anticipan un cambio relevante en 2026, con una caída en la oferta de los principales productores y exportadores, luego de varios años de expansión global. En particular, se destaca la contracción proyectada en Brasil (-5,3%), la más significativa entre los grandes actores del mercado, asociada al ciclo ganadero y a una fase de recomposición del rodeo tras años de elevada faena. Este ajuste se combina con caídas en otros países relevantes, como Estados Unidos, la Unión Europea, Australia y Argentina, lo que lleva a una reducción agregada de la producción en el conjunto de países que lideran el mercado. Dado el peso de estos actores en el comercio internacional, la menor disponibilidad de carne exportable constituye un factor central para explicar el nivel elevado de los precios internacionales.

Por el lado de la demanda, China continúa desempeñando un rol determinante en el mercado global. En los últimos años, este país se consolidó como el principal importador mundial de carne bovina, concentrando cerca de un tercio de las compras internacionales. Los datos del primer bimestre de 2026 muestran un fuerte crecimiento interanual de las importaciones, alcanzando niveles récord para ese período, lo que contribuye a reforzar la presión sobre el mercado internacional en un contexto de oferta restringida.

Sin embargo, lo sucedido en lo que va del año en China debe interpretarse con cautela, a la luz de un cambio reciente en la política comercial del país. Debe recordarse que, a partir de enero de 2026, el gobierno chino implementó un nuevo régimen de importaciones basado en cuotas (tariff-rate quotas), con el objetivo de proteger su producción doméstica. Bajo este esquema, se estableció un cupo total, con asignaciones por país, y se dispuso la aplicación de un arancel adicional elevado para las importaciones que excedan dichos límites. Este sistema introduce un fuerte incentivo a concentrar los envíos en los primeros meses del año, dado que las importaciones que ingresan antes de agotarse los cupos enfrentan una carga arancelaria significativamente menor. De este modo, el elevado nivel de compras observado en el primer bimestre podría responder, al menos en parte, a un adelantamiento de importaciones por parte de los operadores.

En este contexto, el USDA proyecta que las importaciones totales de China podrían ubicarse levemente por debajo de las del año anterior hacia el cierre de 2026 (-2%), con una dinámica intra-anual que apunta a ser muy distinta, con un fuerte sesgo hacia el primer semestre. Esta combinación de factores, demanda china aún elevada en el corto plazo y restricciones del lado de la oferta global, contribuye a sostener un escenario de precios firmes en el mercado internacional de carne bovina.

En síntesis, el mercado global se encuentra atravesado por una tensión entre una oferta que comienza a contraerse, producto del ciclo ganadero en los principales exportadores, y una demanda que, si bien probablemente se modere en la segunda mitad del año (por lo antes comentado respecto de China y el efecto de la propia suba de los precios internacionales), se mantiene elevada y firme en el corto plazo.

Lo que paga el consumidor local en perspectiva internacional

Luego de los últimos aumentos observados en el mercado local, surge un interrogante planteado en el arranque de esta columna: ¿ha quedado cara la carne en Argentina?

A los efectos de disponer de una respuesta indicativa (no perfecta), se realizó un relevamiento de precios finales de cortes seleccionados de carne bovina en distintos países del mundo. Para ello, se tomaron como referencia tres cortes representativos del cuarto trasero, cuadrada, bola de lomo y nalga en la nomenclatura argentina, reconociendo que estos cortes reciben denominaciones distintas según países, aunque son comparables en términos de ubicación anatómica y características.

En cuanto a la muestra de países, se priorizó la inclusión de economías productoras y exportadoras de carne bovina, con el objetivo de asegurar una comparación más homogénea en términos de estructura productiva y formación de precios. La principal excepción es Chile que, si bien es un importador neto de carne, se incorpora al análisis por tratarse de una economía abierta y geográficamente cercana, lo que permite enriquecer la comparación y aportar una referencia adicional relevante para la región.

Respecto de las fuentes de información, se trató de priorizar estadísticas oficiales (precios publicados por organismos públicos, generalmente asociados a relevamientos para monitorear el costo de vida), y en los casos en que no se logró dar con éstas, se procedió a relevar precios on line en supermercados.

