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Se viene una ola de calor y crece el riesgo de incendios
23 de enero de 2026
La provincia de Buenos Aires atravesará en los próximos días una ola de calor, con temperaturas que en algunos distritos podrían llegar a 37 grados, lo que hace crecer la posibilidad de incendios, que ya afectaron en el sur bonaerense alrededor de 20 mil hectáreas en el último mes.
Mientras este viernes medio país tiene alerta amarilla por temperaturas extremas, la provincia de Buenos Aires entrará en un fin de semana de calor extremo que, en algunos casos, se extenderá hasta durante toda la semana que viene.
De acuerdo a registros del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), durante el sábado y domingo el termómetro subirá varios grados, lo que hará que se extremen los cuidados. En la zona del centro, en ciudades como Tandil y Azul se esperan temperaturas máximas de entre 33 y 35 grados.
De acuerdo al análisis de Agencia DIB, en el noroeste, Trenque Lauquen, Bolívar y Pehuajó podrían tener temperaturas que lleguen a 36 grados, aunque casi siempre la térmica marca tres o cuatro grados más. Algunas lluvias aisladas que se esperan, sin embargo, no traerán alivio y el calor seguirá en los próximos días. Hacia el norte, en tanto, en la zona de San Nicolás se pronostican temperaturas de 37 grados.
Mientras en la zona del sur bonaerense se espera también mucho calor pero con días de tormentas, los que están en la costa atlántica tendrán temperaturas máximas en torno a los 30 grados. Así lo marca el pronóstico para ciudades como Necochea, Mar del Plata y Pinamar, con posibilidad de chaparrones de verano.
Se considera una ola de calor cuando las marcas máximas y mínimas igualan o superan durante al menos tres días consecutivos y en forma simultánea, ciertos valores umbrales que dependen de cada localidad. Y eso es lo que seguramente pasará en gran parte del territorio bonaerense.

En este contexto de calor extremo, los riesgos sobre posibles incendios en campos bonaerenses suben. De hecho de acuerdo al reporte del Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) y el SMN hay “riesgo extremo de incendios” en varias provincias argentinas y puntualmente en casi todos los municipios bonaerenses.
Solamente en una parte del sur bonaerense está bajo la categoría “riesgo muy alto”, pero el resto tiene alerta máxima para las próximas 48 horas. En este sentido, las autoridades vienen advirtiendo que la situación debería considerarse “potencialmente explosiva o extremadamente crítica”.
Cabe destacar que las condiciones para el riesgo extremo se dan ante más de 30 grados de temperatura, menos del 30% de humedad y vientos superiores a los 30 km/h. Bajo estas condiciones, la zona afectada se convierte en un polvorín donde rastrojos de cosecha y pasturas bajas pueden arder a gran velocidad.
Cuando el riesgo es señalado como “muy alto”, se estima que “las condiciones de quema son críticas, pueden ocurrir coronamientos y fuegos de copa intermitentes en bosques”, mientras que el peligro “extremo” implica que “la situación debería considerarse potencialmente “explosiva” o extremadamente crítica”.
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Portada digital del día 7/9/2026
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Toda la información del día 7/9/2026
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Misa del Arzobispo de Madrid en la Catedral: ‘La fe hoy nos pide cercanía’
La Catedral de los Santos Pedro y Cecilia fue escenario este domingo de la celebración diocesana por el Día del Migrante y del Refugiado, organizada por la Comisión Diocesana de Migrantes e Itinerantes. La Santa Misa fue presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal José Cobo Cano, y concelebrada por el obispo diocesano, monseñor Ernesto Giobando sj. y por el obispo emérito de Chascomús, monseñor Carlos Malfa, entre varios sacerdotes.
La celebración reunió a integrantes de distintas colectividades, agentes de pastoral, representantes de instituciones y miembros de la comunidad diocesana. La presencia del cardenal Cobo tuvo además un significado especial por los vínculos históricos y pastorales entre las Iglesias de Madrid y Mar del Plata.
