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Una buena señal política

1 de junio de 2021

El intendente Montenegro decretó que  su gabinete  donará el aguinaldo

El intendente Guillermo Montenegro, decretó hoy que, junto con los secretarios de su gabinete y los presidentes de entes municipales descentralizados, donará la totalidad de su aguinaldo como señal de «austeridad» en el marco de la emergencia sanitaria por el coronavirus.

La medida del jefe comunal del PRO dispone que se aplicará «una deducción voluntaria de la totalidad» del sueldo anual complementario correspondiente al primer semestre de 2021.

El decreto en cuestión alcanza a Montenegro, a los secretarios y a los titulares de entes descentralizados, y establece que «a los fines presupuestarios, los importes que se deduzcan» tendrán «el carácter de donaciones realizadas por los respectivos funcionarios y aceptadas por el Municipio sin destino específico».

Cada funcionario deberá expresar su voluntad de donar el aguinaldo, en el marco de «la adopción de algunas medidas de austeridad para compartir el esfuerzo que se les solicita a los contribuyentes de la ciudad», se informó desde el palacio municipal.

Según el decreto aludido, la medida fue adoptada ante «la situación económica por la que están atravesando los habitantes» del distrito, «como consecuencia de la pandemia» por el coronavirus.

Y se fundamenta por el «serio deterioro» que han generado «en los sectores productivos» locales las restricciones implementadas a nivel nacional y provincial para prevenir los contagios.

«En el marco de una segunda ola de Covid no se le podría pedir un nuevo esfuerzo solamente a los sectores productivos, sin que el mismo no estuviera acompañado por acciones del Poder Ejecutivo Municipal», señala

General Pueyrredón, se encuentra en la Fase 2 de aislamiento, y de acuerdo al último reporte de la Secretaría de Salud municipal registraba 4.082 casos activos de coronavirus, y en la última semana de mayo el promedio de nuevos casos diarios fue de 401.

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Colombia: Misión con militares y ayuda humanitaria



Ante la emergencia provocada por el terremoto de magnitud 7,4 que afectó gravemente la región sudoeste de Colombia -con un saldo provisorio de 304 muertos, 4.548 heridos y 426 desaparecidos- el Gobierno enviará este martes un contingente de las Fuerzas Armadas integrado por 32 efectivos y medios del Ejército Argentino.

La misión contará con capacidades para la captación, potabilización y distribución de agua, apoyo logístico de comunicaciones para los hospitales, un centro de distribución de alimentos con cocina de campaña y 4.000 soluciones alimenticias para asistir a la población y asegurar el autoabastecimiento del contingente.


Un Hércules C-130 llevará el material necesario para brindar la asistencia, entre ellos una cocina de campaña, una planta potabilizadora de agua y el resto del apoyo logístico, mientras que un Embraer RJ-140 transportará a los 32 efectivos que estarán abocados a la misión.

Durante la fase de planificación, el personal alistado para la misión completó la preparación sanitaria específica requerida para operar en una región tropical, que incluye vacunación y medidas preventivas frente a enfermedades como la malaria.

Se trata de un entorno operativo especialmente complejo por su aislamiento geográfico, la densidad de la selva, las precipitaciones intensas y las limitaciones de la infraestructura vial. La ciudad se encuentra además a orillas del río Atrato, una vía fundamental para acceder a numerosas comunidades de la región.

La operación será coordinada por el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, bajo la supervisión del Ministerio de Defensa, y se desarrollará en articulación con las autoridades colombianas, a través de los canales diplomáticos correspondientes del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.

Será el único contingente militar argentino desplegado para brindar asistencia humanitaria en Colombia y concentrará las capacidades aportadas por nuestro país para apoyar la respuesta a la emergencia.

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Terremoto en Indonesia deja decenas de muertos

Un potente terremoto de magnitud 7,7 sacudió el sábado por la mañana las aguas frente a la isla indonesia de Flores, dejando al menos 47 muertos y daños en edificios, y obligando a los residentes a abandonar sus hogares.

El terremoto ocurrió alrededor de las 6 a.m., hora local, a unos 70 kilómetros al noroeste de Ende, en la provincia de Nusa Tenggara Oriental, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés).