Como era de esperar, los resultados muestran una clara segmentación entre países. En el extremo superior se ubican las economías desarrolladas, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, con precios medios de los cortes bovinos seleccionados que oscilan entre aproximadamente 18 y 22 USD/kg. En un nivel intermedio aparecen Chile y Argentina, con valores en torno a 13–14 USD/kg, mientras que el bloque de precios más bajos está conformado por Uruguay, Paraguay y Brasil, con registros entre 9 y 11 USD/kg. En este contexto, Argentina se posiciona en la mitad de la tabla, con un nivel de precios inferior al de los países desarrollados pero superior al de otros exportadores relevantes de la región.

A priori, los precios finales de la carne bovina deben diferir entre países, y ser más elevados en economías desarrolladas que en economías en desarrollo, tal como lo muestra el relevamiento. Una primera explicación radica en los diferenciales de costos internos, en particular en los servicios no transables. En los países de mayor ingreso, la mayor productividad en los sectores transables se traduce en salarios reales más altos y, por esa vía, en mayores costos de comercialización, logística, cadena de frío y alquileres, en línea con el efecto conocido como “Balassa-Samuelson”. Dado que estos componentes representan una proporción significativa del precio final al consumidor, tienden a empujar al alza los valores en dólares de la carne en dichos mercados. En un gráfico adjunto puede apreciarse la elevada correlación entre los precios de la carne bovina y el nivel de ingreso promedio por habitante de cada país (ajustado por diferencias de precios entre países).

Otros dos factores que pueden generar diferencias de precios finales son la carga impositiva y el grado de formalización de los canales comerciales. Los impuestos al consumo, como el IVA, Ingresos Brutos o los impuestos a las ventas minoristas o finales, pueden incrementar de manera directa el precio final, con variaciones entre países. También importante es la estructura del canal minorista: en mercados altamente formalizados, con mayores exigencias regulatorias, sanitarias y fiscales, los costos operativos son más elevados y se trasladan al consumidor. En contraste, en economías con mayor presencia de canales informales o menor carga efectiva, los precios pueden resultar más bajos en términos comparados.

Otro factor determinante es el precio de la hacienda, principal insumo en la formación del precio de la carne. En América del Sur, los sistemas productivos suelen presentar estructuralmente costos más bajos, asociados a disponibilidad de tierra, producción pastoril y menores costos laborales, lo que se refleja en precios del ganado inferiores a los observados en países como Estados Unidos o Canadá.

Asimismo, las políticas comerciales inciden sobre los precios internos. Países con mercados más protegidos o administrados, mediante cuotas y aranceles a la importación, tienden a sostener precios domésticos más elevados al limitar la competencia externa. Por el contrario, en economías más abiertas, los precios internos tienden a estar más alineados con los valores internacionales, aunque sujetos a la dinámica de la demanda externa.

Otro elemento adicional a considerar es la heterogeneidad en la calidad de la carne bovina entre países, que puede influir de manera significativa en los precios finales. Factores como la genética del rodeo, los sistemas de alimentación (pastoril versus feedlot), la edad de faena, el grado de marmoleo y los estándares sanitarios inciden sobre atributos valorados por el consumidor, como terneza, sabor y consistencia. En este sentido, países como Argentina suelen posicionarse con una calidad percibida elevada en segmentos relevantes del mercado, lo que puede sostener precios relativamente más altos frente a otros exportadores de la región.

El escenario local

En el mercado interno las fuerzas del mercado se están combinando para un equilibrio de mayores precios y menores volúmenes.