Participaron especialmente como invitados a la misa los empresarios Florencio Aldrey y Claudia Álvarez Argüelles, el intendente Agustín Neme, autoridades de la Prefectura Naval Argentina, el jefe de la Base Naval Mar del Plata, Fernando Pérez Kühn, y su esposa, Ivana Villalba de Pérez Kühn, además del jefe de la Base Aérea Militar, Pablo Díaz, entre otros invitados especiales.
También se apreció la presencia del rector del Seminario Conciliar de Madrid, Antonio Secilla, y la delegada de Jóvenes de la diócesis madrileña, Laura Moreno, ambos integrantes del Proyecto Generación Esperanza, quienes acompañan al cardenal Cobo Cano en su viaje a la Argentina y su visita especial este fin de semana a Mar del Plata, donde el sábado fue declarado “Huésped de honor”.
El Foro de las Colectividades participó con representantes de distintas comunidades, entre ellas las colectividades italianas, el Club Español, el Centro de Castilla y León y Residentes Armenios, entre otras, con coloridos estandartes y sus atuendos típicos. Y a su vez se hico presente el cuerpo de gaiteros del Centro Gallego de Mar del Plata, que le dio la bienvenida musical al cardenal en su ingreso al templo mayor de la ciudad.
Al recibir al arzobispo de Madrid, monseñor Ernesto Giobando destacó los vínculos que unen a ambas Iglesias y recordó que la identidad de la Diócesis de Mar del Plata está profundamente atravesada por la llegada de migrantes. “Su presencia nos llena de alegría y nos ofrece una hermosa oportunidad para estrechar aún más los lazos entre dos Iglesias hermanas, unidas por una misma fe, por una historia compartida y por tantos vínculos humanos y espirituales que atraviesan el tiempo y las distancias”, expresó.
El obispo recordó las primeras experiencias evangelizadoras en estas tierras y señaló que “Somos herederos de una fe que llegó a nuestras costas, en aquellas primeras ‘Misiones del Sur’ cruzando el río Salado, emprendida por los misioneros jesuitas en el siglo XVIII en la Misión del Pilar en la Laguna de los Padres”.

“La palabra es hermano”
Durante la homilía, el cardenal José Cobo invitó a mirar la realidad migratoria desde el Evangelio. Recordó que las migraciones forman parte de la historia de las sociedades y explicó que la Iglesia no está llamada solamente a realizar un análisis económico, político o cultural de este fenómeno. “Para nosotros no se nos pide un análisis económico ni un análisis político de las migraciones, tampoco un análisis cultural. Se nos pide mirarlo desde el Evangelio”, destacó.
Desde esa perspectiva, señaló una palabra que atraviesa las lecturas proclamadas y que consideró especialmente significativa para la Jornada. “Hay una palabra que atraviesa hoy todas las lecturas que hemos escuchado y que necesitamos hoy especialmente nosotros escuchar con calma. Es la palabra hermano. No habla de adversarios, no de extraños, no de problemas, no de expedientes. La palabra es hermano”.
El cardenal Cobo explicó que esa mirada transforma la manera de relacionarse con quien llega. “El otro, el que tenemos al lado, con el que compartimos el banco de la Eucaristía, el otro con el que nos encontramos, el que llega, es el hermano”. Por eso, continuó, “hemos de acercarnos, de hablar con él, de escucharle, de buscar caminos, de implicar a la comunidad y no dar a nadie por perdido”.
Para el arzobispo de Madrid, la fraternidad no es simplemente una actitud de buena voluntad, sino parte del proyecto que Jesús propone a su Iglesia. “La corrección fraterna no nace del deseo de vencer ni de creernos superiores los unos de los otros; nace de un proyecto que Jesús tiene: el proyecto de fraternidad”. Y añadió que se trata de “un proyecto que se niega a abandonar a nadie”.