La cifra más reciente de víctimas fue proporcionada por la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB, por sus siglas en indonesio) en una actualización publicada el sábado por la noche, hora local. Además, 50 personas resultaron heridas o gravemente heridas, informó la BNPB. Unas 2.000 personas fueron evacuadas.

La agencia informó que inicialmente se emitió una alerta de tsunami, pero posteriormente fue levantada. Algunas olas de hasta 1 metro de altura fueron registradas en Maurole, Ende, según la Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica de Indonesia.

El terremoto se sintió en toda Flores, una exuberante y montañosa isla de la cadena de islas de la Sonda, que también incluye al popular destino turístico de Bali. Flores es conocida por sus coloridos lagos volcánicos y como puerta de entrada al Parque Nacional de Komodo, hogar de los lagartos más grandes de la Tierra. Su población, de unos dos millones de habitantes, está distribuida en gran medida en pequeñas aldeas.

Centros de salud, escuelas, oficinas gubernamentales y más de 50 viviendas resultaron dañados por el terremoto, informó la BNPB.

Videos publicados en redes sociales mostraron edificios derrumbándose y residentes aterrorizados corriendo y gritando mientras el polvo cubría el cielo. En uno de los videos se observan daños en un hospital de la aldea de Aeramo.

Apenas unas horas después del terremoto del sábado, otro sismo, de magnitud 6,9, sacudió el norte de Sumatra, en Indonesia. Posteriormente, un tercer terremoto, de magnitud 5,7, ocurrió unos 965 kilómetros al norte, frente a la península de Minahasa, informó el USGS.

Theresia Uta, de 52 años, dijo a CNN que acababa de terminar de desayunar en la ciudad costera de Maumere cuando ocurrió el primer terremoto. Salió corriendo y se aferró a un árbol en el patio durante 10 minutos, hasta que cesó el movimiento.

“Aunque ya había experimentado varios terremotos en la isla de Flores, este fue, por mucho, el terremoto más fuerte y prolongado que he vivido. El movimiento fue extremadamente potente y violento”, dijo.

Contó que rápidamente subió a su automóvil para evacuar, y agregó que varias carreteras habían quedado bloqueadas debido a deslizamientos de tierra.

Los estudiantes del Seminario Mayor Católico Romano San Pedro, en la aldea costera de Sikka, asistían a la misa matutina cuando se derrumbó el techo de un salón de reuniones, lo que provocó que las personas huyeran presas del pánico, dijo el rector del seminario, el reverendo Guidelbertus Tanga, según The Associated Press.

Una residente de 51 años de la localidad de Talibura dijo que el terremoto fue “masivo” y obligó a su familia a salir corriendo de su casa.

“El terremoto fue masivo, el impacto fue muy fuerte. Estábamos descansando en casa con la familia. Éramos 13 personas dentro de la casa y todos corrimos para salvarnos”, dijo la residente, Nona, a la agencia de noticias Reuters.

Un joven de 16 años que vive en la misma zona dijo que era la primera vez que sentía un terremoto tan fuerte y que corrió inmediatamente hacia un terreno más elevado.

“Me quedé en shock por el terremoto. Estaba durmiendo”, dijo Yoan Rinto a Reuters. “Sí, todavía estoy en pánico, sigo muy preocupado”.

Unas 2.000 personas de la regencia de Nagekeo fueron evacuadas después del terremoto como medida de precaución, informó la BNPB.

Se observa un edificio dañado tras un terremoto en Manggarai Oriental, provincia de Nusa Tenggara Oriental, Indonesia, el 15 de agosto de 2026.
Se observa un edificio dañado tras un terremoto en Manggarai Oriental, provincia de Nusa Tenggara Oriental, Indonesia .Kurniawan/AP

Un hombre examina los daños sufridos por un edificio tras un terremoto en Manggarai Oriental, provincia de Nusa Tenggara Oriental, Indonesia, el 15 de agosto de 2026.
Un hombre observa los daños sufridos en un edificio tras un terremoto en Manggarai Oriental, provincia de Nusa Tenggara Oriental, Indonesia.Kurniawan/AP

La agencia desplegó un helicóptero junto con su equipo de respuesta de emergencia y señaló que el terreno de la zona, compuesto por numerosas islas, dificulta el acceso.