El ajuste proviene fundamentalmente del lado de la oferta que, como ya se mencionó viene reduciendo el envío de animales a faena y por ende los volúmenes producidos. En el primer bimestre del año se produjeron 456,7 mil toneladas de carne (res equivalente), que provienen de 1,94 millones de cabezas faenadas y un peso medio promedio de 235 kilos; en relación con el mismo período del año pasado, se trata de un ajuste de volúmenes de 9,1%, que descansan en la caída de la faena, dado que el peso medio muestra una leve suba (+2,3% ia). Si en lo que resta del año se mantuviese un ajuste de volúmenes como los del primer bimestre, la producción retrocedería en 285 mil toneladas, una cifra muy significativa en términos del abastecimiento al mercado interno (2,3 millones de toneladas en 2025) y/o el flujo de exportaciones (830 mil toneladas). Si, por el contrario, el flujo de animales enviados a faena comienza a repuntar en los próximos meses, ya sea porque el ciclo de retención de hembras pierde fuerzas y/o los machos en ciclos de engorde más largo empiezan a llegar al mercado con más fluidez, la producción empezaría a acercarse a los niveles de 2025, reduciéndose la tasa de ajuste antes comentada.

Nótese que el porcentaje de hembras faenadas sigue siendo relativamente alto (47,7%), pero la cantidad de hembras enviadas a faena sí ha bajado significativamente; las 925 mil cabezas de este año se ubican un 9% abajo del flujo del 2025 (1,01 millones). Lo que sucede es que también se viene contrayendo fuerte el flujo de machos faenados, de las 1,16 millones de cabezas en el primer bimestre del 2025 a las 1,02 millones de este año (-12,7% ia.). En un contexto de disponibilidad de pasto en distintas regiones productoras y, fundamentalmente, de una buena relación de conversión económica de kilos de alimento a kilos de carne, los períodos de recría y engorde de los machos se han estirado en el ciclo actual, lo que deriva en un menor flujo de animales faenados. 

Se puede proyectar el flujo de carne bovina que podría llegar al mercado interno según distintos escenarios de producción y exportaciones. Debe recordarse que en el primer bimestre la producción de carne bovina cayó 9% interanual y que las exportaciones crecieron un 5% respecto mismo período del 2025. A partir de estas referencias se consideran tres escenarios de producción para todo el año (-9% ia., -5% y -1%), y tres escenarios de exportaciones (+2% ia., +4% y +6%). En términos de lo sucedido en lo que va del 2026, los escenarios suponen que, en el peor de los casos, la producción seguiría cayendo al mismo ritmo, mientras que en el mejor de los casos habría una importante desaceleración de la caída para cerrar el año casi en paridad al 2025. En exportaciones los tres escenarios son expansivos, aunque el mejor caso no prevé un aumento muy superior al observado en el primer bimestre (+6% versus +5%).

De seguir todo como en el primer bimestre, el ajuste de volúmenes enviados al mercado interno sería muy fuerte, cercano al 13%, que en términos por habitante implicaría una disponibilidad media de unos 43,0 kilos, entre 6 y 7 kilos menos que en el 2025 (49,4 kilos). En un escenario moderado de caída de producción (-5% ia), el ajuste en el mercado interno se reduce, aunque implicaría resignar en promedio unos 4 kilos aproximadamente de consumo de carne bovina por habitante. 

Finalmente, si en el segundo semestre se observa una recuperación productiva, que cuasi compense el ajuste de la primera mitad del año, el consumo interno podría estar cerrando el año en 48 kilos promedio por habitante, solo 1 kilo por debajo del nivel 2025.

Reflexiones finales

Luego de un arranque de año marcado por fuertes subas, el mercado de la carne bovina comienza a mostrar señales de estabilización. La reciente pausa en el precio de la hacienda sugiere la aparición de ciertos límites, tanto por el lado del consumidor, con menor capacidad de convalidar nuevos aumentos, como por el lado del sector exportador, cuya ecuación económica se ve exigida ante valores récord de la materia prima en dólares.

En el plano local, la dinámica actual está fuertemente condicionada por factores de oferta. La retención de animales, en particular de hembras, constituye una señal de recomposición de los stocks ganaderos y de apuesta por la actividad. Este proceso es, en esencia, la única vía sostenible para incrementar la producción de carne en el mediano plazo. Sin embargo, implica una restricción transitoria de la oferta disponible, lo que introduce una tensión de corto plazo entre consumo interno y exportaciones.