Cada migrante tiene un nombre y una historia
El cardenal Cobo puso particular énfasis en uno de los riesgos que enfrenta la sociedad contemporánea: reducir a las personas a categorías, números o etiquetas. “En esta Jornada del Migrante, esta palabra, la fraternidad, el hermano, adquiere una fuerza especial porque sabemos que uno de los grandes riesgos de nuestro tiempo consiste en invisibilizar a las personas, el llamar número o etiqueta al que viene de otro lugar”.
Frente a esa tendencia, afirmó que “cada migrante, cada persona tiene un nombre, una historia, una familia, una tierra que recuerda y una esperanza que lo ha puesto en camino”. Y remarcó que quienes llegan a una nueva comunidad no deben ser vistos únicamente desde aquello que necesitan, sino también desde aquello que pueden aportar. “Quienes llegan ahora no vienen con las manos vacías; traen una vida que pretende enriquecer la vida común de cada comunidad”.
El arzobispo de Madrid vinculó esta realidad con la experiencia de su propia diócesis, donde numerosas comunidades parroquiales están integradas por personas provenientes de distintos países de América Latina. “Muchas de nuestras comunidades, muchas de nuestras parroquias las forman gente que ha venido en estos últimos años de muchos países de América Latina, y han dado vida y enriquecen la vida de nuestra comunidad”.
También destacó la particular importancia de la memoria migratoria en la Argentina. “La historia de este país está tejida por muchas migraciones, por eso la memoria puede ayudarnos ahora a mirar el presente con más verdad y sin miedo”.
Ensanchar el “nosotros”
A partir de esta perspectiva, el cardenal Cobo advirtió sobre la difusión de discursos que presentan al migrante como una amenaza. “Sin embargo, también aquí, porque se globalizan en todo el mundo los discursos que presentan al migrante como una amenaza, como un problema o como una carga”.
El riesgo, explicó, es terminar construyendo una comunidad cerrada sobre sí misma. “Así, lo que hacemos es formar un ‘nosotros’ pequeñito que solo protege lo mío, lo de mi grupo, lo de mi frontera, dejando a los demás fuera, lejos de esa propuesta que nos hacía Jesús, la propuesta que nos invita a crear fraternidad donde todo el mundo quepa”.
Frente a esa lógica, sostuvo que “El Evangelio hoy ensancha el ‘nosotros’ y nos pregunta por la comunidad”. Aclaró que esto no significa desconocer las dificultades que plantea la convivencia ni la necesidad de ordenar responsablemente la vida social, pero sí impide hacerlo “sacrificando la dignidad de la persona”. El cardenal invitó además a reconocer “lo que cada uno aporta y la oportunidad que cada persona que llega a nuestras comunidades puede significar”.

“La Iglesia no puede contemplar estas heridas desde lejos”
La homilía también abordó las situaciones concretas que atraviesan muchas personas migrantes: los procesos de regularización, la documentación, el acceso a la salud y a la educación, el trabajo, las situaciones de abuso y las dificultades que también enfrentan las segundas generaciones para construir sus propias raíces.
Ante esas realidades, el cardenal Cobo recordó la pregunta de Dios por la vida del hermano y la trasladó a la comunidad cristiana. “Dios pregunta a Ezequiel por la vida de su hermano. Y hoy, Dios nos pregunta a nosotros por la vida de nuestros hermanos, por cómo nos implicamos los unos en la vida de los otros”.
En ese contexto, fue contundente al definir la responsabilidad de la Iglesia. “La Iglesia no puede contemplar estas heridas desde lejos. La fe nos pide cercanía, la fe nos pide una orientación clara, la fe nos pide una defensa de la dignidad y una responsabilidad en nuestra pastoral”.
Por eso, propuso cambiar incluso el punto de partida de la pastoral. “No empiecen hablando de los migrantes, empiecen con cada persona, empiecen nombrándole. El primer paso cristiano es siempre el encuentro cara a cara”.