Imágenes difundidas por la agencia nacional de búsqueda y rescate y compartidas por CNN Indonesia mostraron a trabajadores de rescate retirando escombros en busca de posibles sobrevivientes.

El terremoto en Indonesia ocurre después de desastres de gran escala en Venezuela y Colombia. En junio, Venezuela fue sacudida por dos potentes terremotos que dejaron miles de muertos. Otro terremoto que golpeó el oeste de Colombia el lunes dejó al menos 287 muertos.

Indonesia ha sufrido varios terremotos devastadores en el pasado. La nación del sudeste asiático se encuentra en el Anillo de Fuego, una franja alrededor del océano Pacífico que provoca frecuentes terremotos y actividad volcánica. El anillo es una de las zonas con mayor actividad sísmica del mundo y se extiende desde Japón e Indonesia, en un lado del Pacífico, hasta California y Sudamérica, en el otro.

Por Lex Harvey, Masrur Jamaluddin y Hira Humayun, CNN 

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Emergencia humanitaria en Colombia



El terremoto dejó 281 muertos, miles de heridos y desaparecidos, mientras más de 25.000 familias enfrentan las consecuencias de la catástrofe. La ayuda internacional comenzó a llegar, aunque persisten las dificultades para asistir a las comunidades aisladas.

Colombia enfrenta una emergencia humanitaria con 281 muertos y miles de damnificados
La emergencia humanitaria continúa en Colombia tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el país el lunes 10 de agosto. El sismo, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, y una profundidad de 82 kilómetros, dejó al menos 281 muertos, unos 3.500 heridos y cerca de 500 desaparecidos. Además, más de 25.000 familias sufrieron daños y necesitan asistencia.

El terremoto provocó evacuaciones masivas y graves daños en distintas ciudades, entre ellas Cali, Pereira y Manizales. En Cali, el Hospital Universitario del Valle evacuó a unas 800 personas luego de que una de sus torres, de seis pisos, colapsara. Una trabajadora relató: “Cuando comenzó el terremoto pusimos en práctica lo que hemos aprendido: salvar vidas. Cada uno cogió pacientes y salimos, sin importar que estuviésemos en riesgo”.

En la Reserva de Meléndez, alrededor de 200 familias permanecen en carpas frente a edificios que consideran inseguros. Katherine Almeida, vocera de los vecinos, contó: “Cuando comenzó a temblar, muchos no sabíamos hacia dónde correr. Algunos bajaron a toda prisa por las escaleras, otros salieron con lo que alcanzaron a tomar y algunos apenas tuvieron tiempo de sacar a sus hijos”.

El director del Programa Mundial de Alimentos, Nils Grede, advirtió sobre la vulnerabilidad de las comunidades afectadas: “Esta catástrofe ha llegado a la población que estaba menos preparada y que tenía menos recursos y resiliencia para enfrentar una crisis de esta magnitud”.


Llegan donaciones internacionales mientras persisten las dificultades logísticas
La magnitud de la emergencia llevó a varios países y organismos internacionales a enviar ayuda. India anunció el envío de 20 toneladas de suministros para las tareas de recuperación. El canciller S. Jaishankar confirmó: “Se envió el primer lote de las 20 toneladas métricas de suministros de ayuda a Colombia para apoyar las labores de recuperación tras el terremoto”. México, Noruega, Suecia y China también comprometieron asistencia.

El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, anunció un plan para evaluar los daños y determinar qué edificios requieren demolición o mejoras. Para esa tarea, el Gobierno movilizará un “ejército de profesionales” junto con la UNGRD. El funcionario describió la situación con una frase contundente: “Nos dejaron la olla pelada. Estamos literalmente administrando las ollas raspadas”.

Las autoridades enfrentan además un desafío logístico en Chocó, donde numerosas comunidades permanecen aisladas por ríos y canales. El traslado de los cargamentos puede demorar horas, por lo que el Gobierno y las organizaciones humanitarias buscan coordinar la ayuda para garantizar agua, atención sanitaria y refugio.

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