En este sentido, el dilema entre mercado interno y mercado externo debe interpretarse como un fenómeno típicamente cíclico. En el corto plazo, una mayor orientación exportadora en un contexto de oferta restringida tiende a traducirse en menor disponibilidad local. No obstante, si el proceso de retención se consolida y deriva en una expansión del stock ganadero, este trade-off tiende a diluirse en el tiempo, permitiendo un crecimiento simultáneo de ambos destinos.

El contexto internacional, por su parte, continúa ofreciendo condiciones favorables, con precios elevados y relativamente firmes y una demanda externa que, si bien podría moderarse en la segunda mitad del año, se mantiene elevada en el corto plazo. Esto refuerza los incentivos a la producción y a la inversión en el sector.

Un elemento relevante del escenario actual es el rol de la política económica. A diferencia de episodios previos, el gobierno ha optado por no intervenir en el mercado de carnes ni restringir las exportaciones, aun en un contexto de suba de precios y de impacto negativo sobre las metas de inflación. Esta mayor previsibilidad y neutralidad regulatoria constituye una señal importante para el sector, que parece estar respondiendo con decisiones consistentes con un horizonte de más largo plazo, como lo evidencia la retención de vientres y la extensión de los ciclos productivos.

En términos de precios, si bien la carne vacuna se ubica actualmente en niveles elevados respecto de su propia historia, la comparación internacional muestra que Argentina continúa posicionándose por debajo de los valores observados en economías desarrolladas y en línea con su nivel de ingresos. Esto sugiere que, en un escenario de mayor integración comercial, los precios internos tenderán a reflejar crecientemente las condiciones del mercado global.

En perspectiva, el mercado de la carne bovina en Argentina podría estar transitando una transición hacia un nuevo equilibrio, caracterizado por una mayor inserción internacional, una oferta en proceso de recomposición y un consumo interno que tenderá a ajustarse, al menos en el corto plazo. En este contexto, es esperable una reducción del consumo per cápita de carne bovina, especialmente si se sostienen las condiciones actuales de retención y expansión de exportaciones.

Finalmente, este proceso también puede consolidar un cambio estructural en los patrones de consumo. La mayor competencia por la carne bovina, tanto a nivel local como internacional, junto con la evolución de los precios relativos, tenderá a impulsar una mayor diversificación hacia otras proteínas animales, particularmente carne porcina, que cuenta con una oferta abundante y costos de producción más bajos. Este desplazamiento, lejos de ser coyuntural, podría marcar una tendencia de mediano y largo plazo en la dieta de los consumidores.

Por Juan Manuel Garzón / Franco Artusso de Fundación Mediterránea, presidida por María Pía Astori.

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El cosecha de trigo, como las de cebada y maíz, alcanzan cifras inéditas



El secretario de Agricultura nacional, Sergio Iraeta, destacó la cosecha récord de granos registrada durante la campaña 2025/2026 y, según él, “el boom de producción tiene mucho que ver con las políticas que implementó el Gobierno, pero fundamentalmente con el trabajo y la inversión de los productores”.


Según el Indec, el Costo de la Construcción (ICC) en el Gran Buenos Aires registró en mayo una suba del 2,7% respecto del mes anterior.
El Costo de la Construcción en el Gran Buenos Aires subió 2,7% en mayo
De acuerdo con Iraeta, la cosecha de trigo superará las estimaciones previas y alcanzará una producción récord de más de 27 millones de toneladas. Además, señaló que el girasol marcó un registro histórico con 7.400.000 toneladas, mientras que la cebada aportó 5.600.000 toneladas, un incremento interanual del 16,7%.

Por otra parte, Iraeta se refirió al contexto internacional generado por la guerra en Medio Oriente. “Decidimos bajar dos puntos las retenciones al trigo y recientemente el precio de la urea comenzó a bajar, por lo que el panorama es más promisorio”. Además, “para el Gobierno el campo es prioritario, y comparado con otras administraciones la diferencia es paradigmática”, sostuvo. Asimismo, ratificó que “la reducción de las retenciones se toma con una responsabilidad enorme y con una precisión quirúrgica para mantener el equilibrio fiscal”.