Una pastoral que abre las puertas
El arzobispo de Madrid llamó también a superar una concepción de la pastoral migratoria reducida a la asistencia. “Por eso la pastoral migratoria en la Iglesia no puede quedar reducida a una ayuda ocasional ni a delegarse solo a algunos grupos”. En esa misma línea, subrayó que “No basta con entregar algo a quien llega, hay que abrir nuestras comunidades”. Esa apertura concreta supone, según explicó, “dejarles sitio en la Eucaristía, escuchar su voz, reconocer sus dones”, para que puedan verdaderamente tener un lugar dentro de la comunidad.
La afirmación más profunda de esta perspectiva llegó al señalar que “El migrante, el que llega, no es destinatario solo de nuestra acción pastoral: es miembro del pueblo de Dios, y Dios tiene que decirnos algo a nuestras comunidades también a través de ellos”. Por eso, el cardenal Cobo llamó a “generar comunidades acogedoras que vivan proféticamente esta fraternidad como esperanza para nuestro tiempo” y a mostrar, desde la propia experiencia eclesial, que es posible vivir de otra manera. En este punto recordó una expresión del papa León XIV, quien ha señalado que “los migrantes y refugiados pueden ser hoy —fijaos— ‘misioneros de esperanza’”.

Leyes justas y responsabilidad de todos
El cardenal Cobo señaló que la dimensión pastoral no excluye la necesidad de respuestas políticas e institucionales. “La complejidad de nuestras migraciones necesita leyes justas, necesita políticas serias y una acción responsable de nuestros Estados”, afirmó. Pero inmediatamente puso el acento en la persona concreta, advirtiendo que “ninguna norma será verdaderamente humana si olvida que está al servicio de cada persona concreta”.
Junto con la responsabilidad de los Estados, destacó la tarea que corresponde a la sociedad civil y a la Iglesia. “Nos corresponde a todos colaborar, tender redes, prevenir todo tipo de explotación, sostener a quienes acompañan, facilitar información creíble y crear vínculos entre nosotros”. En ese marco, agradeció públicamente el trabajo de quienes llevan adelante la pastoral migratoria, a Cáritas y a todos los que colaboran con ella y la hacen presente en las comunidades.
“Esa es nuestra riqueza hoy”
Hacia el final de su homilía, el arzobispo de Madrid volvió sobre las palabras de Jesús: “Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Y explicó que esta promesa no está condicionada por la uniformidad de quienes forman la comunidad. “No dice donde todos piensan igual, no; no dice donde todos tienen el mismo origen, no dice donde todos comparten las mismas costumbres; dice: ‘Donde dos o tres se reúnan en mi nombre’. Y eso es lo que tenemos hoy aquí, esa es nuestra riqueza hoy”.
Desde allí, presentó la fraternidad como un testimonio concreto que la Iglesia puede ofrecer al mundo. “Y este es el milagro que podemos proponer a la humanidad: Cristo se hace presente cuando dejamos de vivir como individuos aislados y comenzamos a hacernos responsables unos de otros con el amor abierto”.
Como síntesis de su mensaje, propuso tres caminos: “Primero, para acercarnos a cada migrante como un tesoro”. En segundo lugar, “para ofrecer nuestras comunidades, nuestras parroquias, allí donde hay vida cristiana, para ofrecer como lugares de acogida y de propuesta de una fraternidad nueva”. Y finalmente, “para trabajar juntos comunidades, asociaciones u organizaciones sociales para que nadie quede solo ante las necesidades que van surgiendo”.
La celebración concluyó con una oración a la Virgen de los Desamparados, pidiendo su amparo para quienes lo necesitan y renovando el compromiso de construir comunidades acogedoras. El cardenal Cobo pidió que quienes llegan a cualquier diócesis puedan encontrar “no solo un lugar donde vivir, sino hermanos con quienes compartir la esperanza y el camino”.
GENTILEZA OBISPADO