“El Gobierno entiende lo que significa el agro en términos de producción, desarrollo y trabajo a nivel federal, y el compromiso es eliminar las retenciones en todos los rubros, que es lo que se viene haciendo desde que empezó la gestión”. En ese sentido, ponderó la eliminación de derechos de exportación para diversos productos agroindustriales y de las economías regionales, como lácteos, productos de vaca y la cadena porcina.

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Oficializan la baja de las retenciones para el agro


El Gobierno oficializó la baja de retenciones para el agro. El beneficio alcanza de manera inmediata, a partir de este jueves 4 de junio al trigo y la cebada, como también sus subproductos. En tanto, formalizó el esquema gradual desde el 1 de enero de 2027 para la soja, el maíz, el girasol y el sorgo, incluidos sus subproductos. Incluyó retenciones cero para biocombustibles que no se produzcan con los principales granos.

La medida quedó formalizada mediante el decreto 423/2026, publicado en el Boletín Oficial y busca alentar la liquidación de divisas, pero también implicará un costo fiscal de US$32 millones hasta fin de año, según los cálculos del Palacio de Hacienda.


“Resulta necesario continuar fortaleciendo el impulso exportador del sector agroindustrial con medidas que fortalezcan los procesos de simplificación, reducción de trámites, facilitación del comercio, apertura de nuevos mercados y disminución de impuestos distorsivos”, justificó el Gobierno.

El decreto diferencia entre cultivos de invierno y cultivos de verano. Las reducciones inmediatas responden “a la proximidad de las decisiones de siembra” de la fina, es decir trigo y cebada. Para los cultivos de verano, como la soja y el maíz, en cambio, se estableció un esquema gradual con un cronograma que comenzará a aplicarse a partir de enero de 2027.

El Gobierno también aplicó modificaciones para los biocombustibles. Fijó una alícuota de 0% para el biodiésel obtenido a partir de aceites de colza, cártamo, Brassica Carinata y Camelina Sativa.

Cómo quedan las alícuotas

Con el esquema diferenciado que diseñó el Gobierno, la baja de retenciones de dos puntos para el trigo y la cebada comenzará a regir desde el 4 de junio, mientras la reduccion gradual para alícuotas de la soja, el maíz, girasol y sorgo iniciará desde enero de 2027.

A continuación cómo quedan las alícuotas de las retenciones del campo:

Trigo y cebada: la alícuota de aplicación inmediata pasará del 7,5% al 5,5% para los granos. Para sus derivados (harina, sémola, malta y otros subproductos industriales) con tasas que van desde 0% hasta 5,5%, según la mercadería.

Soja: el esquema prevé una reducción gradual de retenciones. El poroto pasará de una alícuota del 24% en 2026 al 21% desde diciembre de 2027 y al 15% a partir de diciembre de 2028. El aceite de soja pasará de entre 18% y 22% en 2026 a valores de entre 11% y 14% hacia fines de 2028.

Maíz y sorgo: algunos derivados tributarán retenciones cero, mientras otras reducirán sus alícuotas de manera escalonada durante 2027 y 2028. Las tasas pasarán de 8,5% en 2026 a 7,5% a fines de 2027 y a 5,5% desde diciembre de 2028.

Girasol: el Gobierno fijó reducciones escalonadas para semillas, aceites y otros derivados. Algunas variedades específicas quedarán exentas de retenciones. El aceite de girasol tributará entre 2,5% y 4,5% en 2026 a niveles de entre 1% y 3% hacia fines de 2028.


Por su parte, el Gobierno fijó retenciones cero para el biodiesel elaborado con carinata, camelina, cártamo o colza. En tanto, el biodiésel de soja seguirá alcanzado por derechos de exportación, aunque con una reducción gradual del 21% actual al 13% en diciembre de 2028. (TN)

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CARBAP exige la eliminación de las retenciones por ley

Semanas atrás el Gobierno nacional anunció una serie de rebajas en las retenciones agropecuarias que comenzarán por el trigo y la cebada, desde este mes de junio, y seguirán con soja, maíz, girasol y sorgo a partir de 2027. En ese contexto, la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) destacó que “la reducción de retenciones es el camino”, pero “la eliminación debe ser el objetivo”.


En un comunicado, CARBAP señaló que “valoramos el anuncio realizado por el Presidente de la Nación respecto al cronograma de reducción de los Derechos de Exportación (DEX)”.

De ese modo, “la decisión constituye una señal positiva y coherente con el camino que el Gobierno Nacional viene impulsando en materia de reducción de la presión impositiva, apertura económica, libertad de comercio, ordenamiento macroeconómico y recuperación de los equilibrios fiscales. Reconocemos los avances alcanzados en estos aspectos, que han contribuido a generar un escenario de mayor previsibilidad para la producción y la inversión”.


Agregaron: “Consideramos que el equilibrio fiscal debe consolidarse como una verdadera política de Estado. La estabilidad macroeconómica es una condición indispensable para el crecimiento sostenido de la Argentina y constituye una demanda histórica de quienes producen, invierten y generan empleo en todo el país”.

Y resaltaron que “la competitividad del sector agropecuario no depende únicamente de los Derechos de Exportación; también se ve afectada por una estructura impositiva provincial y municipal que continúa expandiéndose y que requiere una profunda revisión”.


No obstante, insistieron: “El cronograma anunciado debería contemplar una reducción más acelerada de los Derechos de Exportación”. Ya que “si bien comprendemos los desafíos que implica sostener el equilibrio de las cuentas públicas, no resulta razonable que dicho esfuerzo continúe recayendo de manera desproporcionada sobre un único sector productivo a través de un impuesto distorsivo que desalienta la producción, limita las exportaciones, reduce la inversión y afecta la incorporación de tecnología”.

Argumentaron desde CARBAP que “la producción agropecuaria argentina continúa enfrentando una situación de clara desigualdad respecto de otros sectores de la economía. Mientras numerosas actividades han visto eliminados sus derechos de exportación o cuentan con regímenes específicos de promoción e incentivos, como los contemplados en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el agro sigue soportando una carga tributaria diferencial que condiciona su competitividad y restringe su potencial de crecimiento”.

Por ello, “consideramos fundamental que el cronograma anunciado no tenga como horizonte final el año 2028, sino que establezca de manera explícita el camino hacia la eliminación total de los Derechos de Exportación. Del mismo modo, entendemos que dicho sendero debería quedar plasmado en una ley que otorgue previsibilidad y seguridad jurídica a largo plazo, evitando que futuras administraciones vuelvan a recurrir a este instrumento que ha demostrado ser perjudicial para el desarrollo productivo y exportador del país”.


“Los fundamentos para avanzar en esa dirección son cada vez más sólidos. En su reciente informe sobre la economía argentina, el Fondo Monetario Internacional identificó a los Derechos de Exportación como uno de los principales impuestos distorsivos que afectan el crecimiento, las exportaciones, la inversión y la incorporación de tecnología. Asimismo, citó estimaciones de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires que muestran que su eliminación permitiría incrementar significativamente las exportaciones agroindustriales en la próxima década, además de generar mejoras en la producción, el ingreso de divisas y el crecimiento económico del país”, argumentaron.

Y señalaron: “Estas conclusiones ratifican algo que el sector productivo viene señalando desde hace años: la eliminación de los Derechos de Exportación no debe ser vista como un beneficio sectorial, sino como una herramienta de desarrollo para toda la Argentina”. Porque “más producción significa más actividad económica, más empleo, más exportaciones, más divisas y una mayor capacidad de generación de riqueza para el conjunto del país”.

“Un sistema tributario que incentive la producción”
“Desde CARBAP seguiremos acompañando todas aquellas medidas que fortalezcan la estabilidad macroeconómica, promuevan la inversión y permitan liberar el enorme potencial productivo del interior argentino”, afirmaron.

“El camino iniciado es positivo, pero el objetivo final debe ser claro: la eliminación definitiva de los Derechos de Exportación y la construcción de un sistema tributario que incentive la producción en lugar de castigarla”, cerraron desde CARBAP.

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